Las Tecnologías Santuario y el futuro de la comunidad
Vitalik Buterin, el creador de Ethereum, propone superar la lógica del mundo cripto y desarrollar «tecnologías santuario»: herramientas e infraestructuras libres para proteger lo comunitario y digital en una era de creciente renacionalización, control estatal y centralización tecnológica.
Un terremoto en el mundo cripto
Esta semana Vitalik Buterin publicó un largo mensaje en twitter con una reflexión autocrítica dirigida al mundo Ethereum que ha resonado y producido reacciones airadas inmediatamente en toda la cripto-prensa.
¿Quién es Vitalik Buterin?
Vitalik Buterin es famoso por ser el creador de ethereum, el conceptualizador de los DAO y por haber coordinado el equipo que consiguió hacer del funcionamiento del Blockchain de ethereum minimamente eficiente en términos de proceso y en consecuencia, de consumo energético (98% menos), algo que no hicieron el resto de criptos.
Vitalik además de un brillante creador de tecnologías y redes de trabajo colaborativo transnacionales es un pensador imaginativo y honesto. Ha contado en varias ocasiones cómo su objetivo último es el salto de las redes transnacionales colaborativas a un nuevo tipo de organización/identidad superadora del estado-nación. Algo entre el Estado-Red de Balaji Srinivasan y el viejo sueño de las filés.
Pero a partir de cierto momento, Vitalik Buterin se dio cuenta también de que, tras la muerte de la primera blogsfera y el debilitamiento de las comunidades de software libre, el mundo cripto tampoco generaría por sí mismo el cambio cualitativo que podría dar lugar a una nueva forma de organización social no nacional.
El [mundo del] código abierto falla por falta de incentivos, mientras que las criptomonedas fallan por incentivos excesivos y excesivamente concentrados. Pero lo que esto sugiere es que debería ser posible algún tipo de camino intermedio.
De hecho ha criticado muchas veces la idea -casi general en el mundo cripto- de una gobernanza comunitaria digital basada (exclusivamente) en una distribución del poder que refleje el patrimonio en tokens.
La gobernanza basada en monedas es plutocrática y vulnerable a ataques. (...) Deberíamos ser más explícitos en el apoyo a una gobernanza que no esté solo dirigida por los accionistas. Esto también tendrá el efecto secundario beneficioso de que una gobernanza más democrática tenga más probabilidades de estar alineada con el mundo exterior.
El mensaje de esta semana, es el resultado de esa línea de reflexión que lleva promoviendo con notables esfuerzos al menos desde 2022.
¿Qué plantea ahora Buterin?
1. Las criptodivisas ni detonarán el cambio ni bastan para asegurar comunidades digitales resilientes
La libertad y la seguridad financieras son fundamentales. Pero parece obvio que, si bien añadir un sistema financiero completamente libre, abierto, soberano y a prueba de devaluación solucionaría algunas cosas, dejaría sin abordar la mayor parte de nuestras profundas preocupaciones sobre el mundo. Está bien que las personas se centren exclusivamente en las finanzas, pero debemos formar parte de un todo mayor que también tenga algo que decir sobre los demás problemas.
Al mismo tiempo, Ethereum no puede arreglar el mundo. Ethereum es una «herramienta mal diseñada» para ello: más allá de cierto punto, «arreglar el mundo» implica una forma de proyección de poder que se asemeja más a una entidad política centralizada que a una comunidad tecnológica descentralizada.
2. El objetivo debe centrarse en el desarrollo de «Tecnologías Santuario»
El objetivo viable y necesario hoy, apunta Buterin, es fortalecer las comunidades digitales transnacionales en una época creciente de renacionalización y re-estatalización con su consiguiente aumento del control social y el previsible crecimiento del identitarismo étnico-nacional.
Creo que en Ethereum deberíamos conceptualizarnos como parte de un ecosistema que construye «tecnologías santuario»: tecnologías gratuitas de código abierto que permiten a las personas vivir, trabajar, comunicarse, gestionar el riesgo, generar riqueza y colaborar en objetivos compartidos, de forma que se optimice su robustez ante las presiones externas.
3. Eso significa destotalizar el mensaje político de Ethereum, el criptomundo y el activismo en favor de las redes distribuidas
Y destotalizar significa dejar de plantear la digitalización distribuida sobre mecanismos blockchain como la forma universal de distribuir el poder.
El objetivo no es rehacer el mundo a imagen de Ethereum, donde todas las finanzas estén desintermediadas, toda la gobernanza se realice a través de DAOs y todos reciban una Renta Básica Universal basada en blockchain directamente en su billetera de recuperación social. El objetivo es el contrario: la destotalización.
4. Para centrarse en la supervivencia de las Islas en la Red de todo tipo que ya existen
Con una referencia a penas velada al libro de Sterling, Buterin nos llama a preparar la defensa de la autonomía de las Islas en la Red ya existentes
Se trata de reducir las apuestas de la guerra en el cielo impidiendo que el ganador obtenga la victoria total (es decir, el control total sobre otros seres humanos) y evitando que el perdedor sufra una derrota total. Crear islas digitales de estabilidad en una era caótica. Facilitar una interdependencia que no pueda ser instrumentalizada.
Creo que ahora es el momento de redoblar esfuerzos, con mayor claridad. No intenten ser como Apple o Google, viendo las criptomonedas como un sector tecnológico que permite la eficiencia o el brillo. En cambio, construyan su parte del ecosistema tecnológico santuario: el «espacio digital compartido sin dueño» que posibilita tanto las finanzas abiertas como mucho más.
