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El problema Varoufakis

Cualquier propuesta transformadora o crítica que quiera desembocar en acción política no puede quedarse en la comunicación. Dedicarse exclusivamente a comunicar cuando no hay un tejido social suficientemente significativo es inútil social y políticamente. Por eso, toda propuesta que quiera ir más allá de lo testimonial debe comenzar por restaurar el espacio que hace posible la conversación, tanto en lo digital como en lo presencial. Y eso no se consigue simplemente llamando a hablar, sino convocando a hacer juntos cosas concretas y mensurables.

El problema Varoufakis
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Varoufakis tiene algo que contar

Durante el último año, Yanis Varoufakis está haciendo un discurso muy contundente -y fundamentalmente acertado- sobre la Unión Europea y sus limitaciones1. La cuestión es: ¿Qué se hace a partir ahí? En el evento de la organización política que creó, DiEM25 el 7 de marzo de 2025, su discurso da el salto del diagnóstico a la acción política. ¿Y en qué consiste? Campañas. Es decir, comunicación.

1. Tienes una traducción de las partes más significativas del vídeo enlazado en este pdf.

El problema Varoufakis

Pero ¿qué sentido tiene pensar que, en nuestros días, en éste continente, hacer política desde y para la base social es comunicar y nada más que comunicar?

Sólo en momentos de movilización social generalizada, es decir, en momentos reactivos, se puede tener impacto social comunicando desde pequeñas organizaciones sociales y partidos. En esos momentos una gran parte de la sociedad está en búsqueda de argumentos y soluciones; hay una conversación social que rebosa cualquier medio de comunicación. La calle misma se convierte en el principal medio de comunicación. La voluntad de hacer y comprometerse y la posibilidad de la acción colectiva están sobre la mesa en todo momento... por un cierto periodo de tiempo. Luego, si no hay un tejido social masivo que articule una parte importante de la vida de una parte relevante de la sociedad, comunicar vale de poco. Esa es la situación de Europa hoy. Y seguramente lo sea tras la respuesta social a la próxima crisis, sea la que sea.

Hoy por hoy el tejido social existente no tiene capacidad para albergar una conversación masiva. La participación en actividades colectivas de algún tipo es bajísima. EuroStat es muy generosa al respecto. Si ibas a un concierto benéfico ya entrabas en la estadística. Si ibas a algún acto o convocatoria de cualquier tipo o firmabas una petición online, también. Si salías de paseo con el club de senderismo, también. Pero a pesar de todo, según sus cifras, sólo el 8,5% de españoles, el 7,4% de griegos, el 7,3% de portugueses y el 5,3% de italianos tomaron parte en algún momento del año en alguna actividad comunitaria, política, sindical o social, ya fuera formal o informal.

Depender de los medios es depender de que por una extraña carambola a quienes ejercen el poder -o una parte de ellos- les interese canalizar a través de tu mensaje el descontento que ellos mismos generan. Pasa a veces, pocas. Pero, en cualquier caso, una vez creada la conversación queda en su propiedad, es decir, se da en sus términos y con sus límites, normalmente vallada por dicotomías ajenas al interés de la mayoría.

¿Qué queda? ¿Las redes sociales centralizadas por la Big Tech? Mientras la web distribuida no recupere un volumen socialmente relevante, el espacio digital no podrá convertirse en un espacio no tóxico y socialmente útil de democracia deliberativa.

Restaurar el espacio de la conversación social

Hoy, cualquier propuesta minimamente transformadora, venga de Varoufakis, del Papa, de la Psicología comunitaria o de quién sea, sólo tiene sentido a largo plazo si al mismo tiempo que comunica restaura el espacio en el que es posible la conversación orientada a la acción colectiva. Eso significa:

  1. Restaurar el tejido que hace posible la conversación social cara a cara recuperando espacios de socialización y creando nuevos espacios comunitarios presenciales orientados al hacer juntos.
  2. Restaurar la capacidad de la web distribuida, apostando por el desarrollo del Fediverso en todas sus formas.

Agruparnos en torno a la transformación inmediata del entorno para poder ir más lejos

No hay nada que mate la conversación con más rapidez y eficacia que su falta de consecuencias materiales. Es necesario que agruparse signifique hacer, no solo hablar, y que ese hacer tenga consecuencias directas y mensurables que mejoren la vida de las personas y la comunidad inmediata.

Reconstruir la conversación social no va de hacer tertulias. Va de juntarse para arreglar un espacio común, recuperar espacios naturales que nos rodean, construir algo necesario u organizar un servicio comunitario. Del trabajo en común con resultados nacen aprendizajes comunes y lazos que hacen posibles nuevas conversaciones que lleven a algo. Ya sea un huerto, poder arreglar o construir una máquina o un servicio digital, crear un servicio de aula matinal o levantar una biblioteca.

Se trata de que aprender, discutir y hacer colectivamente sean parte de la misma dinámica colectiva y del mismo espacio. Sólo entonces quien tenga que comunicar algo inconveniente tendrá no sólo quien le escuche, sino quien se sienta capaz de aportar a la solución.

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