Abundantistas
Un recorrido por los principales autores abundantistas actuales para entender si la crítica y el reenfoque de la tecnología —digitalización, IA y energías renovables— y sus potencialidades para transformar el sistema económico y sus resultados pueden convertir a la esperanza de una abundancia posible en el gran proyecto global del siglo XXI.
La abundancia será también el sueño del siglo XXI
La idea de que la humanidad puede superar la escasez no es nueva. Desde los antiguos mitos de la Edad de Oro comunal la perspectiva de una sociedad capaz de satisfacer las necesidades de todos y cada uno y garantizar el desarrollo humano ha movilizado las mejores energías rebeldes de cada época dejando un rastro subversivo. Desde el pórtico de Enoanda a Alfred Adler, desde las comunidades hutteritas a las icarianas, desde la visión revolucionaria de la desmercantilización de Marx a la evolucionista del Keynes de Economic Possibilities for our Grandchildren, la abundancia se define como la meta histórica a partir de la que la Humanidad podrá vivir como comunidad, descubrir la libertad en su sentido más profundo y reconciliarse consigo misma y con la Naturaleza de la que es parte.
En lo que llevamos de siglo XXI el abundantismo ha reaparecido con fuerza: la digitalización, la automatización, la inteligencia artificial, la energía renovable y la biotecnología estarían creando las condiciones materiales para una transición desde un sistema basado en la escasez hacia otro basado en la abundancia. Entre los autores que han formulado esta tesis —desde perspectivas ideológicas muy diferentes— destacaremos cinco: Juan Urrutia Elejalde, Paul Mason, Aaron Bastani, Yanis Varoufakis y Ezra Klein.
Cinco abundantistas
Juan Urrutia y la «Economía de la abundancia»

Juan Urrutia fue el primer autor en lengua española en pensar la abundancia a partir de la revolución digital. Sus conceptos de economía de la abundancia, comunidad identitaria y Economía desmercada anticiparon muchos debates posteriores sobre bienes informacionales, topología de redes y desaparición de los precios como mecanismo central de coordinación.
El trabajo de Juan Urrutia es el primer pilar de un puente entre el momento de gloria de la Economía Neoclásica -Arrow, los teoremas de la Economía del bienestar y el modelo neoclásico del equilibrio general- y un futuro modelo de análisis económico construido sobre nuevas bases. De manera impecablemente neoclásica, a partir de su teoría la individuación y la evolución de identidades, introduce las comunidades identitarias como espacios económicos diferenciados. Los caracterizará no sólo por tener menores costes de transacción, sino por producir -gracias a los efectos red- una situación inédita de competencia perfecta, algo que en un entorno de costes marginales nulos o casi nulos, significa abundancia.
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Paul Mason y el «postcapitalismo»

En Postcapitalismo (2015), Paul Mason caracteriza el cambio de nuestra época como el paso a un mundo en el que la información es abundante, y todo es, incluyendo los objetos físicos cotidianos, cada vez en mayor medida, información. Este paso desde la escasez hacia la abundancia es una novedad en la historia de la Humanidad, pero también lo es para la teoría económica que debe enfrentar el reto de elaborar una teoría de la desaparición del mecanismo de fijación de precios.
Mason afirma que el capitalismo tiene dificultades estructurales para capturar valor en bienes informacionales porque son reproducibles a coste marginal cero y por tanto debilitan el mecanismo de precios. Atento a la aparición de esferas de producción desmercantilizada cree que el futuro estaría despuntando en los nuevos comunales digitales y las comunidades de desarrollo de software libre. A partir de ahí, como Urrutia, piensa que en la medida en que la producción se funda con la información y el conocimiento socializado por la misma tecnología, la tendencia a la abundancia se expandirá por el aparato productivo.
Pero no es inocente. Del mismo modo que denuncia la captura de rentas por el sector financiero, se da cuenta, como Urrutia, de que los monopolios legales o de mercado y mecanismos como la propiedad intelectual sirven para capturar rentas a base de producir escasez artificialmente. Así que propone un programa reformista triple cero: Energía cero emisiones, bienes y servicios a coste marginal cero y reducción progresiva del tiempo de trabajo hacia cero. En la práctica, entre otras cosas eso significa: Expandir el trabajo colaborativo, suprimir o socializar los monopolios, erosionar al máximo la propiedad intelectual, nacionalizar el banco central, sustituir grandes bancos por cajas de ahorro locales, instaurar una renta universal y, en general, procurar niveles de prosperidad material y bienestar a base de priorizar el uso de tecnologías ricas en contenido informacional.
El Norte: Orientar la tecnología hacia la reducción de trabajo necesario, con el objetivo de fomentar una transición hacia una economía automatizada. En último término, el trabajo se convertirá en voluntario, los bienes básicos y servicios públicos serán gratuitos, y la gestión económica girará fundamentalmente en torno a la energía y los recursos y no al capital y la mano de obra.
Aaron Bastani y el «Fully Automated Luxury Communism»

