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La devaluación del trabajo en España

La salida de la crisis de 2009 no supuso el fin de la devaluación del trabajo.

La devaluación del trabajo en España
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El Zeitgeist mira de nuevo al trabajo

Es tema en toda Europa: la confusión empleo-trabajo, la precarización y la degradación de las condiciones laborales han devaluado la consideración social del trabajo, especialmente entre las generaciones más jóvenes. España, cómo no, ha sido vanguardia y pionera en esa transformación cultural de bases muy materiales.

En estos días leíamos a todo un exministro de Economía del presidente Zapatero y alto directivo público con el presidente Sánchez, acumular algunos datos para concluir que el PSOE y Sumar llevan desde 2018 haciendo política económica para los ricos. Y ayer mismo, en la presentación de un informe de coyuntura, responsables de CCOO reconocieron que entre 2018 y 2026, el Valor Añadido Bruto por asalariado aumentó un 44% en términos nominales, sin embargo, la remuneración media por trabajador creció un 33%, mientras que el margen bruto por asalariado obtenido por las empresas se incrementó un 55%.

Por una vez, no nos importa el zeitgeist en sí. No nos preguntaremos por qué descubren ahora lo que ha sido una losa para millones durante años. Es más importante ir más allá de los mensajes puntuales y evidenciar que éstos han sido años de devaluación del trabajo tanto en términos absolutos como en términos relativos en relación con la participación del capital. Porque ese proceso ha significado la devaluación de la vida de la gran mayoría. No sólo en España, pero muchas veces azuzada por políticas españolas innovadoras que luego se extendieron por el resto de Europa.

¿Qué ha pasado en España?

La desaparición de los buenos salarios medios

La evolución en «U» de la distribución de salarios fue una de las consecuencias más destructivas de la Reforma Laboral del presidente Rajoy. En plena crisis, al abaratar el despido, se convertía en rentable para las empresas rejuvenecer plantillas sustituyendo trabajadores con antigüedad en categorías medias por jóvenes con salarios cercanos al mínimo con reconocimiento profesional menor. Resultado, el número de trabajadores con buenos salarios -el medio de la distribución- cayó en picado mientras los trabajadores comenzaron a concentrarse alrededor del SMI .

salarios

El gobierno de PSOE-Sumar, que había prometido derogar la reforma, simplemente la parcheó, sin tocar los costes de despido y centró su política laboral en subir el SMI. Pero si los costes de despidos se mantenían bajos, la subida del SMI no podía sino acelerar el colapso de los salarios medios. Porque las empresas compensaron la subida de costes laborales despidiendo a los trabajadores de mayor antigüedad y cubriendo sus puestos con trabajadores con salarios cercanos al nuevo salario mínimo.

El efecto global de toda política que conjugue costes bajos de despido con subida del SMI será siempre una concentración de los salarios de los trabajadores en torno al salario mínimo y un «hundimiento de los salarios medios». Dicho de otro modo: los puestos con «salarios decentes» serán cada vez menos y el efecto global más probable será una reducción de la parte de la renta recibida por el trabajo.

Las estadísticas sin embargo subestiman la bajada real de salarios de los trabajadores porque no se centran en la parte izquierda de la curva, sino que ponderan con la otra parte en la que se condensan los salarios: los cuadros medios y altos, es decir, los jefes, propietarios y cortes familiares o consultoras varias, vieron subir sus salarios mientras la masa de trabajadores se acercaba al SMI. Dicho de otro modo, los cuadros corporativos y la clase directiva se han repartido bajo la forma de un aumento salarial buena parte de lo que perdían los trabajadores.

Seguridad Social: un salvamento tramposo

Con el nuevo excedente que obtenía el capital en forma de beneficios, se retocó el contrato social. Los costes laborales subieron -permitiendo financiar la Seguridad Social- sin poner en riesgo la subida de beneficios empresariales, entre otras cosas porque los salarios reales bajaron.

