Europa y la soberanía digital: cómo recuperar el control frente a las grandes tecnológicas
Europa habla cada vez más de soberanía digital, pero durante décadas ha profundizado su dependencia de las grandes tecnológicas estadounidenses. Desde el software en las administraciones públicas hasta los sistemas de pago, la nube o la inteligencia artificial, la UE ha cedido infraestructuras críticas sin una estrategia propia. ¿Qué significa realmente soberanía digital? ¿Es cuestión de más centros de datos o de reducir la dependencia estructural? Recordemos el origen de la pérdida de autonomía digital europea y tomemos el único camino posible: innovación real, infraestructuras públicas, estructuras distribuidas, comunales digitales universales y comunidad activa.
Europa y la soberanía digital
Nada hay más sorprendente que la súbita preocupación europea por la soberanía digital. La UE y la inmensa mayoría de gobiernos nacionales y regionales europeos llevan más de dos décadas batallando activamente por imposibilitarla a todos los niveles.
En las administraciones se sigue considerando a efectos de inversión que una empresa que compra licencias de un software empresarial convencional hecho en California hace innovación productiva, mientras que desarrollar software libre a medida o adaptarlo queda fuera de prácticamente todas las convocatorias públicas, grandes y pequeñas. De hecho, muchas autonomías incluso dan ayudas para adaptar la empresa a esos programas privativos que generan dependencia estructural.
Ni hablemos del software que gestiona infraestructuras críticas o servicios públicos esenciales. Tampoco nadie parece haber caído en que los campus online, los sistemas de pagos o los expedientes médicos son en el siglo XXI cuestión de seguridad nacional. Y a nivel de calle el panorama no es menos desolador. A día de hoy sigue habiendo no pocos trámites públicos que exigen ser cliente de Microsoft para ejercer deberes ciudadanos. Y a nadie le escandaliza, a fin de cuentas vivimos en un país en el que los coches de la Policía Nacional sirven desde 2014 de espacio publicitario gratuito para Twitter en techo y laterales y la mayor parte de los ayuntamientos pequeños corren su relación con los vecinos sobre facebook. Democracia digital capada y dependiente de una megacorporación como Meta. Cualquiera diría que es un problema. Pero nadie parece haberse dado cuenta.
Sin embargo, tras el segundo triunfo de Trump y especialmente tras el rifirafe sobre Groenlandia, la Comisión Europea y la misma prensa a la que todo lo anterior le pareció progreso ha empezado a proferír madres mías por todo el continente y en todas sus lenguas. Ahora estamos en la fase de sacarse de la manga alternativas. Pero no pueden ser más decepcionantes: busquemos nichos como tirar cables submarinos, nos dicen los expertos franceses; prohibamos las redes sociales a los menores de 15 o 16 años, nos dicen el Parlamento francés y el gobierno español; cobremos a las IAs por leer los periódicos en nuestra lengua dice el gobierno británico, hagamos un euro digital, dice el BCE... No es difícil entender por qué estas propuestas no entusiasman a nadie ni por qué Durov las asocia al desarrollo de peligrosos sistemas de control social.
Qué es la soberanía digital
En realidad, el problema de todas estas respuestas es que olvidan la pregunta principal: qué es la soberanía digital. Soberanía digital no es tener más infraestructuras digitales. Por ejemplo, crear más centros de datos para IA en el contexto actual alimentaría las dependencias, no las relajaría.
¿Qué es soberanía digital?
La soberanía digital es la capacidad para mantener la producción, los servicios públicos, la participación social y la cooperación en una sociedad o comunidad determinada con independencia de la disponibilidad y accesibilidad de las soluciones e infraestructuras provistas por las grandes empresas tecnológicas globales.
¿Cómo perdimos la soberanía sobre nuestros datos?
La red distribuida
Al principio fueron la Internet y la World Wide Web distribuidas, pensadas sin la divisoria servidor/cliente. Igual que nosotros, los que estábamos en la web no alojaban siquiera sus páginas en un proveedor de hosting, sino en su ordenador de uso corriente.
En países como España, donde no había tarifas planas de conexión, era frecuente encontrar mensajes que presentaban una página incluyendo el horario en que estaba arriba y se podía visitar.
Primer asalto
En 1998-2000 es el boom punto com, un primer intento de centralización orientado a la monetarización usando grandes portales de contenido, fracasa porque la web distribuida es algo nuevo, diverso, gratuito y abierto, el verdadero sabor de Internet. Los portales nunca consiguen ser nada lo suficientemente atractivo y exclusivo como para poder generar escasez -que era lo que pretendían- y cobrar por el acceso.