En Comunismo de lujo totalmente automatizado (2019), Bastani formula la versión más mediática del abundantismo de la década pasada. Reinterpreta a Marx como teórico del desarrollo tecnológico y afirma que el capitalismo superó cualquier alternativa revolucionaria pero ha desarrollado ya fuerzas productivas que hacen posible disponer de energía renovable casi gratuita, encarar una automatización masiva, disfrutar de biotecnología avanzada y explorar el espacio. El comunismo en abundancia sería el resultado de la evolución -guiada desde el estado- del sistema.
Bastani, el menos riguroso de todos los autores que citamos en este artículo, asume que la automatización elimina el trabajo asalariado y que los aumentos de productividad se traducirán en aumentos de producción. Pero el capitalismo de hoy no es el del siglo XIX: aumentar las capacidades productivas al final choca con la ausencia de nuevos mercados solventes en los que colocar la producción ampliada, lo que se traduce en desempleo crónico, precariedad y una tendencia evidente hacia las guerras comerciales, los bloques y el militarismo, no en un Fully Automated Luxury Communism.
En un capitalismo que ve con una salud juvenil, la única contradicción relevante que aprecia se da entre la posibilidad técnica de socialización del conocimiento y la apropiación privada capitalista. Y es que a diferencia de Urrutia, Mason e incluso el Marx de las Grundisse, Bastani, que escribe tres años después de AlphaGo, no vio venir la IA que es ambas cosas a la vez: socialización extrema del conocimiento y apropiación privada hiperconcentrada.
Con esos agujeros conceptuales se lanza a afirmar sin embargo, que si el Estado impulsara políticas adecuadas que consolidaran servicios universales básicos -internet, transporte, sanidad, vivienda, educación superior-, la lógica de la automatización llevaría casi espontáneamente a una sociedad de abundancia.
Yanis Varoufakis y la «otra realidad» de los comunales y el cooperativismo

En Otra Realidad (2020), Yanis Varoufakis imagina un mundo alternativo donde se han abolido: los bancos comerciales, los mercados financieros y los monopolios tecnológicos. Para el economista griego la tecnología actual ya permite garantizar la seguridad material básica de toda la población. El problema no es técnico, sino institucional. El capitalismo financiero bloquea la abundancia porque necesita generar escasez para producir rentas.
En el mundo alternativo de su novela filosófica, vivienda, salud, educación, energía y lo digital son derechos garantizados. Y lo que es más importante el sistema financiero ha dejado de ser una industria y las empresas se han convertido en cooperativas de trabajo asociado. Varoufakis, aún más que Mason, entiende el papel de los comunales y del trabajador-propietario en el camino hacia la abundancia.
Ezra Klein: abundancia «new deal»

