Doctrina Lawrence
La Doctrina Lawrence puede leerse, y así lo hacemos nosotros, como una guía estratégica para enfrentar cualquier tipo de conflicto sin convertir a las personas en medios de un fin («ganar»), aceptando que son fines en sí mismos y que sólo el poder arbitrario y las estructuras sociales injustas, no las personas, deberían verse dañados como consecuencia directa o indirecta de nuestra acción colectiva para transformar las cosas.
¿Por qué debería tener interés una doctrina militar? Nada más distinto de la guerra que la labor constructiva que nos planteamos. Sin embargo, la ideas vertidas por Lawrence en Los siete pilares de la sabiduría y su resumen, la entrada Guerrilla que escribió para la Enciclopedia Británica, no son realmente doctrina militar.
De hecho, Lawrence nunca se incluyó en los textos de formación militar y ni siquiera los guerrilleros del siglo XX en África, Asia o las Américas jamás lo reivindicaron. Habrá que esperar a la rama más poética del posmodernismo ( Deleuze, Guattari o Wu Ming), para encontrar una aproximación a la doctrina Lawrence como teoría de la revuelta. Y a Islands in the net de Bruce Sterling para verla reflejada como una teoría de uso general sobre el conflicto asimétrico.
La razón es que Lawrence parte de un hecho moral que es un verdadero tabú para los que piensan -y actúan- en términos bélicos: el daño causado por una pérdida humana es inaceptable, toda la comunidad muere cuando muere uno de sus miembros. Pero, ¿Se puede sostener e incluso ganar una guerra cuando el objetivo principal no es ni siquiera minimizar bajas sino evitarlas a toda costa? Lawrence responde afirmativamente. Y a partir de ahí toda su teoría se somete inevitablemente a un imperativo moral: la primacía de la vida humana sobre cualquier otra consideración.
¿Por qué es importante la Doctrina Lawrence?
La Doctrina Lawrence puede leerse, y así lo hacemos nosotros, como una guía estratégica para enfrentar cualquier tipo de conflicto sin convertir a las personas en medios de un fin (ganar), aceptando que son fines en sí mismos y que sólo el poder arbitrario y las estructuras sociales injustas, no las personas, deberían verse dañados como consecuencia directa o indirecta de nuestra acción colectiva para transformar las cosas.