La blogsfera y el primer paso de distribuido a descentralizado
A partir de 2001 aparecen los blogs como una evolución de la web distribuida aún más accesible al público que se estrenaba en la red. Ya había tarifas planas en Europa, pero aunque los primeros eran autoalojados, pronto servicios como blogspot (Google) o Wordpress.com (Auttomatic) crearon grandes nodos., haciendo de la publicación web una red descentralizada que se agrupaba en torno a unos cuantos grandes proveedores. Parecía un coste de la extensión acelerada de la capacidad para publicar pero no algo especialmente peligroso en sí mismo. Nos equivocábamos.
La Wikipedia da la clave del salto a la centralización
Con la Wikipedia empieza un modelo que aúna centralización y contenido generado por los usuarios. Wikipedia no pretendía succionar datos de los usuarios, es -de alguna manera- colaborativa, y sin embargo acabó con las enciclopedias online y relegó la diversidad de fuentes a lo minoritario.
No había duda de que si se quería convertir Internet en un espacio social capaz de absorber y justificar grandes masas de capital, la clave estaba en la wikinomics. Y eso era precisamente lo que perseguían los grandes fondos de capital riesgo.
Las redes sociales dan el salto a la recentralización masiva
El salto definitivo llega a partir de 2007 con twitter -en principio autodenominado plataforma de microblogging- y facebook. Con ellos empieza un proceso de recentralización masivo en el que Google, Apple, Microsoft y Amazon jugarán sus propias cartas (servicios online, juegos, patrones de compra...) desde una visión similar:
- El contenido generado por los usuarios más monetizable es la información sobre sí mismos.
- El proceso de esa información (los famosos datos) va a generar de forma sostenida unas expectativas suficientes (servicios en la nube, big data, publicidad personalizada, etc.) como para mantener procesos de inversión masivos y constantes son a la vez, barreras cada vez más infranqueables para toda competencia potencial fuera del circuito de capital estadounidense.
La IA hipercentralizada
El producto final de la centralización de la red ha sido la IA. La IA nacida de la centralización de la red está privatizada, cada vez más ligada al militarismo y atrae capital como ninguna otra innovación en la Historia.
Las ambiciones de los gigantes tecnológicos en IA son asombrosas: Alphabet está lanzando un bono a un siglo, mientras que Oracle ha recaudado 25.000 millones de dólares. En total, los titanes estadounidenses del sector prometen invertir casi 600 000 millones de dólares para 2026.
Las barreras de entrada son proporcionales. Sólo China - y porque el estado ha concentrado recursos inmensos en tiempo récord- puede generar todavía competidores a las IAs estadounidenses. Es el sueño dorado de los fondos de inversión: un corralito entre amigos a punto de hacerse con el mayor monopolio de la Historia del capitalismo.
Cómo ganar la soberanía digital: estado activista y comunidad activa
El Banco Central activista: Brasil y Pix
No sólo es que los estados europeos hayan renunciado a la defensa de la soberanía digital durante décadas. Es que cuando se han extendido herramientas digitales que generaban soberanía en cuestiones tan sensibles como los sistemas de pagos, han primado el afán recaudatorio sobre su propio interés a largo plazo. Uno pensaría que no poder ser chantajeados con sanciones que, por ejemplo, eliminen las tarjetas de crédito, sería algo valorado por un estado europeo. Pero no. Por el contrario, parece que los déficits públicos se solucionarán cuando Hacienda pueda gravar como ingreso la pizza y las cervezas que te pagó un amigo por Bizum.
¿De dónde viene ésto? De que no fue el estado el que lanzó Bizum. Brasil en cambio entendió que era una infraestructura pública esencial. El Bizum brasileño se llama Pix y es un producto/servicio del Banco de Brasil.
Pix, basado en una infraestructura pública centralizada operada por el Banco Central, es un sistema de pago instantáneo, disponible 24/7 y gratuito para particulares. Cualquier persona con un teléfono inteligente, una cuenta bancaria brasileña, una dirección de correo electrónico y un número de teléfono puede usarlo. Simplemente registre una clave proporcionada con un número de identificación fiscal.
Las cifras hablan por sí solas. Más de 170 millones de usuarios, de una población de 217 millones, representan casi el 80 % de la población total y el 93 % de la población adulta. Poco más de cinco años después del lanzamiento de Pix, gracias a su crecimiento exponencial, el número de transacciones mensuales en Brasil se acercaba a los 8 000 millones, y para octubre de 2025, el volumen de transacciones se acercaba a los 537 000 millones de euros.
Así es como Pix conquistó Brasil, desde los centros comerciales hasta los vendedores ambulantes, desde São Paulo hasta las aldeas rurales, desde los particulares hasta las empresas, desde las transacciones comerciales hasta los pagos a organismos públicos. Lanzado bajo la presidencia de Jair Bolsonaro en noviembre de 2020, pero iniciado ya en 2016 por el Banco Central, es en realidad un proyecto de Estado que trasciende las divisiones políticas.
