La tecnología ocupa un nuevo lugar en la literatura. Ya no sentimos vértigo ni asombro ante ella. Sólo desazón y ajenidad. Y sin embargo, una literatura de la abundancia que pase del ensayo a la ficción es más necesaria que nunca para reapropiarnos de lo digital.
«Cómo perder un país», de Ece Temelkuran, no es un ensayo sobre Turquía, Erdogan o el ascenso del autoritarismo. Es una advertencia sobre cómo los populismos convierten la descomposición social, la violencia digital y el vacío moral del neoliberalismo en una nueva identidad política excluyente: el «país real». A partir de la experiencia turca, Temelkuran analiza el avance de una forma contemporánea de fascismo que conquista el poder y redefine quién tiene derecho a formar parte de la comunidad. Frente a la impotencia progresista, el particularismo identitario y la política reducida a emociones, el libro plantea una idea central: no basta con denunciar el populismo; hay que construir una causa universalista capaz de devolver futuro, esperanza y sentido colectivo. 21
La tragedia real, cotidiana, es la de la propiedad privativa, no de los comunales. A día de hoy, en buena parte del interior de la península, la propiedad privativa es un agente de desertización industrial y natural. La única tragedia del comunal es su ausencia. 12
¿Cómo difundimos el espíritu comunitario y la idea de que lo que genera esa sensación de pertenencia que tantos ansían tanto no es sino el aporte a la comunidad o comunidades de las que son parte? ¿Cómo ponemos cuestiones como el trabajo, la amistad o la estabilidad de la pareja sistemáticamente devaluadas, en el centro de la conversación de nuevo? 12
En el mundo post-globalización abierto por el Brexit y el primer triunfo electoral de Trump las «reglas de conflicto» son mucho más explícitas y brutales. Sobrevivir en él implica desarrollar capacidades de resistencia y resiliencia de nuevo tipo. La guerra de Israel y EEUU contra Irán nos deja al menos media docena de lecciones válidas en ámbitos cotidianos que van más allá de la Geopolítica. 132
Por primera vez en mucho tiempo, un libro que intenta afirmar el universalismo agita al progresismo estadounidense. Es importante, sin superar el relativismo posmoderno no se podrán superar las consecuencias del identitarismo y los principios que socavan los servicios universales básicos. Sin embargo, la fundamentación de Boehm parte de una marcha atrás hacia el idealismo filosófico segando la capacidad de su propuesta para afirmar un futuro realmente humano para todos. 444
Los primeros resultados de una cartografía experimental del Fediverso nos llevan a preguntarnos si son todavía viables espacios conversacionales abiertos definidos sobre valores comunitarios y cooperativos universalistas o lo que toca es sumergirse en un «bosque oscuro» e incubar desde la segregación un pensamiento para «tiempos mejores». 1811
Está creciendo un nuevo catolicismo militante entre los jóvenes. No es mayoritario. Tampoco tiene que ver con la espiritualidad ni con las preocupaciones sociales. Parece más bien el producto de una generación violentada por el identitarismo e incapaz de encontrar causas y esperanzas comunes, que busca en un relato histórico convencional pero incierto cómo legitimar la exigencia de un trato preferente. 111
Durante un breve instante, la web distribuida permitió lo que Habermas había imaginado: una esfera pública donde la sociedad construía su propia agenda desde abajo. Exploramos cómo la centralización de la web y los algoritmos de las redes sociales destruyeron esa posibilidad, sustituyendo la deliberación por adicción, conflicto y control, y por qué la web distribuida sigue siendo la única salida real. Eso sí, no basta con descentralizar la infraestructura, se trata de descentralizar la conversación, que no es lo mismo. 12