Por qué es tan importante la web distribuida
Porque lo que está en juego no es la tecnología, sino el poder. Internet nació como una red distribuida para sobrevivir a la destrucción, pero hoy funciona como una infraestructura centralizada diseñada para extraer datos, capturar valor y limitar la soberanía de personas, comunidades y estados. Esta transformación no fue inevitable: fue el resultado de una estrategia económica y política que convirtió la web en el campo de juego de monopolios globales. Entender qué es la web distribuida, cómo fue desplazada y por qué está reapareciendo —software libre y Fediverso— es imprescindible si queremos recuperar el control sobre nuestra vida digital y abrir paso a una verdadera economía de la abundancia.
Por qué Internet nació como una red distribuida
Vayamos por un minuto a 1964. El mundo tiembla ante la posibilidad de una guerra nuclear que parece cercana después de la crisis de los misiles. El Ministerio de Defensa de los EE.UU sabe que si un solo misil ruso consigue pasar las defensas americanas y alcanza el centro de su red de ordenadores, todo estará perdido. Así que encargan a un científico de la RAND corporation, Paul Baran, una misión especial: diseñar una forma de conectar los ordenadores entre sí que minimice los daños.

Baran se dio cuenta de que el problema era que la red de la defensa dependía de una única computadora central. Era una red centralizada y en una red centralizada, la desconexión del nodo central destruye inmediatamente toda la red: todos los nodos quedan desconectados de todos los demás. Así que pensó que la solución era descentralizar y simuló qué pasaría si en una red descentralizada se destruía el nodo más importante. Y obviamente red descentralizada era mucho más robusta: al eliminar uno de los nodos localmente centralizadores, la red no desaparecía completamente aunque algunos nodos quedaban desconectados y generalmente la red se rompiera en varios trozos desconectados entre si.
Así que se preguntó si no era posible definir una red cuya característica principal fuera que al eliminar cualquier nodo ningún otro quedara desconectado. Al resultado le llamó «red distribuida» y es la forma que eligió para conectar los ordenadores de «Darpanet», la red que conectaba los ordenadores de las universidades que desarrollaban proyectos para la Defensa americana. Esa red es la que luego se convertiría en Internet.

Cuando en 1989 Tim Berners Lee crea la WWW en el CERN para permitir que más de 10.000 investigadores de más de un centenar de países pudieran compartir sus trabajos y resultados, la estructura distribuida no se puso en cuestión. ¿Por qué iba cualquier investigador o universidad a renunciar al control sobre sus datos e investigaciones? La solución óptima obvia era conectar a todos con todos, no imponer unilateralmente un monopolio sobre las publicaciones de los demás.
¿Por qué la web nació distribuida?
Internet había nacido en 1964 como una red distribuida porque originalmente era una estructura militar y los militares buscaban la máxima robustez posible en el contexto de la guerra fría. Eso significaba buscar la máxima autonomía posible de cada nodo y la máxima conexión posible entre los nodos. Cuando en 1989 se crea la base de la WWW en el CERN, esa arquitectura era también la óptima para diseminar el conocimiento científico sin mermar la soberanía de universidades e investigadores.
¿Quién y por qué cuestiona la Internet distribuida?

