Ni crecimiento ni decrecimiento, abundancia
El decrecimiento se presenta como una respuesta radical a la crisis ecológica, pero en realidad hereda las viejas obsesiones del malthusianismo: culpa, escasez, apocalipsis y resignación. De Paul Ehrlich al peak oil, del colapsismo a la prédica contra el consumo humano, el decrecimientismo cambia de argumento cada vez que fallan sus profecías, pero conserva intacto su núcleo religioso: la idea de que la humanidad debe expiar su existencia aceptando vivir con menos. Frente a esa moral de la renuncia, la alternativa no es defender el crecimiento capitalista, sino pensar una sociedad de abundancia, capaz de satisfacer universalmente las necesidades humanas dentro de una relación consciente con la Naturaleza.