¿Qué es la abundancia?
¿Qué es la abundancia y por qué puede convertirse en el horizonte económico y moral de nuestro tiempo? En este artículo explicamos qué significa vivir en una economía de la abundancia, cuándo un bien deja de ser escaso gracias a la caída de su coste marginal y cómo la tecnología, la organización del trabajo y las reglas del juego pueden acercarnos —o alejarnos— de una sociedad donde las necesidades se satisfacen sin depender del mercado. Del software libre a la IA, de la productividad física a la desmercantilización, exploramos las bases materiales y culturales de un mundo donde la abundancia no es una utopía, sino una posibilidad histórica concreta.
¿Qué es la abundancia?
¿Cuándo pasa un bien a ser abundante?
Se dice que hay abundancia de un bien cuando se puede producir en cantidad suficiente para satisfacer las necesidades de todos y cada uno a precio cero o muy cercano a cero. El software libre es abundante, la obra digitalizada de todos los autores muertos hace más de un siglo y buena parte de los contenidos publicados en la web es abundante, etc.
Esto no significa que el coste total o incluso el coste medio de producir algo sea cero. La abundancia no requiere que los costes totales, ni siquiera los costes medios, sean nulos, sino que los costes marginales sean muy pequeños.
Ésto quiere decir que aunque la inversión necesaria para producir un bien en abundancia haya sido alta, a partir del momento en que el coste de producir una unidad de producto más sea muy pequeña, tiende a desmercantilizarse, es decir, deja de producirse y distribuirse para ser vendido y queda al acceso de todos.
Para saber más
Haz el itinerario «Juan Urrutia y la Economía de la Abundancia».
¿Qué cosas nos acercan o nos alejan de la abundancia?
1. El conocimiento y la tecnología que produce
Lo que más incide en los costes marginales es la tecnología. Mejores tecnologías hacen un uso más eficiente de los recursos (por ejemplo, el riego por goteo) y en especial del más importante de ellos, el que aportan las personas, el trabajo.
Así que, en general, podemos medir la cercanía tecnológica a la abundancia por el número de horas de trabajo humano que hacen falta para producir y distribuir un bien. Esa medida se llama productividad física. Cuanto mayor es la productividad física que una producción consigue alcanzar más cerca estaremos de la abundancia.
2. La organización del trabajo
A veces el cambio tecnológico que aumenta la productividad de los recursos no consiste en hacer mejor el mismo proceso, consumiendo menos horas de trabajo, por ejemplo incorporando una máquina que hace lo que antes hacíamos nosotros. A veces se trata de hacer las cosas de manera distinta.
Por ejemplo, en el siglo XVIII el paso del artesano, que hacía todos los procesos necesarios para producir un bien, a la manufactura, en la que distintos artesanos hacían, en un mismo taller, cada uno una parte, aumentó la cantidad que se podía producir por hora de trabajo, preparando el camino a la revolución industrial.
Y antes de Internet y de la aparición de grandes redes distribuidas de comunicación, era inimaginable un amplio acceso gratuito a la información, los bienes culturales, el software y el conocimiento, simplemente porque no se podía imaginar hacer copias de la información sin producir más y más soportes físicos (libros, manuales, discos, etc.).
3. Las reglas del juego
Por muy cercana a la abundancia que sea ya la producción de algunos bienes, si legalmente se establecen monopolios y restricciones para favorecer a ciertas industrias, la abundancia se alejará.
Ocurre con la producción de medicamentos básicos gracias a una particular forma de monopolio llamada propiedad intelectual. Por ejemplo, mientras producir un vial de insulina cuesta cerca de 3 dólares, contando beneficios cercanos a la media para el fabricante, en Estados Unidos el vial se vende por cerca de 300 dólares.
Un ejemplo de mercados regulados y organizados para asegurar beneficios extraordinarios a las empresas en vez de los precios mínimos a los consumidores es el de la electricidad. El (mal) llamado mercado marginalista hace que todas las energías que se aportan a la producción en una franja horaria dada se paguen al precio de la más cara necesaria para satisfacer el conjunto de la demanda. Como resultado, el incentivo no mueve a las 5 empresas que controlan el 90% del mercado a desarrollar un sistema eléctrico que tienda a la gratuidad, sino a seguir siempre dependiendo, siquiera un poquito, de energías que suban la facturación final. Los resultados récord publicados esta semana de empresas como Iberdrola o Endesa hablan por sí solos.
4. El equilibrio entre escala y alcance
En el siglo XIX y hasta mediados del siglo XX se consideraba el aumento de la escala de producción un elemento imprescindible para acercarnos a la abundancia. Sin embargo, a mediados del siglo XX, con las empresas multinacionales se hace evidente que existe un punto de criticidad a partir del cual las mejoras de productividad física por producir más y dividir más el trabajo se ven compensadas por las ineficiencias propias de una organización demasiado grande.
