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Eras tú, somos nosotros

La gran batalla ideológica de esta época no puede quedar limitada entre el trumpismo y la democracia cristiana. Aunque el terreno creado por la última encíclica papal nos permita reconocernos en muchas cosas, lo que corresponde a este momento histórico crítico, de crisis de civilización y amenaza de guerra permanente que vivimos es otra cosa. Y sabemos a estas alturas sus pilares.

Eras tú, somos nosotros
Contenido

El momento histórico e ideológico

Esteban Hernández retrataba en dos párrafos el momento histórico e ideológico actual:

Las izquierdas se han olvidado de los universales. Se han impregnado de ese mal de la época neoliberal, que entendía la política como una competición entre grupos de interés. Cada uno de ellos reclamaba al Estado unas condiciones o unos beneficios formulados en términos excluyentes. Se entiende fácil hoy: en un contexto de escasez, los recursos que se destinen a Cataluña no irán a Extremadura y viceversa. Las reclamaciones universales, las que interpelaban al conjunto de la sociedad, van desapareciendo. Y cuando toman el centro de la escena política, lo hacen solo como advertencia respecto de un futuro negro: que viene la extrema derecha.

Ha habido dos fuerzas sociales que han salido de esa trampa, ya que entendieron que los tiempos eran otros. El Partido Republicano estadounidense, en la campaña que llevó a Trump al poder, comprendió que la política no era un simple reparto de lo existente, sino que tenía que ver con la activación de cambios significativos, y que esto solo era posible mediante ideas y lemas que apelaran a la mayoría de la sociedad por encima de los grupos de interés. No se puede negar que, en la campaña, funcionó. La otra fuerza es la Iglesia católica, que nunca ha dejado de entender el peso de los universales, como demuestra en la encíclica Magnifica Humanitas. Y lo hace desde la firmeza: cuando se alude a conceptos fuertes, hay elementos que no son negociables; si se reivindica la dignidad de lo humano, no se pueden dar pasos atrás. Quizá por ello las derechas trumpistas y la iglesia católica sean las dos fuerzas más influyentes de la actualidad, las que están llevando a cabo la gran pelea ideológica de esta época. Las demás parecen conformes con dar satisfacción a sus nichos.

Lleva razón. El actual Papa mandó ya un mensaje con la elección de su nombre. Al elegir ser la continuidad directa de Leon XIII, afirmaba que la Iglesia debe volver a los orígenes de la Doctrina Social, darle fuste, reafirmar sus principios, su moral profunda y divorciarse de una vez de aquel matrimonio contra natura con el thatcherismo que ha arrasado su base social y su seguridad moral extendiendo la pasividad, la atomización y el relativismo identitario.

El resultado es Magnifica Humanitas un documento que, con sutiles cambios de acento y afirmaciones de valores no negociables:

  1. Reafirma la centralidad del trabajo como perspectiva antropológica del crecimiento personal y el desarrollo humano.
  2. Reafirma la moral relacional que rechaza toda instrumentación de lo humano y de los humanos para afirmar el principio universal de que cada persona ha de ser tratada como un fin en sí mismo.
  3. Retoma la vuelta a lo comunitario y a la responsabilidad colectiva sobre el bienestar y dignidad de cada uno. Y así, entre citas de Hanna Arendt, Viktor Frankel y hasta de Tolkien, reabre la necesidad de reconstruir el tejido social desde abajo dándole un encaje institucional al estilo de Etzioni.
  4. Deja atrás definitivamente tanto el modelo de acción social caritativa como el asistencial para poner el acento en el rediseño de las estructuras de poder, tanto las institucionales como las económicas y tecnológicas.

Magnifica Humanitas materializa la predicción que hacíamos hace a principios de este año sobre la evolución de la cultura conservadora:

La clave es que este conservadurismo social vive en una paradoja sangrante: sus valores se han desintegrado en el camino que marcaron las instituciones en las que confiaba (mercado, empresas de prestigio, escuelas de negocio...). Ahora no puede ver en ellas y en el modelo de éxito que le vendieron más que al criminal que hizo perder el estado de gracia a una sociedad que fue mucho más cohesionada, estable y optimista.

Por eso quiere volver y por eso vuelve a todo lo que le evoca lo comunitario: las novelas policíacas clásicas y los libros de Historia, la parroquia y la casa en el campo, las terceras y las artesanías. Pero en la Historia no hay vueltas atrás a demanda. Y si las hay son paradójicas. (...) [La] expresión de un rechazo al neoliberalismo muscular de los que pretenden importar a Milei y Musk, puede convertirse en el panorama cultural de hoy, en una circunvalación necesaria en el camino de vuelta a la esperanza.

Con el espacio social arrasado y generaciones enteras configuradas en la pasividad, leer Magnifica Humanitas es entusiasmante: es un texto abiertamente universalista que se desarrolla sistemática y coherentemente desde la ontología al programa político pasando por la afirmación de una moral y de unos principios de reconstrucción y rearticulación social.