Según el FMI, desde su lanzamiento hasta diciembre de 2022, Pix permitió a 71,5 millones de brasileños acceder a pagos digitales. Los pagos en efectivo se redujeron del 76,6 % en 2019 al 40,5 % en 2023, mientras que Pix ahora representa el 47 % de todas las transacciones, en comparación con el 41 % de los pagos con tarjeta. Para 2027, las proyecciones indican que Pix representará el 51 % del comercio electrónico, en comparación con el 36 % de las tarjetas de crédito.
La política industrial y los inversores: el camino chino hacia la IA
Aunque en la Comisión crean lo contrario, China demuestra que las barreras de entrada al mercado IA pueden esquivarse. El mecanismo de cierre del mercado de desarrollo de IAs por EEUU se basa en un argumento de escala de hardware y capital. Según este argumento lo que hace que la IA prediga mejor es contar con más parámetros, para lo que hace falta más hardware y energía (centros de datos) y por tanto más capital.
Hace un año DeepSeek dio una fórmula alternativa. Demostró que mejores lógicas con menos parámetros y una relación open source con el entorno, podían igualar o incluso mejorar resultados respecto a los grandes modelos de lenguaje estadounidenses.
A partir de ahí, los laboratorios chinos de IA compiten por modelos que no sólo sean mejores sino, sobre todo más ligeros en parámetros y por tanto en hardware (capital) y energía. El último paso en esta carrera es Kimi K 2.5. Si Kimi 2 ya había roto esquemas como contaba Nature, el nuevo Kimi 2.5...
A pesar de su tamaño relativamente modesto de alrededor de 196 mil millones de parámetros (mucho más pequeño que Kimi K 2.5 de Moonshot AI con 1 billón de parámetros o DeepSeek V3.2 con 671 mil millones de parámetros), Step 3.5 Flash superó a sus rivales más grandes en varias pruebas de referencia que midieron capacidades de agencia, razonamiento y codificación, según los resultados informados por la propia empresa.
Si a eso le sumamos la perspectiva de un salto hacia la computación analógica, cuyos primeros resultados en laboratorio ofrecen velocidades 12 veces superiores a los procesadores digitales avanzados, al tiempo que mejoran la eficiencia energética en más de 200 veces, está claro que a lo mejor, lo que lastra la soberanía energética europea tiene que ver con basar la política industrial en lo que hace EEUU en vez de en buscar formas alternativas y ponerles recursos suficientes para pasar a producción cuanto antes.
El tejido social, las industrias locales y los ayuntamientos
Una parte del tejido social europeo entendió hace tiempo que lo distribuido y lo libre son la única forma de soberanía digital real accesible al común y que sólo puede sostenerse sobre comunales digitales universales como el software libre. Son los que han construido el fediverso y mantenido una cierta presencia social del software libre.
Ahora tienen el reto de convertir la IA en herramienta de una explosión de software a medida para satisfacer necesidades sociales y productivas concretas. Sin eso, procesos como la despoblación serán irrefrenables. Es hora de mirar a lo productivo pero también es hora de recuperar -o hacer de nuevo- aplicaciones que faciliten la participación de los vecinos en lo común, faciliten compartir recursos u organizar alternativas a los servicios que ya no existen en los pueblos, como el transporte público. Porque hay una diferencia entre Red de Pueblo y BlablaCar, por ejemplo, es precisamente, la soberanía, es decir, la no dependencia de actores, regulaciones y conflictos externos a la hora de mantener la colaboración entre vecinos que sostiene la comunidad.
Todos estos esfuerzos han de acompañarse con un cambio en la relación con los ayuntamientos y cómo los ayuntamientos colaboran entre sí, por ejemplo. En Gran Bretaña 60 ayuntamientos crearon en 2023 una cooperativa para personalizar y desarrollar juntos software libre para mantener sus páginas y servicios digitales con la calidad que se merecen sus vecinos y un coste mucho menor que las soluciones de mercado. Eso es construir soberanía también.
¿De verdad nos creemos la soberanía digital?
Si mañana los grandes de la IA intentan torcerle el brazo a una legislación europea con sustancia suficiente como para generarle costes significativos, todos los procesos procesos industriales o los servicios públicos que las utilizaran se podrían ver paralizados. Y van a ser muchos en breve si no se desarrollan alternativas potentes.
Ni hablemos de los viejos centralizadores. Depender de sistemas de chat y comunicación como Whatsapp, que no han sido nunca un modelo de privacidad, puede convertirse en un peligro en una era de guerras comerciales. No hablemos de los efectos de una desconexión de la app de Uber en ciudades como Madrid. O del impacto que un cierre temporal de Booking.com, por ej, tendría sobre el turismo rural. Incluso si el avejentado y mal programado pero todavía masivo facebook cayera, buena parte de los ayuntamientos se quedaría sin canal de comunicación con los vecinos.
No se trata de regular a los grandes centralizadores de Internet ni de protegerse de EEUU o China. Se trata de no necesitarlos. Y para eso necesitamos innovación real, infraestructuras públicas, estructuras distribuidas, comunales digitales universales y comunidad activa.