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Qué nos enseña Irán sobre cómo sobrevivir en el nuevo mundo

En el mundo post-globalización abierto por el Brexit y el primer triunfo electoral de Trump las «reglas de conflicto» son mucho más explícitas y brutales. Sobrevivir en él implica desarrollar capacidades de resistencia y resiliencia de nuevo tipo. La guerra de Israel y EEUU contra Irán nos deja al menos media docena de lecciones válidas en ámbitos cotidianos que van más allá de la Geopolítica.

Qué nos enseña Irán sobre cómo sobrevivir en el nuevo mundo
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Es difícil no entender la tregua acordada hoy entre EEUU e Irán como un triunfo para el estado iraní y para el régimen clerical que actualmente sostiene. Especialmente si comparamos con la última intervención militar estadounidense en Venezuela. La comparación es relevante no sólo porque las acciones bélicas de EEUU en un país y en otro forman parte de una misma estrategia para modificar el mapa geopolítico y asfixiar a China, sino sobre todo porque evidencian los primeros elementos de una fórmula para la supervivencia que, sin duda, va a ser replicada por muchos más agentes en todo tipo de ámbitos.

Seis claves para sobrevivir al nuevo mundo

Identidad histórica y sentido de causa colectiva en el grupo de poder y el estado

En 2002 el entonces Presidente Jatami visitó España. Jatami, un reformista ligado a los sectores intelectuales y burgueses del régimen, destacó entonces algo que fue poco comprendido por los analistas europeos. Preguntado insistentemente en varias ocasiones por la prensa sobre distintas arbitrariedades con ciudadanos y extranjeros, insistió en que «el Estado iraní reconoce y honra contratos de hasta 3.000 años de antigüedad».

Esta identidad con un estado histórico capaz de proyectar seguridad contractual a lo largo de 3.000 años (algo históricamente incorrecto pero con elementos de materialidad demostrables), es ajena a cleptocracias como la venezolana y se ha demostrado sumamente potente para la resiliencia del aparato del estado.

La combinación de inteligencia de última generación y bombardeos selectivos ha permitido a Israel y EEUU asesinar a una docena de altos dirigentes. Y sin embargo, en la corrupta clase dirigente iraní no cundió el pánico ni faltaron reemplazos para los cargos de dirección vacantes a pesar del riesgo evidente que conllevaban.

La clave: los dirigentes y el aparato estatal iraní no se sacrifican por el régimen en sí, sino por un «estado-causa» que trasciende la correlación de poderes y tanto personal como colectivamente en tanto que grupo, les redime.

Innovación estilo hacker

Tanto EEUU como Israel han utilizado en esta guerra todas las innovaciones que la industria militar-tecnológica altamente capitalizada ha sabido crear en la última década.

Irán en cambio ha saturado el cielo de pequeños drones. Cada dron viene a costar unos 35.000 euros. Los misiles patriot de la defensa aérea de los países del Golfo e Israel cuestán 4 millones cada uno. La rentabilidad en términos de daño económico causado por euro invertido en los dispositivos empleados por Irán es altísima comparada con la de sus rivales. Los mismos drones combinados con lanchas de bajo coste, minas y algunos submarinos de bolsillo han reproducido la ventaja relativa iraní en el estrecho de Ormuz, llevando al ejército de EEUU a renunciar a desplegar a sus infantes de marina sobre el terreno.

Añadamos a todo ésto la guerra de propaganda y desinformación y las acciones de ciberguerra sobre infraestructuras y una cosa queda clara: la capacidad de respuesta iraní es capaz de mantener el pulso al mayor ejército del mundo con una fracción de su presupuesto.

Para poder tener resiliencia hay que tener capacidad de resistencia antes

En Europa venimos de la época del funesto just in time, es decir, de la logística sometida a la optimización de la financiarización de las empresas. Ya se vió en la pandemia la fragilidad de este sistema en momentos de crisis.

La defensa iraní en cambio, ha almacenado drones y misiles en depósitos subterráneos durante años. Al empezar la guerra, la inteligencia estadounidense dio por hecho que tenía un mapa relativamente completo y que el sistema se volvería contra sus creadores. Pero a pesar de anunciar la destrucción de la capacidad de respuesta iraní en al menos una docena de ocasiones, las lluvias de drones y misiles se sucedieron hasta esta misma noche. La inteligencia estadounidense e israelí habían infravalorado la escala de la preparación iraní.