En Abundancia (2025), Ezra Klein introduce una versión distinta del abundantismo. Su enfoque no es marxista ni postcapitalista, sino institucional-liberal, continuador de los fundamentos ideológicos del ala progresista del neoliberalismo que ha sido dominante entre los demócratas estadounidenses de Clinton a Biden.
Para Ezra Klein Las sociedades avanzadas sufren escasez artificial por el exceso de regulación, los bloqueos administrativos, las capturas de rentas por minorías organizadas y la incapacidad del estado para construir infraestructuras en plazos aceptables.
Para Klein, el problema no es el mercado ni el sistema financiero, sino la incapacidad de producir servicios básicos esenciales -vivienda, energía limpia, infraestructura...- y de lo que se trata es de desregular, pisar al fondo el acelerador del cambio tecnológico y desarrollar la capacidad política de desplegar la IA, las renovables y la automatización. De forma espontánea el sistema generaría abundancia reduciendo las jornadas sin reducir los salarios -para mantener una base de consumo- al tiempo que los bienes de mercado se abaratarían haciendo posible que:
Haya suficiente de lo que necesitamos para construir una vida mejor que la que hemos tenido.
Es decir, para Klein la desmercantilización, el precio cero, lo que define la abundancia en términos económicos como ausencia de escasez, se relativiza. En su visión de la abundancia hay bienes públicos, sí, pero no necesariamente abundancia de nada en particular. La abundancia es un estado, una forma de estar de las sociedades en crecimiento al estilo de los EEUU de la primera mitad del siglo XX. La abundancia de Klein respira el espíritu del New Deal, no el del cambio de sistema. Hay que decir también que es el único autor norteamericano de los cinco que hemos citado y el único que piensa en términos estrictamente nacionales.
¿Existe un abundantismo?
La transición tecnológica que comienza a finales de los noventa hace evidente la potencialidad de las capacidades productivas actuales para garantizar la satisfacción de las necesidades humanas universales.
Sin embargo, el capitalismo hiperconcentrado actual está en una fase de verdadera crisis de civilización. A diferencia del capitalismo juvenil del siglo XIX, lo que para el sistema es crecimiento económico, no produce por sí mismo desarrollo humano, sino todo lo contrario: la socialización extrema del conocimiento que es la IA se orienta hacia el militarismo y amenaza un apocalipsis de los empleos administrativos e intelectuales, no reducciones de jornada y mayor desarrollo cultural de las personas; la prodigiosa automatización del campo se presenta como causa de la exclusión de centenares de miles de trabajadores; la robotización de la industria deja en declive y despoblación regiones enteras antaño prósperas...
En esa contradicción entre las posibilidades reales de abundancia material y cultural y una realidad decadente, cada vez más empobrecedora e inhumana en todos los sentidos, todos estos autores optan conscientemente por la esperanza de la abundancia. Todos tratan de encontrar la forma de liberar el potencial de la tecnología de la lógica de un sistema económico e institucional que necesita de la escasez para mantenerse y mantener el crecimiento en sus propios términos.
Para Urrutia eso significa enfrentar la generación artificial de escasez y disipar rentas. Para Bastani bastaría con asegurar bienes públicos básicos para que la automatización se convirtiera en abundancia. Para Varoufakis y Mason algo así es inalcanzable sin transformar los sistemas de propiedad, cooperativizar y desmercantilizar sectores enteros y desarmar al capital financiero. Para Klein, sin embargo, que apenas mira más allá de los atascos administrativos de los años Biden, a los que culpa de la derrota electoral demócrata, el problema está en las sobre-regulaciones heredadas y prácticamente todo lo demás es cambio cultural.
Sin embargo todos quedan fascinados por la abundancia que ya puede verse en los bienes informacionales, en las energías renovables, en las redes distribuidas y en las potencialidades de la IA. En grados distintos, todos aceptan que ciertos bienes deberían salir del mercado y que la automatización y la IA deberían conducirse para reducir las jornadas laborales sin reducir la capacidad de acceso al consumo de los trabajadores.
¿Qué defienden los abundantistas?
El elemento común del abundantismo de nuestro siglo es la afirmación de que el desarrollo tecnológico ha creado las condiciones necesarias para garantizar la satisfacción universal de las necesidades básicas materiales y culturales, reducir drásticamente el trabajo humano necesario y desmercantilizar parcialmente la economía. Sin embargo, coinciden también, ese mismo desarrollo tecnológico, dejado al juego de normas actual sólo puede producir inestabilidad, desigualdad, pobreza y conflicto internacional. Por tanto es necesario que se transformen las instituciones que hoy convierten esa abundancia potencial en escasez artificial.
Las cuestiones abiertas, en las que los abundantistas chocan entre sí son quién controla la tecnología, cómo se reorganiza la propiedad y qué papel juegan el Estado y la comunidad organizada.
Sin embargo, lo importante hoy no son las diferencias. Lo que marca una época es la reaparición y protagonismo creciente del abundantismo, la convicción de que para la Humanidad, liberarse de la escasez ya no pertenece al reino de la imaginación, sino al terreno de la construcción colectiva y la acción política.