¿Quién manda aquí?
Resumen del panorama global de la semana que se cierra, de Davos a la revolución energética china, y del triste panorama europeo al primer adelanto del la próxima innovación «que puede cambiarlo todo»: la computación analógica.
¿Quién manda aquí?
Se esperaba de Davos la escenificación de un nuevo orden mundial expresado con los pocos ambages que caracterizan al presidente Trump. Y en ese sentido no defraudó:
Trump llegó a Davos y subió al escenario para afirmar que las grandes potencias se pueden permitir actuar en solitario, que las potencias medias no, y que estas deben actuar en la forma que EEUU les solicite o pagarán las consecuencias. La intervención de Trump no fue muy diferente de otras que ha realizado en EEUU y tampoco añadió novedades sobre su consideración acerca de Europa. Gran parte de lo que contó era bien conocido. Pero, puesto un elemento detrás de otro en la hora y media larga que duró su discurso, sonó especialmente duro. Trump acudió a Davos a dejar claro quién mandaba, cuál era el plan y que, como afirmó Carney el día antes, que «el mundo está en medio de una ruptura, no de una transición».
Con un Trump que exponía las relaciones de poder a las claras y exigía a Europa impuestos (aranceles) y territorios (Groenlandia), en Europa las grandes cancillerías y los medios desenterraron la palabra soberanía:
Los brutales ataques de Donald Trump finalmente han sacado de su letargo a los líderes europeos, acostumbrados a someterse a su «aliado» estadounidense. La pregunta ahora es: ¿qué modelo político, qué visión de Francia y de Europa nos permitirá preservar nuestra soberanía?
Sin embargo, en un giro de 180º respecto al día anterior, Trump dejó claro que no pensaba en una invasión de Groenlandia y que no aplicaría aranceles punitivos contra los países europeos que habían movilizado unas cuantas tropas (a bases estadounidenses, por cierto) en la isla. Macron y alguno más sacaron pecho de forma más cómica que creíble. En realidad, el giro de EEUU no era sino la demostración de que en la cadena trófica del poder global, por encima de Trump hay algún escalón más.
EEUU enfrenta una deuda descomunal. China, que controla más del 2% y es el segundo mayor tenedor tras Japón, empezó a dar signos de querer quedarse en corto y anunciar ventas. Le siguieron los propios fondos estadounidenses y en pocas horas unos nuevos costes emergían de la operación groenlandesa, dejando claro quién manda realmente aquí.
Los índices bursátiles se desplomaron (-2% para el S&P 500, el índice bursátil basado en 500 grandes empresas que cotizan en las bolsas estadounidenses), el dólar se debilitó y, sobre todo, los tipos de interés subieron. El Tesoro estadounidense ahora tiene que pagar un 4,3% a sus acreedores por préstamos a diez años, en comparación con el 3,6% de Francia, por ejemplo.
La Europa que viene da escalofríos
La UE, o al menos el canciller alemán Merz, lo tiene claro. La UE que Alemania quiere es un mix de vuelta al neoliberalismo, aceleración militarista y una nueva vuelta de tuerca de austeridad.
Esteban Hernández resumía su discurso en Davos:
Hay que aumentar la productividad, un aspecto crucial. Y hay que convertirse en un espacio atractivo para los inversores. El plan de Merz pasa por que Europa se convierta en «un destino del capital global». Alemania invertirá en infraestructuras y tiene que dar un salto adelante en energía («fue un error cerrar las centrales nucleares»), pero también hay que acelerar la transformación digital y la implantación de centros de datos.
Sin embargo, todo eso no funcionará si no se refuerza por un lado ya conocido: para ser competitivos globalmente, son cruciales los costes laborales, que tendrán que revisarse, y más aún cuando los alemanes trabajan pocas horas. Los costes derivados de la Seguridad Social y las pensiones también estarán sujetos a revisión. Y los presupuestos tendrán que equilibrarse.
Ya había cargado durante la semana contra los límites de la jornada laboral. Spiegel recogía literalmente sus declaraciones:
Si queremos mantener la prosperidad actual, la conciliación de la vida laboral y personal y la semana laboral de cuatro días no funcionarán. ¡Así no funcionará!
Pero, en general, en Alemania trabajamos 200 horas menos que nuestros vecinos suizos. ¿De verdad son tan diferentes genéticamente de nosotros?
Nuestros padres tampoco se quejaron cuando se enfrentaron a la reconstrucción de la República Federal de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial; se pusieron manos a la obra. (...) ¿Se desesperaron entonces? ¿Se resignaron a la situación? ¿Hablaron de conciliación laboral y familiar y de la semana laboral de cuatro días?
Si unimos los cantos al rearme, la Europa que nos llegará desde Berlín y Bruselas se refundará sobre la devaluación acelerada del trabajo y de la vida como supuesto camino a la recuperación de la prosperidad y la soberanía. Da escalofríos.
La guerra ya está en órbita
El lobby armamentista y aeroespacial europeo está ya de hecho de campaña para que los gigantes europeos del sector se beneficien de políticas y fondos UE para disputar el control de la sub-órbita y la órbita terrestre a EEUU y Starlink.
Los últimos años han demostrado cómo los fuertes incentivos económicos impulsan a las empresas comerciales a intentar monopolizar los recursos compartidos del espacio. Las empresas privadas tienen libertad para lanzar miles de satélites a la órbita baja terrestre (LEO) sin la coordinación adecuada ni las garantías de sostenibilidad necesarias. Asistimos a una concentración de poder en el espacio que, con el tiempo, impedirá que otros accedan a franjas orbitales y frecuencias del espectro vitales. Estas son importantes para todo, desde la monitorización meteorológica hasta las operaciones militares.
