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Otra vuelta de tuerca hacia la guerra

La combinación de rearme militarista y ascenso político del nacionalismo extremista en un marco general de crisis económica, devaluación del trabajo y formación de bloques económico-militares en conflicto sitúa a Europa, a América y al mundo en una posición cada vez más inestable. Pero lo que hace cada vez más peligrosa la evolución global para la Humanidad entera es la ausencia de alternativas sistémicas sobre la mesa. Las alternativas sistémicas son como los árboles: el mejor momento para plantarlas es «hace veinte años». Y el segundo mejor: ahora.

Otra vuelta de tuerca hacia la guerra
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Alemania: crisis, rearme y ascenso de la ultraderecha

En nuestra era, la de las crisis fiinancieras y las guerras mundiales, el rearme de Alemania y Japón supone necesariamente -ahora como en el siglo XX- la apertura de procesos que van más allá de la inestabilidad.

El resultado electoral de la AfD en Alta Sajonia ayer, con independencia de las alianzas de gobierno concretas del lander, hace ya imposible desver el vuelco político de Alemania hacia la extrema derecha.

¿De dónde sale ésto?

No es que no se viera venir. La AfD es el producto de la ideología nordista de la austeridad desplegada brutalmente durante la crisis griega y de la salida militarista a la crisis abrazada por socialdemócratas, democratacristianos y verdes. Merz sólo ha sido el último acelerador de la socialización al estilo militarista: presupuesto militar gigantesco (555.400 millones, equivalente al presupuesto de todo el sector púbico de Irlanda) a costa del presupuesto social, conversión de fábricas de automoción en industria militar y primeros pasos hacia la reintroducción del servicio militar obligatorio. Por algo el líder de la AfD sajona decía hoy que Merz había sido «un estupendo agente de campaña para la AfD».

En el fondo, la cuestión radica en la economía, que atraviesa una profunda crisis estructural. (...) La AfD, en realidad, surgió con motivaciones económicas. Se creó en 2013 como respuesta directa a la insistencia de Angela Merkel en que no había alternativa al rescate de Grecia —de ahí su nombre— y originalmente era un partido de austeridad fiscal que se oponía a una Unión Europea redistributiva. Tras la crisis de refugiados de 2015, se reposicionó como un partido antiinmigración y antiislámico; dos años después entró en el Bundestag.

Una de sus principales preocupaciones era mantener el llamado freno de la deuda, una enmienda constitucional que limitaba el endeudamiento público. Durante su campaña de 2025, el Sr. Merz prometió conservarlo, aun cuando impedía inversiones muy necesarias. Pero tras la victoria de los democristianos en las elecciones, llegó a un acuerdo con los socialdemócratas y los verdes antes de la formación del nuevo Parlamento para enmendar la constitución, eximiendo el gasto militar del freno. Esta medida, democráticamente cuestionable, alienó a muchos votantes de derecha. Fue en ese momento cuando la AfD superó a los democristianos en las encuestas por primera vez.

El Sr. Merz no eliminó por completo el freno de la deuda. Eso habría permitido empezar a solucionar algunos de los problemas de Alemania. En cambio, mientras el gasto no militar sigue sujeto a dicho freno, el Sr. Merz ha continuado recortando el estado del bienestar y ha instado a los alemanes a trabajar más para que la economía recupere su competitividad. Este enfoque —aumentar el gasto militar mientras se recorta en otros ámbitos— puede resultar atractivo para los analistas de política exterior, pero es políticamente desastroso. Gran parte del atractivo de la AfD reside en su enfoque en la pérdida de empleos y el deterioro de las perspectivas económicas.