En enero de 1993 Clinton jura como presidente de EEUU. La llegada al poder de la generación del 68 y el colapso de la URSS el año anterior marcan el fin de una época. La nueva época se llama ya globalización y pronto Silicon Valley y el gobierno Clinton se proponen convertir Internet y la web en uno de sus ejes de transformación económica, atracción de capitales y capacidad de penetración en nuevos mercados.
Se trata de usar la web como base para un nuevo tipo de monopolio global digital. Nace el sistema de Venture Capital y el ecosistema de start-ups sobre la idea de que los monopolios globales del futuro van a establecerse a base de una gran inversión en capital que va a ser la base de la economía estadounidense del siglo XXI. Crear lo que hoy es la Big Tech fue el objetivo declarado desde el principio.
Pero la arquitectura distribuida, demasiado parecida a un mercado de competencia perfecta, se rebela pronto como una traba para esos fines. La burbuja puntocom, la caída de Yahoo! -entonces un directorio de webs- y Altavista -el primer buscador de uso masivo- y los años de pérdidas de Amazon -entonces una tienda de venta de libros de papel-, dejan claro que Internet no es un terreno fácil para instalar monopolios.
Y de hecho, tras el estallido de la burbuja puntocom la siguiente gran cosa en Internet es la aparición y eclosión de la blogsfera: el primer medio de información y deliberación global distribuido. O al menos, es distribuido en los primeros años, cuando la gran mayoría de los blogs están albergados en ordenadores domésticos y servidores alquilados. La blogsfera, que pone pronto en jaque a los grandes periódicos y sus intentos de monetización del online se convierte en el ejemplo de la Internet que ni estados ni fondos quieren. Nada más lejos de los monopolios globales que persiguen.
Así que se dan cuenta de que para conseguir crear monopolios digitales tenían que cambiar la estructura, si no del hardware, al menos de la información. Conseguir que la gran masa de usuarios renunciase a tener su propia infraestructura y donase sus datos e información a un proveedor privado y ajeno. Es decir, que el usuario de Internet, individual o colectivo, social, empresarial o estatal, perdiera su soberanía. Las claves para lograrlo se las darán hotmail, una empresa fundada 1996 que pronto compraría Microsoft estableciendo un práctico monopolio del webmail hasta la llegada de Gmail, y la Wikipedia (2001) que a base de contenido generado por usuarios estaba desplazando rápidamente el naciente negocio online de las grandes enciclopedias tradicionales. Los primeros intentos de recentralizar la blogsfera (Blogspot, comprado por Google en 1999, y Wordpress.com creado en 2005) confirmarán que ampliar el campo podía funcionar incluso en ámbitos ya existentes bajo una estructura distribuida.
Sobre esos patrones, buscados explícitamente y analizados en mil estudios e informes por los grandes inversores de capital riesgo, nacerán las dos grandes redes sociales que protagonizarán la centralización de la web y entre ellos los dos grandes receptores del apoyo mediático global: facebook y twitter.
Las redes sociales nacieron para succionar soberanía de sus usuarios
Con la llegada de la globalización en los noventa, la arquitectura distribuida de la red se rebela como un «problema» para la creación de monopolios globales. Para superarlo necesitan que los usuarios -sean individuos, comunidades, empresas o estados-, renuncien a su soberanía. El premio es grande: convertirse en unicornio. La fórmula será una mezcla de los dos modelos que ya despuntaban como centralizadores: servicios online y contenido generado por el usuario.
Es decir, las redes sociales nacen para centralizar la red y restar soberania digital a personas, organizaciones y estados. Su arquitectura centralizada y centralizadora no es ni un accidente ni la respuesta obvia al tipo de servicios que querían organizar. Por el contrario, responde a un sólo objetivo: construir la Big Tech como un monopolio global capaz de atraer y rentabilizar cantidades ingentes de capital.
¿Puede volver lo distribuido?

La victoria de las redes sociales es arrasadora y persistente. Y la crisis financiera de 2009 consolida el triunfo. La Big Tech consigue convertirse en un monopolio global y el sector tecnológico de EEUU en el sumidero al que cae buena parte del ahorro del mundo occidental. Lo distribuido -desde el software libre a la parte de la blogsfera que sigue siendo soberana- se mantiene en una esquinita de la red global, aparentemente fuera del tiempo histórico, como una reliquia de un tiempo que pudo ser.

Pero eso no quiere decir que no hubiera resistencia. Los maximalistas empezamos a trabajar en 2011 en un primer intento de arquitectura de web distribuida -Bazar-, que en 2014 fundimos con un proyecto de la FSF: GNU-Social. A partir de ahí trabajamos y organizamos el primer GNUSocial Camp para crear, desarrollar aplicaciones de economía compartida y animar a la creación de los primeros nodos comunitarios de lo que después empezaría a conocerse como Fediverso.

