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Agatha Christie contra el neoliberalismo

La vuelta de Agatha Christie y el éxito de argumentos al estilo de la novela clásica de detectives inglesa, revela mucho más que la hartera de series «woke» y dramones épicos. Es la expresión de la vuelta de un conservadurismo social que despierta para contarnos que el neoliberalismo fue también su pesadilla.

Agatha Christie contra el neoliberalismo
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¿Por qué vuelve Agatha Christie?

El primer gran lanzamiento en plataformas del año es Seven Dials en Netflix, sigue a la tercera entrega de la serie de películas Agatha Style abierta por Knives Out. Ambas son la respuesta de la industria audiovisual a la aparición de todo un género de novelas de homenaje excelentemente documentadas como las de Teresa Ortiz-Tagle y Javier Cosnava, y el boom de los clubs de lectura de cozy crime. Agatha Christie vuelve. Y vuelve no sólo el hartazgo que produce ya el wokismo audiovisual, tampoco porque la crítica consciente de los valores identitaristas haya calado demasiado, es que, aunque parezca extraño Agatha Christie conecta con una necesidad social global del aquí y del ahora.

¿Qué nos cuentan las novelas de Agatha Christie?

W.H. Auden en un conocido ensayo sobre la novela policíaca inglesa, describe muy bien el molde de las novelas de Agatha Christie:

Debe parecer una sociedad inocente en estado de gracia, es decir , una sociedad donde no hay necesidad de la ley, ni contradicción entre el individuo estético y el universal ético, y donde el asesinato, por lo tanto, es el acto inaudito que precipita una crisis (pues revela que algún miembro ha caído y ya no está en estado de gracia). La ley se hace realidad y, por un tiempo, todos deben vivir a su sombra, hasta que se identifique al caído. Con su arresto, se restaura la inocencia y la ley desaparece para siempre.

Si releemos una tras otra las novelas policíacas de Agatha Christie o volvemos a ver la excelente serie Poirot que desde 1989 hasta 2013 produjo la itv, no podemos sino estar de acuerdo. La arquitectura argumental de la autora inglesa parte de un mundo ordenado; un precioso pueblo inglés, una expedición arqueológica, un tren, una mansión familiar o un hotel vacacional. Pero este orden tranquilo, reminiscente de la comunidad, se rompe por pasiones incontroladas, normalmente la avaricia despertada por la angustia de un cambio en un testamento.

A partir de ahí todo se lía y se hace incompresible a sus protagonistas hasta que la meticulosidad y capacidad de observación del detective permite reconstruir las fracturas invisibles, hace emerger la verdad oculta y recompone el orden dejando que la policía y los tribunales hagan su trabajo quirúrgico devolviendo la sociedad a una dulce y ordenada acracia.

El mensaje es al tiempo optimista y conservador: el orden es frágil y siempre hay fuerzas que brotan de la oscuridad íntima de alguien tratando de subvertirlo, pero puede ser restaurado y con él el bienestar de la comunidad, mediante la inteligencia y la verdad. No hay idea de progreso, es cierto, hay retorno, regreso a un paraíso perdido que nunca se debió abandonar.

¿Por qué vuelve Agatha Christie?

Comparemos este optimismo conservador con el pesimismo antropológico thatcherita para el que la sociedad no existe y la avaricia es la base del progreso. Un orden caótico en el que la única protección es la familia bunker, la microcomunidad consanguinea atrincherada en el chalet adosado o el apartamento con piscina comunitaria. Un proyecto de supervivencia que se enfrenta necesariamente a un mundo que no comprende y del que desconfía. El tipo de mundo que para Auden describía el entorno del thriller.

Una sociedad abierta en la que cualquier extraño puede ser un amigo o un enemigo disfrazado.

No, ya no hay hambre de thriller. Resulta demasiado angustiante y cercano a la realidad cotidiana. Hay demanda de Whodunit porque una sociedad desesperanzada y temerosa del futuro sólo es capaz de una utopía de retorno a un mundo estático anterior.

Agatha Christie vuelve porque crea un imaginario desde el que una parte de la sociedad puede reinventar un conservadurismo que se suicidó en los 90 tras su matrimonio contra natura con el neoliberalismo thatcherita. La clave es que este conservadurismo social vive en una paradoja sangrante: sus valores se han desintegrado en el camino que marcaron las instituciones en las que confiaba (mercado, empresas de prestigio, escuelas de negocio...). Ahora no puede ver en ellas y en el modelo de éxito que le vendieron más que al criminal que hizo perder el estado de gracia a una sociedad que ahora recuerda mucho más cohesionada, estable y optimista.

Más allá de la paradoja conservadora

Por eso quiere volver y por eso vuelve a todo lo que le evoca lo comunitario: las novelas policíacas clásicas y los libros de Historia, la parroquia y la casa en el campo, las terceras y las artesanías. Pero en la Historia no hay vueltas atrás a demanda. Y si las hay son paradójicas. Cuando en el siglo XVI los aristócratas que formaron la Camerata Florentina se propusieron recuperar el teatro griego clásico, acabaron inventando la ópera... que se convertiría en el vehículo y la expresión de la burguesía revolucionaria.

El conservadurismo que late bajo la vuelta de la novela policiaca estilo clásico inglés es la primera expresión de un rechazo al neoliberalismo muscular de los que pretenden importar a Milei y Musk, y puede convertirse en el panorama cultural de hoy, en una circunvalación necesaria en el camino de vuelta a la esperanza.

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«La paradoja conservadora en Maximalismo, 29/12/2023