Desarrollen de forma más activa un ecosistema integral: tanto en la capa de billetera y aplicación (incluyendo la IA como interfaz) como en la capa inferior, incluyendo el sistema operativo, el hardware e incluso los niveles de seguridad física y biológica.
En definitiva, la tecnología no sirve de nada sin usuarios. Pero busquen usuarios, tanto individuales como institucionales, para quienes la tecnología santuario es justo lo que necesitan. Optimicen los pagos, las DeFi, las redes sociales descentralizadas y otras aplicaciones precisamente para esos usuarios y esos objetivos, que la tecnología centralizada no alcanzará. Tenemos muchos aliados, incluyendo muchos fuera del ámbito de las criptomonedas. Es hora de que trabajemos juntos con la mente abierta y avancemos.
Una lectura maximalista del mensaje de Buterin
Por qué no entramos en el criptomundo
Hace más de una década se produjo el boom del criptomundo y el discurso blockchain. Se presentaba como una continuidad superadora de las redes distribuidas que habían definido Internet desde sus orígenes y al tiempo, como la única alternativa a la gran centralización de la Big Tech, que se mostraba ya arrasadora al empezar los años diez de este siglo.
Los maximalistas -que como Buterin ha comentado en alguna ocasión- no sólo veníamos del mundo de las redes distribuidas, sino que tenemos una pata en lo que él definía como «ideas de los siglos XIX y XX sobre cooperativas y democracia en el lugar de trabajo» no aceptamos la dicotomía. Vimos en blockchain no sólo las ineficiencias técnicas y energéticas, sino afán mercantilizador y en los modelos de negocio supuestamente comunitarios, la creación de mercados cerrados, es decir, el camino opuesto al de la abundancia. Explicábamos la cultura especulativa que inevitablemente generó, como el producto de la devaluación del trabajo implícita en un discurso que creaba divisas esperando que generaran riqueza por el mero intercambio sin que hubiera producción real detrás. Y por tanto rechazamos el discurso cripto -antes de que se degradara en una forma de culto ludópata- como un fetichismo de la divisa que no entendía la verdadera naturaleza del dinero.
A día de hoy esa crítica sigue siendo cierta aunque hay que decir que Buterin ha representado una contratendencia interna a la propia naturaleza escapista, fetichista y derrochadora del criptomundo: mejoró la eficiencia computacional y energética del libro de cuenta distribuido y se esforzó por dotar a ethereum de herramientas como los DAO capaces de impulsar iniciativas productivas reales.
De la comunidad digital transnacional a la digitalización comunitaria en el rural
Al rechazar las dos partes de la dicotomía (Internet recentralizada en torno a la Big Tech frente a blockchain como supuesto vector de lo distribuido), los maximalistas tuvimos que reconsiderar la viabilidad de nuestros planteamientos y estrategias en un mundo en el que las tendencias en que confiábamos habían sido neutralizadas por la evolución de la digitalización y la globalización.
Con un mundo digital cada vez menos distribuido, era impensable un mundo de comunidades digitales transnacionales económicamente autónomas y aún menos, capaces de dotarse de sistemas de cohesión social propios que impactaran en los entornos donde operaran. Dicho de otro modo: las filés habían quedado en una línea temporal paralela y, aunque nunca se renuncia a los buenos sueños, no están ni probablemente estén de nuevo en el horizonte de posibilidad durante mucho tiempo.
La reflexión consiguiente nos llevó, a una autocrítica de fondo. Reinterpretamos el espacio físico y descubrimos que nuestra idea original de que la superación del identitarismo vendría desde lo desterritorializado significaba en realidad, renunciar a la capacidad de construir alternativas comunitarias socialmente reconocibles.
Sin un espacio diferenciado no hay sujetos ni alternativas reconocibles. (...) Si queremos pensar y transformar el estado de cosas actual necesitamos espacios desde donde hacerlo y desde donde hacer distinguible lo distinto.
De esa reflexión crítica nace lo que venimos haciendo estos años: sintetizar lo aprendido de los comunales digitales universales para aplicarlo a los problemas reales en el territorio e impulsar la lógica de la producción distribuida abrazando el cambio de escala por el de alcance. Es decir, entendimos que la alternativa no iba a nacer de las comunidades digitales de la etapa anterior, sino de aplicar su lógica interna y sus resultados a las crisis que se sufren en el territorio.
La convergencia
Hace menos de un año empezamos una doble apuesta: por un lado, desarrollar herramientas digitales y redes que aportaran soluciones concretas a las comunidades rurales en despoblación. Por otro -especialmente tras el gran apagón de abril pasado- que no tenía sentido hacerlo si las comunidades y especialmente sus capacidades productivas no ganaban resiliencia estructuralmente. Por ejemplo, no basta con tener paneles solares en las casas, ni siquiera con tener Comunidades Energéticas Locales, tienen que poder asegurar el abastecimiento en caso de desconexión; hacen falta sistemas redundantes de comunicación y coordinación social, etc.
Todo ésto converge con el planteamiento del mensaje de Vitalik Buterin. Él apunta a las tecnologías santuario para sostener y dar capacidad de resistencia y resiliencia a las comunidades digitales puramente virtuales, abriéndose más allá del mundo cripto. Nosotros estamos en convertir mediante tecnología a las pequeñas comunidades locales en santuarios resistentes en caso de caídas de redes básicas e infraestructuras. Y tanto él como nosotros, vemos en la IA una oportunidad para desarrollar ecosistemas de herramientas que apuntalen la autonomía comunitaria.
Y esta convergencia en torno a la necesidad de tecnologías santuario, en sí misma, significa algo sobre el tiempo que se está abriendo.