El resultado fue el peor de los mundos posibles: el trabajo era más caro a las empresas pero se remuneraba cada vez menos a los trabajadores.

salario real, coste laboral

La normalización de la pobreza laboral

pobreza laboral, salarios

Los resultados fueron rápidos. En España que ya había llegado a 2018 con cifras récord, la pobreza laboral en vez de reducir, aumentó en casi 600.000 personas entre 2020 y 2021 y afectó al 17,9% de los trabajadores con empleo.

Con el acceso a fondos europeos NextGeneration, la pobreza laboral se redujo hasta poco menos el 12%... pero ahí se ha estancando. La pobreza laboral está normalizada en España.

La temporalidad -y una buena porción de parados- debajo de la alfombra estadística

El mayor éxito de la contra-reforma laboral fue, aparentemente, reducir drásticamente la temporalidad de entre el 25 y el 27% a alrededor de un 12%. El problema es que en realidad lo que hizo la reforma fue esconder estadísticamente a los temporales como fijos discontinuos y a los fijos discontinuos no empleados, sacarlos de la cifra de desempleados.

Pero la situación del trabajador es distinta: los fijos discontinuos no tienen indemnización por despido como los temporales, además si la empresa no le llama ni siquiera tiene derecho a paro aunque haya cotizado lo suficiente como para pedirlo. Los «fijos discontinuos» cuando quedan sin trabajo no figuran ya como parados, sino como «demandante de empleo no parado», de modo similar a los trabajadores en ERTE. Las cifras no son menores. Los últimos datos hablan de más de 800.000 personas.

De los Derechos Universales a la Justicia Social y los vulnerables

Además de la devaluación material del trabajo, la última década ha visto una devaluación acelerada de la consideración política y cultural del trabajo. Históricamente los grandes sistemas universales -Sanidad, Educación, pensiones- habían sido un producto directo de la universalización de los esfuerzos y luchas de los trabajadores. El universalismo se consideraba el producto y el horizonte de las expectativas y demandas igualitarias del trabajo.

Sin embargo, el discurso político ha cambiado en esta década en Europa y los gobiernos de izquierda de España y Portugal ha estado a la vanguardia. Ambos consolidaron la orientación de las políticas públicas en torno a los más vulnerables. La llamada justicia social ha ido sustituyendo las políticas de rentas y ayudas universales por ayudas a las últimos 2-3 deciles de renta, ayudas selectivas por grupos demográficos, etc.

Se trata de un verdadero torpedo a la línea de flotación de los sistemas universales que se está consolidando en casi toda Europa, pero especialmente en los países mediterráneos, como un nuevo principio que ha sido abrazado por Meloni, Macron, Merz... Si este principio se extiende ahora, cuando llegue la nueva austeridad desde Alemania, a servicios básicos como el sanitario o la educación el resultado inevitable será un acelerón en el paso progresivo de los sistemas universales a un sistema asistencial como el de EEUU.

La instauración del principio de no universalidad, alimentado ideológicamente además desde el identitarismo, hará tremendamente fácil el salto. Pasar de la Justicia Social a la prioridad nacional es sólo cambiar el eje de la preferencia. Lo más difícil, romper el principio de universalidad, ya está hecho.

Recuperar el valor del trabajo es recuperarlo todo, recuperar la vida y poder ir más allá

La devaluación del trabajo en España, Europa y EEUU es la corriente de fondo que mueve la descomposición social y política en los países desarrollados y en el mundo. Fue el corazón del camino de huída hacia delante que se conoce como neoliberalismo. Huída hacia delante de una crisis de civilización que no ha hecho sino agravar. A estas alturas la civilización capitalista ha disociado a grados desconocidos hasta ahora crecimiento de desarrollo y, lo que es peor, se ha convertido en un peligro real para la especie, tanto por la vía de la guerra como por la de la destrucción ambiental.

Esa madeja no se deshará dejándose arrastrar por el ruído y la furia de los debates partidarios tal y como son hoy, cada vez más vacíos e inconsecuentes. El valor del trabajo se reconstruye conquistando el trabajo con todo lo que implica y rehaciendo el debate público a partir de las alternativas puestas en marcha.

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