La remilitarización de Alemania también ha sido desastrosa en otro sentido. Desde 2022, los partidos centristas alemanes han abandonado en gran medida su compromiso con la idea de Alemania como una «Friedensmacht» (fuerza de paz) y ahora hablan más de prepararse para una guerra a gran escala con Rusia. El Sr. Merz, por su parte, afirma que quiere que Alemania posea « el ejército convencional más poderoso de Europa ». Esto ha permitido a la AfD presentarse como el partido de la paz

Algo alarmante está apunto de ocurrir en Alemania, New York Times

La guerra de EEUU contra Alemania y el pivote ruso

EEUU, primero con Biden y luego con Trump, han alentado y utilizado la guerra de Ucrania desde el primer momento para acabar con Alemania como competidor. Las presiones para entrar en el capital del gasoducto NordStream 2 las inició Trump en su primer mandato. Merkel resistió esperando un cambio de política si volvían los demócratas. Pero con Biden las esperanzas alemanas se vieron frustradas, el demócrata no sólo no retiró las sanciones contra empresas participantes, acabó literalmente volándolo y separando a Alemania de la energía barata rusa mientras mediante la IRA succionaba los capitales con los que Alemania pretendía financiar la transición energética.

En ese marco de conflicto comercial y de capitales las clases dirigentes alemanas han priorizado dos cosas: acelerar las transferencias de rentas desde el resto de Europa que facilitan las estructuras extractivas alrededor del euro (austeridad, supremacía exportadora, weponización de los excedentes fiscales) y conservar el papel de virrey de EEUU en la UE aún a costa de sus intereses de capital directos (que empujaban hacia una colusión con China y una recuperación del comercio energético con Rusia). El primer eje es el que Alemania muestra en Bruselas, el segundo en Washington.

En esa perspectiva, la AfD puede interpretarse no sólo un subproducto útil para los objetivos de la gran industria y las finanzas alemanas sino un recambio muy coherente que les permitiría seguir alineados con EEUU si se consolidara el trumpismo. La esperanza de los sectores del poder que apoyan a la AfD es que, como querría buena parte del MAGA, la política exterior trumpista consiga separar a Rusia de China, incorporándola al bloque americano y permitiendo retomar a Alemania la fuente de energía barata que le hacía competitiva industrialmente. No es el escenario más probable, pero tampoco es todavía imposible. No sólo creen en él Rubio, el entorno de Trump y sus asesores más cercanos, la propia China, cubre riesgos cuando, por ejemplo, deja fuera a Rusia del trazado de infraestructuras de la Ruta de la Seda.

Se materialice o no, la austeridad y el militarismo de democratacristianos, socialdemócratas y verdes habrían convertido a Merz en telonero de un nuevo neofascismo que no sería otra cosa que la fusión final del neoliberalismo anglo y el ordoliberalismo alemán.

Lo más peligroso es la ausencia de una alternativa sistémica

La combinación de rearme militarista y ascenso político del nacionalismo extremista en un marco general de crisis económica, devaluación del trabajo y formación de bloques económico-militares en conflicto sitúa a Europa, a América y al mundo en una posición cada vez más inestable.

Al igual que en las décadas de 1930 y 1940, las esferas de conflicto se han multiplicado y se están fusionando. (...) Los aliados políticos [de Putin] piden repetidamente ataques directos contra Europa y el uso de armas nucleares contra Ucrania. El ataque de Hamás contra Israel en 2023 se convirtió, por etapas, en una guerra entre Israel y Hezbolá, los hutíes e Irán; luego en una guerra entre Irán, Estados Unidos y los estados del Golfo. Más recientemente, Ucrania ha dirigido ataques de largo alcance en el mar Caspio para interrumpir el suministro militar iraní a Rusia. Y las decisiones en un escenario afectan directamente los resultados en el otro

¿Ha comenzado ya la Tercera Guerra Mundial?, Bret Stephens en New York Times

Lo que hace cada vez más peligrosa la evolución actual para la Humanidad entera no es ni la guerra espacial ni la militarización de la IA, aunque le añadan puntos extra de incertidumbre y riesgo, es la ausencia de alternativas sistémicas sobre la mesa. Las alternativas sistémicas son como los árboles: el mejor momento para plantarlas es hace veinte años. Y el segundo mejor: ahora.

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