La lección: para tener capacidad de resiliencia hay que hacer un esfuerzo masivo y continuado en el tiempo para ganar capacidad de resistencia.

Estructuras distribuidas y reorganización en mosaico

Nada de esto valdría sin una estructura capaz de pasar automáticamente de la centralización jerárquica -esperar órdenes- a la respuesta en mosaico.

Fue la autonomía de las unidades de mando militar local la que les permitió mantener la iniciativa a pesar de que los ataques a infraestructuras habían cortado las comunicaciones con un mando central que, por otro lado, fue decapitado varias veces. Y no sólo eso, existen evidencias de que en distintas regiones y a una escala no menor, los mandos locales y regionales se conectaron entre sí para organizar ataques conjuntos.

Las estructuras distribuidas no son sólo más resistentes, sino que educan a sus componentes para la resiliencia posterior a la descomposición de la red.

Conocimiento abierto y seguimiento de información a escala global

El 14 de marzo un tutorial detallado sobre cómo derribar un F-35 estadounidense apareció en las redes sociales chinas. Era obra de uno de esos círculos de influencers centrados en el frikismo militar que hay en todos los países. La publicación obtuvo pronto decenas de millones de visitas.

La defensa iraní todavía tenía gente escuchando a nivel global. Cinco días después, el 19 de marzo, Irán derribó por primera vez un F-35 estadounidense.

Ampliar el tablero de juego y golpear donde el enemigo no está

La estrategia de resistencia y respuesta de Irán ha involucrado no sólo a los proxies a los que ya buscaba Israel (Hezbollah) o EEUU (milicias iraquíes) sino a otros más periféricos como los hutíes yemeníes, para hacer realidad el consejo de Lawrence: ampliar el tablero de juego y golpear donde el enemigo no está.

El resultado: la amenaza de cerrar bal el Mandeb trastocó el mapa del conflicto y multiplicó los costes del cierre de Ormuz.

¿Cómo se traduce todo ésto al mundo civil?

La propia sociedad civil iraní dio ejemplos de la aplicación de toda esta lógica durante la guerra y por su propia cuenta. De forma espontánea se desarrolló un sistema distribuido de alerta de misiles para protegerse de los bombardeos diseñado para suplir la falta de un sistema de alerta oficial. Ni que decir tiene que el sistema protegía también a los civiles de las razzias de la represión política del régimen.

Pero el alcance de las lecciones de la resistencia del estado iraní van mucho más allá de la propia guerra porque va en el sentido de las tendencias definitorias del desarrollo tecnológico.

  • Socialización del conocimiento (en contradicción, como vemos claramente con la IA, de la apropiación privada de sus aplicaciones);
  • Uso de sistemas distribuidos de comunicación y producción;
  • Paso de la escala al alcance
  • Desarrollo de las capacidades que hacen posible la soberanía de estados, organizaciones y comunidades en todos los ámbitos: tecnológico, de abastecimientos, alimentario, energético...

¿Cómo se traduce eso a una estrategia de desarrollo social y comunitario?

Estamos ya de forma abierta en un nuevo y aún más bárbaro mundo del que conocíamos. En este nuevo entorno global, que va a fractalizarse hasta dar forma a cada aspecto de nuestra vida, tenemos que apropiarnos y dar sentido humano y social a las grandes tendencias de fondo de nuestra época:

  • Apostar por el conocimiento libre y encontrar formas nuevas formas para su socialización al margen de la Big Tech
  • Reforzar y extender las formas distribuidas de comunicación, distribución y coordinación
  • Desarrollar las capacidades de alcance -producir más cosas distintas con las mismas herramientas y cadenas- sobre las de escala -producir más cantidad del mismo output
  • Ganar capacidad de soberanía y resistencia local y organizativa ante todo tipo de disrupciones, cortes de suministros, etc. Esto implica cosas como sustituir la dependencia de la Big Tech por el uso de tecnologías libres, apostar por la auto-producción energética local, aumentar la autonomía alimentaria, la farmaceútica y la de producción de bienes básicos, y el uso generalizado de sistemas de comunicación distribuidos.

Y en el aspecto moral/ideológico, restaurar la idea de comunidad en continuidad con toda una historia anterior ligada a una causa colectiva universal.

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