Es una buena señal de época, pero eso sí, no aligera ni un ápice nuestra responsabilidad. Lo que está intentando volver a poner sobre sus pies León XIV es la vieja democracia cristiana, esta vez sin un socialismo al alza agrupando a millones de trabajadores como el que enfrentaron los sindicatos y cooperativas amarillas (por el color de la bandera vaticana) en la época de León XIII. Lo que toca, de verdad, es algo nuevo.

La cosa nueva

He aquí que yo hago cosa nueva: presto saldrá á luz: ¿no la sabréis? Otra vez pondré camino en el desierto, y ríos en la soledad.

Ni trumpismo a lo JD Vance, ni democracia cristiana siguiendo el modelo de Magnifica Humanitas. Lo que corresponde a este momento histórico crítico, de crisis de civilización y amenaza de guerra permanente que vivimos es otra cosa. Y sabemos a estas alturas sus pilares. Como en los de toda afirmación seria, como en esta última enciclica papal, son una ontología, una teleología, una moral y una práctica.

Ontología: El trabajo

La centralidad del trabajo no es una consecuencia, es una ontología alternativa y tangible a las verdades reveladas. El trabajo crea el mundo material que permitiría satisfacer las necesidades colectivas y de cada uno, genera el conocimiento que nos permite evolucionar como especie y nos da forma como comunidad y como personas. Las distintas manifestaciones del trabajo social están hoy en el centro del problema de nuestra civilización... y sólo pueden ser el origen de la respuesta.

Teleología: Abundancia

El trabajo, ese punto de partida tan original que es lo que diferencia evolutivamente a las especies humanas de los simios, es en sí un proceso de transformación tanto de la propia especie como del medio que la rodea. Mediado por las formas sociales en las que se organiza en cada momento, lo que en principio es una respuesta directa a la necesidad, en el curso de la vida de la especie se convertirá en el anhelo de satisfacer universalmente las necesidades humanas (=abundancia), lo que al mismo tiempo transforma a los humanos en Humanidad, haciéndonos cada vez más conscientes del metabolismo común entre sociedad y Naturaleza.

Moral: Universalismo

Igual que la Humanidad es un proceso en realización, la moral universalista está también «en realización» permanente. Un hecho, una acción es universalmente moral hoy en la medida en que refleja en el presente ese futuro de abundancia / libertad por el que colectiva -aunque no siempre conscientemente- batallamos como especie. De hecho, una acción es moral en la medida en que acerque ese futuro existente ya como punto de fuga, trayendo al presente un pedazo de ese futuro posible, necesario para que la Humanidad llegue a tener una existencia real y plena. Pero necesario no significa irremediable. El hecho de que no aceptemos una teleología fatalista o un destino es precisamente lo que pone en el centro la voluntad humana.

Y de hecho, es en esta dialéctica del futuro y sólo en ella, donde la moral puede entrelazarse con la voluntad y la consciencia real de los humanos reales existentes en cada momento. El desarrollo moral en cada momento depende no de la aceptación por los vivos de una verdad absoluta preexistente, sino de la capacidad -limitada por la organización social- para aprender, desarrollar conocimiento, transformarse y transformar la organización social en la que se desarrollan.

En ese marco, el progreso moral es el resultado de la acción concreta y cotidiana de transformación de la realidad natural y social por los humanos (trabajo social) y al mismo tiempo un proceso histórico evolutivo jaspeado de cambios políticos, revoluciones tecnológicas y grandes reorganizaciones sociales. Solo en ese movimiento histórico no fatalista, explicable por sí mismo, la Humanidad -y cada uno de sus miembros- pasa progresivamente a ser un fin para la especie humana y la moral universalista dará forma a la vida social de la especie.

Práctica: Desarrollo comunitario, desarrollo humano

La acción colectiva resultante de una construcción así, se ve obligada a medir continuamente su capacidad para hacer comunidad (de iguales) al tiempo que avanza las capacidades para satisfacer las necesidades materiales de todos en una relación con el medio y las personas no depredadora ni extractiva. Tiene que medirse en ejemplos y acciones concretas y asegurar la sostenibilidad de lo construido. Debe cambiar la relación campo ciudad en la práctica y liberar la tecnología para ponerla al servicio directo de las necesidades de las personas.

Lo que falta: que tú te unas al nosotros

Para poder desarrollar la cosa nueva, ante todo, debemos transformar la pasividad y la atomización social en tejido y acción colectiva, y para ello afirmar sin medias tintas que nadie, ni persona ni estructura, puede tomar la responsabilidad por cada uno de nosotros y exonerarnos de aportar, hacer y construir desde una moral del aporte que trate a cada uno como un fin y no como una herramienta al servicio de nada.

¿Te preguntabas por qué no surge algo que construya una alternativa de una vez? Ya ha surgido, eres tu y somos todos los que, en distintos lugares y desde distintas perspectivas intentamos que sea realidad. Lo que falta es que te des cuenta de que no tienes que esperar más, sino unirte o crear alguno de esos nosotros en marcha y te subas las mangas para empezar a trabajar.

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