Porque lo que está en juego no es la tecnología, sino el poder. Internet nació como una red distribuida para sobrevivir a la destrucción, pero hoy funciona como una infraestructura centralizada diseñada para extraer datos, capturar valor y limitar la soberanía de personas, comunidades y estados. Esta transformación no fue inevitable: fue el resultado de una estrategia económica y política que convirtió la web en el campo de juego de monopolios globales. Entender qué es la web distribuida, cómo fue desplazada y por qué está reapareciendo —software libre y Fediverso— es imprescindible si queremos recuperar el control sobre nuestra vida digital y abrir paso a una verdadera economía de la abundancia.