Centro de Estudios Maximalistas Maximalismo

Ni crecimiento ni decrecimiento, abundancia

El decrecimiento se presenta como una respuesta radical a la crisis ecológica, pero en realidad hereda las viejas obsesiones del malthusianismo: culpa, escasez, apocalipsis y resignación. De Paul Ehrlich al peak oil, del colapsismo a la prédica contra el consumo humano, el decrecimientismo cambia de argumento cada vez que fallan sus profecías, pero conserva intacto su núcleo religioso: la idea de que la humanidad debe expiar su existencia aceptando vivir con menos. Frente a esa moral de la renuncia, la alternativa no es defender el crecimiento capitalista, sino pensar una sociedad de abundancia, capaz de satisfacer universalmente las necesidades humanas dentro de una relación consciente con la Naturaleza.

Ni crecimiento ni decrecimiento, abundancia
Contenido

Del malthusianismo clásico al decrecimiento mutante

El pasado marzo murió Paul Ehrlich, autor de «La bomba demográfica». Ehrlich fue el último neomalthusiano clásico. Su teoría del decrecimiento se basaba en la predicción de que la producción de alimentos no podría seguir el crecimiento de la población mundial lo que a partir de los años 80 generaría un verdadero desastre global. Evidentemente, los datos y la realidad cotidiana le desacreditaron.

alimentación, calorías por persona

Pero mientras esto ocurría el impacto se su libro -y el ambiente intelectual que creó al hacer renacer el malthusianismo- tuvieron consecuencias drásticas:

En 1968, justo cuando Paul R. Ehrlich publicó La bomba demográfica , los países en desarrollo, en particular la India, a la que detestaba, atravesaban una transición demográfica y veían caer en picado sus tasas de natalidad. Sin embargo, debido a prejuicios racistas, este notorio misántropo no podía imaginar que estos países pudieran seguir la misma trayectoria que las naciones desarrolladas. Lo más lamentable es que su insignificante obra inspiró políticas de control de la natalidad particularmente crueles, como la esterilización forzada en la India bajo el mandato de Indira Gandhi (1975-1977) o la política del hijo único en China (1979-2015). En realidad, nuestro mundo no sufrirá de superpoblación, ¡sino de escasez de habitantes!

A partir del descrédito de Ehrlig, el neomalthusianismo intenta salvar la supuesta consecuencia de su análisis cambiando lo que supuestamente no aguantará el tirón poblacional. Nadie esperaba tampoco demasiada honestidad intelectual de la estirpe de Malthus, el creador de la moral capitalista. Y así el malthusianismo se convirtió en decrecimientismo o colapsismo, una teoría neomalthusiana que arguye que la finitud de los recursos naturales y las materias primas producirá a corto plazo un colapso productivo tan brutal que destruirá por sí mismo el orden social existente, además de reducir la población humana masivamente (unos 5/8 según algunos teóricos del movimiento).

Durante años los decrecimientistas se centraron en el supuesto peak oil: el agotamiento rápido de reservas de hidrocarburos una vez el consumo superara el ritmo de descubrimientos de nuevos yacimientos. Lo pronosticaron al menos dos veces durante la década del 2000. Nunca llegó pero tampoco hicieron nunca una autocrítica de sus propios análisis y por qué habían fallado al menos dos veces tan estrepitosamente como los fines del mundo de los Testigos de Jehova.

Por el contrario, sin renunciar a la idea de un peak oil a la que vuelven cada vez que suben los precios de los hidrocarburos, el discurso se diversificó entonces hacia todo tipo de peaks de minerales críticos, tierras raras y materias primas para fundirse finalmente con los discursos que auguran la extinción humana allá por 2050, intentando llevar las aguas del cambio climático real, al molino de un vacío agotamiento de los recursos.

Las falacias del decrecimientismo

El decrecimientismo utiliza confusiones técnicas y perceptivas al modo de las teorías de la conspiración. Por ejemplo:

Que un recurso sea finito no significa q se vaya a acabar inmediatamente. Juegan aquí con la dificultad del oyente para acercarse a las magnitudes de la producción global. Simplemente nuestro cerebro no tiene capacidad para imaginar cifras de esa escala, solo puede entender su significado abstrayéndolas y relacionándolas con otras. Cuando escuchamos que al día se extraen millones de barriles de un yacimiento y lo comparamos con nuestra imaginación de ese yacimiento, inevitablemente sentimos una angustia -la de los grandes números cuando tratamos de materializarnos en una imagen- que nos hace intuir que se va a agotar inmediatamente.

