Las tácticas
Una vez definidos unos límites estrictos de contención del daño, las tácticas lawrencianas son lo contrario de las militares: en vez de maximizar el daño personal, lo evitan.
Las cuatro tácticas básicas
De la lectura de Los siete pilares y Guerrilla se extraen cuatro tácticas básicas del planteamiento lawrenciano:
- No ofrecer blanco.
- No atacar a personas.
- Abandonar las propias cosas.
- Abandonar los triunfos.
No ofrecer blanco
La guerra tradicional persigue el control del territorio. La guerra lawrenciana, como veremos, su redefinición. El control no es solo innecesario para el más débil, sino contraproducente. En ese marco el combate interpersonal es un mal a evitar porque de lo que se trata es de desbaratar el control del otro haciéndolo caro e inútil.
Nuestros reinos estaban vivos en la imaginación de cada uno, y como no nos hacía falta nada en concreto para vivir, podríamos no haber expuesto nada en concreto a las armas enemigas. Un soldado resulta inútil sin un blanco, pues posee sólo el suelo que pisa y subyuga únicamente lo que puede apuntar con su rifle.
El guerrillero lawrenciano no es un Arquíloco, no tira su escudo y abandona el combate. Lo evita. Eso no quiere decir que no responda. Al revés, si se ve atacado responde colectiva y ruidosamente. Es la única manera de recuperar la sorpresa. Pero el objetivo es cubrir el reposicionamiento tras un ataque, no ganarlo para atacar luego, sino retomar la posición de libertad, fuera del alcance de las armas del otro para desafiar así su voluntad de control.
No atacar a personas
El objetivo de no disparar contra nadie, se convierte en la práctica en no atacar a los soldados del contrario. Eso no significa que los beduinos de Lawrence no ataquen. Sólo que no atacarán más que cosas inertes, objetos. Y además los menos defendidos, los más periféricos. Los de menor coste presente... Pero que impondrán un nuevo coste inmediatamente al contrario que necesita mostrar capacidad de control sobre todo el territorio en conflicto.
Este ataque era sólo nominal, y no iba dirigido contra sus hombres sino contra sus materiales -y no contra los más preciados, sino contra los más accesibles.
Abandonar las cosas
En una lógica muy epicúrea, para Lawrence lo necesario es fácil de conseguir para la comunidad combatiente. Apegarse a cualquier bien material no sería sino cargarse con un lastre y ofrecer un blanco. Cuanto menos carguemos con nosotros, menos tendremos que defender y menos probable será el combate indeseado. Abandonar los lastres materiales es una técnica triunfadora.
Nosotros no teníamos bienes materiales que perder ; por eso nuestra mejor línea de conducta era no defender nada y no disparar contra nadie. Nuestras bazas eran la rapidez y el tiempo, no la potencia de fuego.
Abandonar los triunfos
Si el apego a las cosas es peligroso, el apego a los triunfos es aún más venenoso. De hecho es una característica del mundo militar tanto como del corporativo sembrar así sus propios fracasos. Es Bush en Irak o las empresas exigiendo propiedad intelectual sin querer entender que innovar es no aferrarse a la innovación pasada, sino abandonar el combate por ser reconocidos sus creadores para centrarse en crear una nueva innovación en otro campo.
El ejército árabe no trató nunca de mantener o mejorar una ventaja, sino que retrocedía y volvía a golpear en algún otro lugar. Usaba la menor fuerza en el menor tiempo y en el lugar más alejado. Continuar la acción hasta que el enemigo cambiara sus disposiciones para resistir hubiera supuesto romper el espíritu de la regla fundamental de jamás ofrecerle blanco.