Es cierto que la introducción de las tecnologías de información y comunicación (TIC) en las empresas desde los años 80 salvaron en algunos casos las crisis de escala. Pero para lo que sirvieron realmente estas tecnologías a nivel industrial fue, y esa ha sido la causa de una parte importante del éxito chino, para cambiar escala por alcance. Es decir ganar la posibilidad de producir más cosas diferentes, no más cantidad, con cambios mínimos en cadenas productivas de elementos variables o en la forma y objetivos de las herramientas. Lo vemos en las cadenas industriales de los coches eléctricos chinos e incluso en el diseño de las nuevas generaciones de chips, pero también en la forma en que China está encarando la carrera de la IA.
El desarrollo del alcance va parejo a la producción en red y el desarrollo de formas de producción distribuidas que hemos visto aparecer ligadas al conocimiento y el hardware libre.
Para saber más
Lee la entrada «La era de las Economías de alcance».
Sociedades de abundancia

Qué es una sociedad de abundancia
Una sociedad de abundancia es aquella en la que las necesidades de sus miembros se satisfacen de forma completa y directa. En una sociedad de abundancia la mayor parte de las cosas, o al menos, aquellas necesarias de forma directa para sus miembros no son mercancía, es decir, no se producen y distribuyen para ser vendidas sino para satisfacer las necesidades de las personas.
¿En una sociedad de abundancia no hace falta trabajar?
No. Claro que el trabajo sigue existiendo, no vamos a dejar de transformar y aprender, es sólo que el trabajo se organizará de diferente manera. Para empezar, una sociedad de abundancia tendrá automatizada la mayor parte de la producción de bienes.
Keynes imaginaba que en una sociedad así el trabajo productivo se repartiría como un bien escaso y que las personas solicitarían poder hacerlo gratuitamente sólo para poder sentirse útiles y vivos. Hoy, la experiencia de lnternet, el software libre y, especialmente, de la IA, nos aportan una perspectiva complementaria.
- En el software libre tenemos a miles de personas colaborando y aportando voluntariamente, generando un comunal universal a partir de la búsqueda de soluciones a sus necesidades particulares.
- La IA recoge todo ese trabajo y ese conocimiento y lo socializa bajo la forma de una herramienta de uso general. No es que la IA programe es que utiliza el software libre y abierto que forma ya un comunal universal, para desarrollar nuevos programas a medida de lo que las personas le piden.
¿Qué está ocurriendo? La gente sigue trabajando, pero no necesariamente a cambio de un salario, y utiliza una herramienta, la IA, cuya función es socializar el resultado del trabajo anterior para crear nuevas herramientas que a su vez se unirán al comunal.
Hay además otros ámbitos menos espectaculares en los que aparecen otras formas de trabajo y organización del trabajo, complementarias.
En no demasiado tiempo huertos y cultivos podrán estar casi completamente automatizados y producir además de forma circular y sostenible, produciendo alimentos para todos sin necesidad de venderlos. Sin embargo, cosas como la atención domiciliaria o la hostelería, donde hoy se paga por la atención directa de unas personas a otras tienen difícil automatización -dejemos los robots antropomórficos aparte de momento. En estos casos vemos aparecer un nuevo tipo de instituciones basadas en el trabajo comunal, formas deudoras de la andecha o el auzolan de toda la vida. Por ejemplo, las comunidades de cuidados, las migas, las sociedades gastronómicas de las ciudades o los bares comunitarios de muchos pueblos en repoblación. Es muy probable que en una sociedad de abundancia una evolución de este tipo de instituciones basadas en la cooperación voluntaria sustituyan áreas enteras de trabajo asalariado en el sector servicios. Una vida abundante será también una vida más comunitaria.
¿Es posible la abundancia a escalas pequeñas?
Como vemos, la abundancia depende sobre todo de un nivel de desarrollo tecnológico que sólo existe y puede desarrollarse a escala global. Eso no quiere decir que tenga que hacerlo bajo las formas actuales, al menos no exclusivamente.
Por ejemplo, la aparición de tecnologías para la producción física distribuida durante la década pasada dio pie a comunidades de desarrollo al modo del software libre. En primer lugar de hardware y ordenadores para computación distribuida, impresoras 3D y sus productos, pero luego de todo tipo de máquinas de uso cotidiano, desde tractores a retroexcavadoras. Los avances fueron tangibles y reales, demostrando que la producción socializada a través de comunales universales produce resultados socialmente útiles donde la propiedad intelectual y los monopolios sólo producen escasez, como se siguió viendo hasta ahora en campos tan delicados como el hardware médico. Es cierto que estas experiencias se vieron constreñidas por las reglas del juego general, la centralización creciente de la red -que acabó en la IA- y la reorientación de la investigación aplicada hacia el militarismo. Pero eso no tiene por qué ser así en una sociedad que decida avanzar hacia la abundancia como su objetivo.
Del mismo modo, estructuras cooperativas en algunos sectores apuntan a la desmercantilización de la provisión de algunos bienes a nivel local. Desde el acceso a telefonía e Internet por Wimax -que encaró desde el principio el bloqueo de los reguladores- a algunas comunidades energéticas locales y la electricidad pasando por instituciones comunitarias tradicionales, nos dan un adelanto de cómo se puede reorganizar la sociedad para acercarse a la abundancia.