Por otro lado, dan por hecho que las reservas de cualquier materia prima son magnitudes físicas estables. No lo son. En primer lugar, las reservas se miden por su rentabilidad en términos de ganancia. Cuando aumentan los precios automáticamente aumenta el volumen de reservas porque se hace rentable extraer lo que antes no era rentable dentro de los yacimientos ya descubiertos.

Por otro lado, los nuevos yacimientos son resultado de exploraciones que tienen lugar dependiendo de varios factores: las inversiones de las propias petroleras, sus cálculos previos... y la disponibilidad y accesibilidad de los territorios a explorar. Ni que decir tiene que el juego de estratégico que se traen las grandes potencias modifica éste mapa continuamente. Albania por ejemplo, no permitó exploraciones hasta hace muy poco y ahora resulta ser el mayor depósito de hidrocarburos de Europa (todavía por explotar).

Además ni la información geológica de partida de las petroleras es en la mayoría de los casos más que aproximativa, ni sus cálculos económicos de demandas y precios futuros son precisamente infalibles, con lo que no siempre se ha invertido lo necesario en exploración como para que aparezcan nuevos yacimientos al ritmo deseado por las empresas.

Es decir, el descubrimiento de nuevos yacimientos no es el equivalente al output de un campo cuando se le añade más capital sin que el resto de factores varíe. No tiene por qué ser siquiera una función continua. Y desde luego no aplica, a día de hoy, la ley de los rendimientos decrecientes. Queda demasiado mundo geológico por explorar y conocer como para poder dar por hecho nada.

Para rematar, cuando comparan la producción, ya sea de energía o de otras mercancías en las que se usan minerales críticos, con las alternativas renovables y las proyectan en el tiempo, dan por hecho que la producción renovable va a seguir siendo igual, con los mismos objetivos, por los mismos medios y con los mismos materiales. Ni siquiera cabe detenerse demasiado: nunca ha sido así y basta mirar a China para darse cuenta, es la predicción más irreal del mundo.

A la escala y el ritmo con que China produce paneles solares y turbinas eólicas, muchas cosas podrían desaparecer, incluyendo, muy posiblemente, los problemas, antes aparentemente insolubles, de la pobreza energética y la dependencia de los combustibles fósiles. En 2024, la capacidad eléctrica total instalada del planeta —todas las centrales de carbón, gas, hidroeléctricas y nucleares, además de todas las energías renovables— era de unos 10 teravatios. La cadena de suministro solar china ahora puede producir 1 teravatio de paneles al año.

El decrecimientismo es una forma religiosa decadente

Sin embargo la principal falacia es de orden conceptual básico. Confunden el crecimiento del capital y el valor que en sus términos tienen los intercambios mercantiles (que es lo que mide el PIB) con el crecimiento de la producción, el de ésta con el del consumo y el del consumo con el crecimiento de las necesidades humanas. Resultado: la culpabilidad del ser humano y la Naturaleza humana.

Ese es el motor real del sentimiento decrecimientista. Por eso si un peak no llega se ponen a buscar y argumentar otro sin autocrítica alguna. Necesitan argumentar el agotamiento de algo porque en el fondo del discurso decrecimientista hay siempre una culpa de especie a expiar.

Por eso el relato decrecimientista conduce una y otra vez a una urgencia imposible de resolver. Imposible porque sólo se plantea soluciones rápidas e instantáneas, inmediatamente aplicables dentro del orden existente sin cambiar ni una coma del régimen económico. Tanta urgencia puede parecer sorprendente después de tantos años esperando en vano los sucesivos peaks catastróficos que pronosticaron pero es que en realidad es sólo una forma retórica de encubrir todo lo que no se quiere poner en cuestión, pasando por natural lo que en realidad es social y específicamente propio del capitalismo actual. Como saben los profetas del apocalipsis desde Savonarola, nada de eso importa cuando lo que de verdad se quiere predicar es la culpa -los humanos seríamos una especie destructiva y la necesidad de arrepentimiento y expiación (el colapso supuestamente inevitable).

