«Cómo perder un país» de Ece Temelkuran
«Cómo perder un país», de Ece Temelkuran eplantea que no basta con denunciar el populismo; hay que construir una causa universalista capaz de devolver futuro, esperanza y sentido colectivo.
«Cómo perder un país», de Ece Temelkuran eplantea que no basta con denunciar el populismo; hay que construir una causa universalista capaz de devolver futuro, esperanza y sentido colectivo.
Está creciendo un nuevo catolicismo militante entre los jóvenes. No es mayoritario. Tampoco tiene que ver con la espiritualidad ni con las preocupaciones sociales. Parece más bien el producto de una generación violentada por el identitarismo e incapaz de encontrar causas y esperanzas comunes, que busca en un relato histórico convencional pero incierto cómo legitimar la exigencia de un trato preferente.
Vitalik Buterin, el creador de Ethereum, propone superar la lógica del mundo cripto y desarrollar «tecnologías santuario»: herramientas e infraestructuras libres para proteger lo comunitario y digital en una era de creciente renacionalización, control estatal y centralización tecnológica.
Acéptenlo, los jóvenes están enfadados -y con razón- porque quieren ser socialmente útiles y personalmente autónomos y no les dejan. Si facilitamos herramientas para conquistar el trabajo y la soberanía personal no se verán atraídos en masa a la ludopatía cripto ni la desesperanza; si tienen oportunidad de viajar como cooperantes a proyectos reales de infraestructuras básicas en las que puedan poner en utilidad lo que estudiaron -desde la FP básica a las ingenierías- plantarán cara a las racistadas cuando vuelvan; si les dan un lugar real en la protección civil, no un chaleco y una gorra para tenerlos de pasmarotes, preferirán poner el cuerpo a jugar a las tormentas tuiteras; y si pueden rehabilitar casas y llevar vidas mejores repoblando y recuperando el territorio, no acumularán odio en cada pago del alquiler madrileño, zaragozano o sevillano.
La imagen de los jóvenes que proyectan estudios y opinadores es culpabilizadora y sensacionalista. Proyecta los prejuicios de las generaciones anteriores y la estrechez de sus categorías más que las inquietudes declaradas de los supuestos sujetos de estudio. Menos mal que nos queda Harry Potter, ese milenial ya casi madurito, para arrojar un poco de luz sobre la Generación Z.
El campo religioso en EEUU ha evolucionado de formas un tanto terribles en estas décadas. Sin embargo hay aprendizajes ahí que nos hablan del papel de lo comunitario en cualquier experiencia asociativa, de las dificultades para sostener la esperanza en una sociedad atomizada y de la vuelta a la presencialidad.
El Washington Post entrevista a Neal Stephenson buscando pistas de un futuro «razonablemente optimista». Y el viejo maestro ciberpunk da un par de claves: vuelta del bit al átomo y del hackeo a los grandes proyectos de ingeniería.
La experiencia de la incorporación de IA al desarrollo de software nos devuelve a los temas planteados por Juan Urrutia hace veinte años.
¿Conectan nuestros mensajes con los valores, deseos y objetivos de los jóvenes que son la cantera del cooperativismo de trabajo de la próxima década? ¿Estamos dando una respuesta útil a sus miedos?
2024 marcó el fin de un ciclo ideológico, el del identitarismo. También el de un verdadero renacer de las cooperativas de trabajo en Europa. La ventana que se abre nos da una esperanza, que un segmento de la juventud se lance a la conquista del trabajo.
El crecimiento de la pasividad social desde finales de los ochenta ha sido una consecuencia de la devaluación del trabajo. La primera Internet comenzó a revertir la pasividad pero, redes sociales mediante, acabó multiplicándola hasta convertirla en el aire del mundo ultraindividualizado y solitario que ahora vivimos. Pero ¿Y si construir alternativas a las formas de comunicación mediadas por los pilares de la pasividad no fuera tan difícil como pensamos?
Diez años después del ascenso de Podemos en las europeas de 2014, es la ultraderecha quien capitanea la «revuelta contra las élites» sin abandonar la pasividad que ha sido el contradictorio articulador del descontento y la desafección durante esta década.
Lo que los estudios demoscópicos nos dicen sobre la consciencia social, la proliferación de liderazgos autoritarios y cómo trabajar para cambiar realmente las cosas.
La política «de la calle» repite una y otra vez lo que habitualmente reprocha a los políticos profesionales, es meramente reactiva y declarativa. Es hora de darse cuenta de que democracia no es sólo lo que coreas sino, sobre todo, lo que construyes. Y en ese frente, el único capaz a largo plazo de dar forma al curso de las cosas, siempre faltan manos. ¿Te unes?
Lo que nos dicen los estudios sociológicos y los sondeos sobre cómo se puede conectar con el ánimo social, impulsar acciones prácticas colectivas y empezar a cambiar el estado de cosas en 2024
Una de las cosas más interesantes de los últimos dos años en la red ha sido la evolución retórica de conspiranoicos y espiritualistas. Es todo un salto evolutivo desde la retórica cientifista -y no menos tramposa- del decrecimiento.
Decía Marx que Lutero había eliminado a los curas porque había colocado un cura en el corazón de cada persona. Las tendencias de las empresas anglo y el feminismo parecen repetir el patrón colocando ahora un gestor de personal y un entrenador de fitness en el corazón de cada móvil.
Qué ha quedado de ese supuesto «movimiento» para recuperar zonas rurales abandonadas con casas de bajo impacto ecológico.
El futuro es, para cada vez más gente, un lugar en inquietante penumbra.