En 2016 apareció Mastodon, desarrollado en Ruby on Rails, el lenguaje de programación favorito del mundo start up de la época por su vistosidad (y porque no les preocupaban los costes de escalado). Mastodon se pondría pronto de moda entre los que ya huían de twitter y consolidaría el protocolo activitypub frente al OSStatus de la FSF como base más extendida del Fediverso. La cuestión es que a partir de 2017, la llegada de las primeras grandes migraciones twitteras a aquel primer primer Fediverso acelerado por Mastodon, fue más un freno que un aporte.
Era difícil sacar a los usuarios de la obsesión y la compulsión que Twitter y Facebook habían alimentado. La gran mayoría de los que participaron en las primeras migraciones quería twitter fuera de twitter y nada más. Si bien la estructura de aquellas primeras apps sobre GNUSocial y luego ActivityPub era descentralizada, querían sentirlo lo menos posible, invisibilizar los nodos y emitir twits sin pensar en nada más.
La consecuencia de una demanda que quería un clónico lo más clónico posible con coste de aprendizaje cero, fue el estancamiento del modelo descentralizado y libre.
Mastodon seguía y sigue siendo la principal puerta de entrada al Fediverso, pero la estructura que habilita, descentralizada pero en grandes nodos con miles de usuarios, sigue alimentando la cultura del clon de twitter.
La reciente aparición y ascenso de BlueSky -descentralizado en arquitectura pero no en propiedad, abierto sólo a medias y en absoluto libre- revela que mientras la cosa sea tener otro twitter definido por la oposición a las consecuencias (sin censura, sin Musk, etc.) y no a las causas (centralización, escasez artificial, etc.), las nuevas variantes de moda tenderán cada vez más a ser socialmente menos valiosas reduciendo el espacio de lo descentralizado, lo desmercantilizado y lo libre.
Y sin embargo, al lado y más allá de Mastodon aparecieron poco a poco otras piezas de software libre como Pixelfed (fotos), PeerTube (vídeos), Lemmy (enlaces) o BookWyrm (reseñas) que sacaban partido del protocolo ActivityPub para ofrecer la posibilidad de sustituir servicios centralizados por arquitecturas soberanas distribuidas.
La centralización de la web no es irreparable
Que la arquitectura de la web recupere una estructura más distribuida/centralizada depende de dos elementos: el primero es la disponibilidad de soluciones técnicas. El segundo es cultural: prioridades, valores y grado de extensión de una cultura digital no consumo-céntrica.
La combinación de software libre, conectividad por fibra y accesibilidad a ordenadores hacen que montar sus propios nodos y ganar independencia de la Big Tech estén al alcance de millones de personas y miles de organizaciones comunitarias en Europa.
La aparición de una cultura de la soberanía digital centrada en personas, comunidades y organizaciones es una batalla en curso que requiere de todos nosotros.
Una nueva etapa
Tras la globalización, la soberanía vuelve a ser importante