Y es que bajo los supuestos del colapsismo la pasividad va de suyo. No habría que hacer nada para que cayera el sistema, pero para los decrecimientistas no sería tampoco una liberación, sino una expiación, por eso abriría un mundo de escasez no de abundancia. Todo lo más irse preparando para que el gran momento del colapso sistémico nos encuentre viviendo en una ecoaldea, versión residencial-con-piscina de un asentamiento survivalista. A día de hoy una opción de consumo más. Porque las ecoaldeas no son sino urbanizaciones que sólo se diferencian de las demás en su prédica de la escasez y en su gobernanza, no siempre modélica, como en todas las iglesias jóvenes.

Al final, como en todos los cultos apocalípticos, decrecimientismo adolece de cobardía a la hora de preguntarse qué son las necesidades humanas y si cabe organizar la sociedad de un modo diferente para satisfacerlas universalmente. Y sin embargo esa es la única reflexión que puede llevarnos a algún sitio.

El decrecimientismo es un pensamiento religioso

Los elementos centrales del decrecimientismo son culpa y expiación y su objetivo generar en el creyente arrepentimiento y pasividad. Todo lo demás es accesorio, retórica cambiante que un día habla sobre una inexistente bomba demográfica y otro fantasea sobre un peak oil a lo Mad Max. Sus únicos ejes constantes son:

  1. La obsesión con que por una cosa u otra sobran seres humanos.
  2. La culpabilización de esos propios humanos por vivir por encima de las posibilidades del planeta
  3. La proximidad de un apocalipsis.
  4. La necesidad de adelantar el daño y abrazar la escasez.

Ni «crecimiento» ni «decrecimiento»: ¡abundancia!

Vivimos una crisis de civilización pero no porque se haya agotado tal o cual recurso natural, sino porque lo que el sistema económico actual computa como crecimiento -el crecimiento del capital- se ha tornado cada vez más contradictorio con el desarrollo humano. Lo vemos continuamente en todo tipo de fenómenos: desde la vuelta del militarismo desbocado y las guerras de exterminio hasta la hiperconcentración de la información y las infraestructuras digitales que están en la base de la IA tal y como se ha implantado; desde el efecto asesino de la propiedad intelectual de medicamentos básicos hasta la destrucción del medioambiente y el cambio climático; desde la concentración insostenible de población en megaciudades y el vaciamiento de las áreas rurales, hasta la crisis de la cohesión social y la degradación y devaluación sistemática del trabajo.

La cuestión no es si el sistema produce demasiado o demasiado poco, sino para qué produce y bajo qué reglas. Plantear que la alternativa es decrecer, sin cuestionarse siquiera por qué el sistema se ha convertido en una trituradora de carne, es sencillamente absurdo: cada vez que el sistema decrece, es decir, cada vez que entra en recesión, la miseria y el horror se multiplican. Decrecer para un sistema cada vez más inhumano es señalar a los que para el sistema sobran, es decir, a aquellos de los que no sabe ya ni como extraer beneficio.

Y sin embargo, hay recursos y energía renovable de sobra para establecer una sociedad abundante y conscientemente autorregulada en su metabolismo común con la Naturaleza.

Sólo la abundancia es alternativa

Cuando el crecimiento del sistema tiende a ser cada vez más antihumano, la alternativa no puede ser el decrecimiento, porque sin cambiar la forma de producir y distribuir, el decrecimiento será aún más inhumano que el crecimiento.

Sólo la abundancia es alternativa porque ni sobra nadie ni hay escasez buena.

El futuro de la Humanidad pasa por desarrollar un sistema económico que persiga la satisfacción directa de las necesidades humanas.

Descubre ahora
Lo que los comunales digitales pueden hacer por revivificar el mundo rural (ayudando de paso a que la alimentación avance hacia la gratuidad) Lo que los comunales digitales pueden hacer por revivificar el mundo rural (ayudando de paso a que la alimentación avance hacia la gratuidad) Abundantistas Abundantistas ¿Qué es la abundancia? ¿Qué es la abundancia? Las 4 cosas que a día de hoy sabemos sobre la abundancia, el conocimiento libre y el comunal Las 4 cosas que a día de hoy sabemos sobre la abundancia, el conocimiento libre y el comunal La producción distribuida y los comunales universales La producción distribuida y los comunales universales

Síguenos en el Fediverso

Si tienes un blog en Nammu o cuenta en un servidor Mastodon, Smac2, Akkoma o compatible con Activity Pub, pega el siguiente nombre de cuenta en el buscador de usuarios o perfiles y síguela como a cualquier otro perfil.

@maximalismo@maximalismo.blog

Si tu servidor no encuentra la cuenta enseguida, pega el identificador completo en ese mismo buscador.

Visita nuestra página de perfil