Cooperativismo Radical
¿Qué es el «radical cooperativism» (literalmente «cooperativismo radical»)? ¿Qué aporta el debate estadounidense al futuro de las cooperativas?
Trabajo, tecnología y comunidad para una sociedad de abundancia
¿Qué es el «radical cooperativism» (literalmente «cooperativismo radical»)? ¿Qué aporta el debate estadounidense al futuro de las cooperativas?
Cuando buscas en Google «comunidad de trabajo» los resultados son verdaderos «click baits» que tratan de algo que llaman erróneamente «trabajo comunitario». Hablan del oficio de «trabajador social», las acciones de voluntarios de ONGs o las penas de trabajo en beneficio de la comunidad, pero nunca de qué es una «comunidad de trabajo» ni de en qué consiste el verdadero «trabajo comunitario», una institución tan universal y antigua como los propios comunales.
Hace 36 años «Islands in the Net», de Bruce Sterling, enunció por primera vez el sueño de un cooperativismo transnacional capaz de ofrecer a sus miembros una alternativa que encarara simultáneamente la erosión de la cohesión social que despuntaba entoces con Reagan y Thatcher y la fractura, que crecía sin parar desde la postguerra, entre las condiciones generales de vida y acceso a los recursos y el conocimiento en los países más capitalizados y el resto.
Tras recibir las primeras muestras de interés y disponibilidades de fechas, publicamos una propuesta abierta para discutir contenidos, temas y referencias con vistas a septiembre.
Fragilidad, miedo, sentimiento de pequeñez e inferioridad, victimismo, excepcionalismo permanente, renuncia a la comprensión del otro... todo lo peor que definía a cada identidad nacional frente a las demás, justificando un orden internacional en conflicto y barbarie eterna, se traslada inevitablemente a las identidades imaginadas creadas a su imagen y semejanza, produciendo un ambiente polarizado, particularista e invivible. Un modo de identificación con los propios y convivencia con los distintos basada, como la de los relatos nacionales, en la memoria y revitalización constante del agravio sobre la «propia» comunidad imaginada.
El principal obstáculo para transmitir la necesidad y bondad de comprometerse con otros para transformar la realidad es la idea de que sólo hay un buen modo de vida posible y que no pasa por lo comunitario ni lo colectivo. El Zeitgeist juega en contra y toda la producción cultural del sistema -de Netflix a los influencers- machaca y va a seguir machacando individualismo, desconfianza y pasividad en dosis letales. Sin embargo, hay una forma de alentar compromisos sociales que funciona entre la minoría que busca cómo rebelarse, dejar que la realidad que construimos hable por sí sola. No como una propuesta sino como una contemporaneidad alternativa.
La conquista del trabajo es la respuesta a una pregunta que las generaciones jóvenes no pueden hacerse porque han sido privadas de todo el contexto que podría llevarlas a plantearla. Es una desposesión en toda regla y con las peores consecuencias, porque sin preguntarse cómo conquistar el trabajo por sí mismos y sin plantearse soluciones colectivas sólo pueden convertirse en ranas en la olla cada vez más caliente de la exclusión y la soledad.
No tenemos reglas mágicas, pero si principios, compromisos y claves de organización que permiten vivir, convivir y disfrutar la vida y la producción colectiva en torno a los comunales cooperativos.