Pero en 2016 algo más profundo y potente estaba cambiando. En marzo una IA, AlphaGo de Google, ganó a un gran jugador profesional de Go, Lee Sedol, campeón del mundo. Fue el momento en que tanto China como EEUU se dieron cuenta de que habían entrado en una nueva fase de competencia estratégica acelerada... y se pusieron a cambiar las reglas.
A mediados de mayo Trump resultó ganador por primera vez de las primarias republicanas en EEUU. El 23 de junio los pro-Brexit ganaron el referendum en Gran Bretaña. Empezaba una nueva época. La globalización empezaba a quebrarse.
Las tendencias hacia la renacionalización de la conversación, el conocimiento y las capacidades productivas a las que la centralización de la web contribuía y que la crisis había alimentado, se aceleraron aun más. Un nuevo periodo de formación de bloques estaba abriéndose.
Aunque la presidencia de Biden prometió resucitar el viejo orden de la globalización, el salvese quién pueda de la salida de Kabul -el primer acto relevante de su mandato- dejó claro que EEUU estaba en un juego muy diferente. La competencia por capitales se agudizó y los EEUU de Biden no tuvieron reparos en succionar las inversiones del pacto verde y la digitalización europeas.
El nuevo triunfo de Trump en noviembre de 2024 y su decisión de dejar de financiar el otro gran legado de Biden -la guerra contra Rusia- acabaron de mostrar a los europeos que EEUU, enzarzado en la reinvención de su propia economía, cada vez iba a ser más explícito en sus demandas e iba a poner condiciones más duras a sus aliados. Y era obvio que iba a empezar por intentar doblar la regulación europea. La ausencia de soberanía digital empezó a relatarse por la misma prensa que jaleó acríticamente cada nuevo hype californiano como un problema de vida o muerte para el futuro de Europa y sus estados. Según una encuesta de marzo pasado, la mayor parte de los europeos teme que un apagón digital esté entre las próximas vías de presión de EEUU.
Y así llegamos a 2025. Hasta octubre de ese año, ¡el año pasado!, la Comisión Europea no presenta planes para recuperar algo de la soberanía tecnológica que su receptividad histórica hacia los grandes lobbies del software privativo y la Big Tech habían dejado marchar durante las tres décadas anteriores.
El lado bueno: la única forma viable a estas alturas para la UE de recuperar algo del terreno perdido es apostar fuerte por lo libre y lo distribuido. El nuevo brío de la Open Source Programme Office, la creación de Euro 3C una infraestructura federada de telecomunicaciones y nube para la soberanía digital y el nuevo catálogo de software libre recomendado para administraciones públicas, a pesar de su modestia presupuestaria, señalan que la Comisión está dándose cuenta de que, aunque largo, es el único camino hacia la soberanía digital.
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Ese es el marco en el que la Comisión presenta su nodo del Fediverso el 15 de mayo de 2024. Las estrellas: la propia Comisión, la Dirección General de Servicios Digitales y Henna Virkkunen, Vicepresidenta Ejecutiva de Soberanía Tecnológica, Seguridad y Democracia. En junio, financiado por la Comisión, el Tribunal de Justicia Europeo estrenó su propio nodo.
La puesta en marcha de todas estas instancias de Mastodon, a pesar de las resistencias de algunos think-tanks y de las debilidades de los grupos que operan a favor del Fediverso frente a la Comisión, marcan un cambio importante que, si se sostiene y se une con el movimiento social, acabará creando un terreno favorable a una cultura de lo descentralizado y lo distribuido.
El cambio cultural es posible en Europa
Es el momento de aportar, diseminar y hacer estrategias que faciliten la transición hacia la web distribuida a nuestros entornos.
Nuestra manera de entender el Fediverso

Los maximalistas llevamos literalmente veinte años denunciando el papel centralizador de las redes sociales. Todavía hay quien nos ve como una especie de talibanes de lo distribuido y lo libre un tanto fuera de época. Pero la época ha cambiado. En el último año detectamos un cambio de fondo: la vuelta -todavía germinal- de una blogsfera realmente distribuida y un cierto aire de cambio cultural. Así que decidimos volver a poner energía en desarrollo y contenidos.
A estas alturas Maximalismo.blog -como cualquier sitio creado con Nammu- ya no es solamente un blog. Es es lugar desde donde publicamos nuestro blog sí, pero también un podcast, una newsletter y una plataforma de itinerarios y cursos, desde donde gestionamos nuestras redes sociales y nuestros envíos postales.
Es pura web distribuida, corriendo en un ordenador muy normalito -tal vez demasiado- y lanzando RSSs para cada tipo de contenido. Pero necesitábamos todavía aunar todas esas publicaciones diferentes de un modo visible. Integrar Activity Pub en Nammu nos permitía hacerlo convirtiendo el conjunto de cada instancia en un nodo del Fediverso, generando una página de perfil que es la que muestra todas las publicaciones que hacemos y sirviéndonos para difundir la propia idea del Fediverso y animar a todos.
Como herramienta complementaria hemos creado otro nodo de Fediverso para que las personas que hacemos los blogs tengamos cuentas personales: maximalismo.red. No usa Mastodon sino una personalización a nuestra medida de Snac, un software programado en C y pensado para comunidades pequeñas. No es distribuido, es descentralizado, pero al ser una comunidad pequeña no es realmemte relevante. El peligro son siempre los nodos centralizadores, no tener subredes para dar servicio a unas pocas personas.
La idea: que los contenidos que publicamos generen y recojan conversación distribuida. Por eso bajo cada entrada del blog, el podcast o los itinerarios se puede ver ahora un botón que permite visualizar todas las reacciones recibidas por ese contenido al salir al Fediverso. Desde la página de perfil el simbolo en rojo del Fediverso cumple la misma función no solo en las entradas sino en los enlaces y el contenido impulsado por nuestro propio blog.
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