EEUU sin embargo empieza a dudar de la viabilidad de usar StarLink en zonas en guerra. La clave: el doble uso civil y militar se convierte más fácilmente de lo que les gustaría, en uso por el rival. Eso es lo que está pasando al parecer en Ucrania.
Las defensas de Ucrania se apoyan no solo en cañones y drones interceptores, sino también en la guerra electrónica: el ejército de Kiev utiliza técnicas como la interferencia para interrumpir las conexiones de radio entre drones rusos y satélites, saboteando así la navegación de las aeronaves enemigas. Sin embargo, el ejército ruso idea constantemente nuevas formas de proteger sus drones contra tales medidas. Parece que ahora también utiliza Starlink, el servicio de internet satelital propiedad de SpaceX, la empresa de Elon Musk.
Y mientras, los satélites de la competencia china de StarLink han empezado a hostigar a los de Musk poniendo en cuestión su control del espacio orbital. Una estrategia arriesgada que podría acabar con una serie de choques en cadena que multiplicara la basura orbital haciendo inusables órbitas enteras.
A principios de este mes, SpaceX anunció que reduciría la órbita de más de 4.400 satélites este año para reducir el riesgo de colisiones, reubicando los satélites en regiones orbitales menos pobladas por desechos espaciales y otros satélites planificados.
China no oculta que ve la red de StarLink como una amenaza y que está elaborando planes de guerra espacial contra la red satelital privada estadounidense.
En noviembre del año pasado, investigadores de la Universidad de Zhejiang y el Instituto de Tecnología de Beijing publicaron una investigación que sugería que una estrategia de interferencia distribuida que desplegara miles de drones de guerra electrónica podría usarse contra Starlink en una región tan grande como Taiwán .
¿Está ganando China la guerra tecnológica y lo que conlleva?
Esta semana, como no pocas antes, nos ha mostrado que en realidad la batuta mundial del cambio tecnológico la lleva China. A un año de la Revolución Deepseek se ve ya clara la estrategia china y cómo los resultados empiezan a ser arrolladores.
Modelos abiertos de IA más eficientes y con menos necesidades de capitalización
Como recordaba France24:
Las restricciones estadounidenses han impulsado el auge de los modelos chinos, «más orientados al código abierto y a menores costos», explica el empresario Li Weijia. «Si la IA ha de servir a todos y generar un inmenso valor para la sociedad, los modelos más económicos lograrán mejor este objetivo», argumenta.
La decisión de DeepSeek de hacer público el funcionamiento interno de su modelo, a diferencia de los de OpenAI (ChatGPT) y otros rivales occidentales, ha eliminado las barreras a la programación «abierta» y promovido su adopción por parte de desarrolladores y empresas, señala Neil Shah de Counterpoint Research.
Un sistema energético basado cada vez más en renovables que produce energía barata y limpia
Wired mostraba su asombro esta semana: mientras EEUU vuelve a los combustibles fósiles y la nuclear, China está en medio de una revolución solar y eólica sin la que el desarrollo de centros de datos se haría insostenible.
A la escala y el ritmo con que China produce paneles solares y turbinas eólicas, muchas cosas podrían desaparecer, incluyendo, muy posiblemente, los problemas, antes aparentemente insolubles, de la pobreza energética y la dependencia de los combustibles fósiles. En 2024, la capacidad eléctrica total instalada del planeta —todas las centrales de carbón, gas, hidroeléctricas y nucleares, además de todas las energías renovables— era de unos 10 teravatios. La cadena de suministro solar china ahora puede producir 1 teravatio de paneles al año.
Incluso, cuando se explayaba sobre la ebullición e inestabilidad que una transformación acelerada de ese tamaño produce, se percibía si no envídia si cierta nostalgia de la Guilded Age, la época en que EEUU vio nacer a sus primeros monopolios y creo lo que sería su base industrial y financiera imperial.
Pero los cronistas de esta revolución de la tecnología verde casi siempre subestiman su caos. En este punto, es mucho menos una creación de subsidios estatales estrictamente administrada desde arriba que una competencia desbocada. La utopía resultante, que se abate, es todo menos ordenada. Es un panorama de comunidades carboníferas diezmadas, guerras de precios que se extienden por un mercado tras otro y redes eléctricas que se desestabilizan a medida que se vuelven más centrales para el sistema energético. Y absolutamente nadie, y mucho menos una China monolítica al mando, sabe cómo lidiar con sus repercusiones.
La verdad es que, de momento, China está consiguiendo consolidar un sistema eléctrico cada vez más barato y menos contaminante y experimentando incluso con parques eólicos voladores con los que alimentar de electricidad a sus grandes ciudades y sus centros de datos sin reducir suelo productivo.
La bala de plata: el salto a la computación analógica
Pero la innovación que puede cambiarlo todo es el salto a los chips analógicos, más rápidos y mucho más eficientes.
Basándose en el trabajo publicado en octubre , el chip analógico ultrarrápido y de bajo consumo energético del equipo de la Universidad de Pekín ha ido más allá de resolver problemas matemáticos básicos y ahora puede impulsar aplicaciones como la recomendación personalizada y el procesamiento de imágenes. En un artículo publicado el lunes por la revista Nature Communications, el autor principal Sun Zhong y sus colegas dijeron que el chip logró un aumento de velocidad de 12 veces con respecto a los procesadores digitales avanzados, al tiempo que mejoró la eficiencia energética en más de 200 veces