Es decir se pueden vislumbrar y disfrutar ya elementos y ensayos de la forma en que produciremos en abundancia en entornos comunitarios que forman parte de redes globales (conocimiento libre) o local (formas cooperativas).
¿En una sociedad de abundancia desaparece el conflicto social?
En una sociedad de abundancia desaparecen los conflictos generados por la escasez, que a su vez son la matriz de la que nacen buena parte de los conflictos generados por la discriminación de unas personas por otras.
Eso no quiere decir que una sociedad de abundancia pase a ser una mente colmena, más bien lo contrario. La abundancia hace a las sociedades más diversas y vivas, lo que a su vez generará otro tipo de conflictos, seguramente menos dramáticos en la medida en que la supervivencia y las necesidades de cada uno se verán cubiertas.
¿Por qué cuesta tanto a la mayoría de las personas ver la posibilidad de la abundancia?
La Historia de la Humanidad ha sido la Historia de la lucha de nuestra especie contra la escasez. La abundancia es el objetivo que de formas a veces conscientes, a veces inconsciente, ha transformado la forma en que se producía socialmente y, tras las crisis que inevitablemente producía cada aumento de la capacidad de producción y transformación, la forma en que se organizaba la sociedad entera: sus reglas, instituciones y valores.
Sin embargo, al mismo tiempo, todas las culturas debieron lidiar con el hecho material de la escasez de modo que no les desestabilizara permanentemente. Como además, desde la aparición de clases sociales, la escasez no ha estado nunca repartida de forma igualitaria en la sociedad, los beneficiarios de las asimetrías de riqueza y poder, los más influyentes en los valores y cultura de cada época y lugar, han tenido siempre muy claro que si el resto de la sociedad no aceptaba la escasez, muchas veces extrema, su propio presente se vería en cuestión.
El resultado es que durante cientos de generaciones hemos sido educados para aceptar la escasez como algo inevitable, resultado de una Naturaleza Humana supuestamente insaciable y una Naturaleza de recursos pretendidamente escasos y limitados. Una cosa y otra son el tipo más peligroso posible de mentira, la que se origina para justificar lo injustificable, pero que tiene la brizna de verdad suficiente como para mantener la pasividad de los que no acaban de creérsela pero tampoco saben cómo acabar de refutarla.
La realidad:
- Aunque evolucionen, las necesidades humanas son limitadas por mucho que el actual sistema las exacerbe como forma de hacer del consumo compulsivo una forma compensación psicológica de sus muchas inhumanidades cotidianas.
- Los recursos naturales están lejos de agotarse y en todo caso, el camino a la abundancia es precisamente el camino en el que descubrimos usos más eficientes y recursos alternativos, reduciendo siempre los recursos empleados. En el límite una sociedad futura de abundancia muy desarrollada -la nieta de la que podemos construir ahora- podrá producir todo a nivel atómico con energías renovables sin alterar ecosistemas ni el repositorio natural de minerales y recursos. Mientras, lo que toca es avanzar hacia allí, no renunciar a la transformación del medio que es la forma en que se desarrolla el conocimiento y la ciencia que nos han de permitir lograrlo.
¿Por qué el objetivo y la esperanza de la abundancia nos hacen mejores?
Nunca hemos estado tan cerca materialmente, en términos de productividad física, de una sociedad de abundancia. Y sin embargo, en la medida que ese objetivo no es socialmente consciente, tampoco hemos estado más lejos. Vemos cada día como el desarrollo económico y el desarrollo humano son cada vez más contradictorios y divergentes, como estamos en una verdadera crisis de civilización. Sólo la perspectiva de la abundancia puede cambiar eso. Necesitamos creer en la abundancia, ver las posibilidades reales de nuestra época, para conducirla a un lugar donde haya más abundancia para todos, no más escasez para la mayoría.
Además, la moral de cada época es siempre un adelanto del futuro por el que luchamos en el presente:
La moral es el modo de hacer en el que una sociedad, una comunidad o un grupo social expresan en sus relaciones internas y externas y en el modo de concebirlas, la visión del futuro que persiguen y al que se abocan.
La moral trae al presente de las relaciones interpersonales, comunitarias y sociales, el futuro que cada grupo, comunidad o sociedad portan. Por eso la pulsión moral de cualquier grupo humano es adaptar su comportamiento actual para hacerlo coherente con la visión del mundo que realmente defiende.
Es decir, una moral de abundancia es una moral que, desde las acciones y modos de hacer colectivos, produce un modo de vivir que tiene como guía el aporte propio a la satisfacción de las necesidades de los demás, del medio social y del entorno natural. No es la escasez del bien para el mayor número, ni la mezquindad de priorizar a los más valiosos, es la abundancia del para todos. Sólo desde una moral que parte de la abundancia como gran objetivo de nuestra especie y de nuestros esfuerzos, podemos ser realmente universalistas. Y lo que es más importante: útiles a nuestra comunidad y al mundo.