La estrategia
La estrategia lawrenciana consiste en «dar la vuelta» a las condiciones materiales desfavorables ampliando constantemente el territorio en disputa a base de golpear una y otra vez donde el enemigo no está. La vastedad del territorio de conflicto así redefinido, ahoga la posibilidad de control del ocupante.
Ampliar constantemente el territorio en disputa golpeando donde el enemigo no está
Lawrence acaba su artículo para la Enciclopedia Británica recordando que:
Los factores algebraicos son al final decisivos, y contra ellos las perfecciones de medios y de espíritu combaten del todo en vano.
Sin embargo, los factores algebraicos no se reducen al número de efectivos. La estrategia que lleva al triunfo de la guerra árabe es ampliar continuamente el campo de batalla hasta hacer tan costoso mantener el control que el control se vuelve insostenible
Traducido al árabe, el factor algebraico tomaría primeramente en consideración el área a conquistar. Un cálculo eventual indicaba quizás 140.000 millas cuadradas. ¿Cómo iban los turcos a defender todo eso? Sin duda con una línea de trincheras, siempre y cuando los árabes fueran un ejército que atacara con las banderas al viento. Pero supongamos que fueran una influencia, algo invulnerable, intangible, sin frente ni retaguardia, que se mueve como el gas. Los ejércitos son como plantas, inmóviles como un todo, enraizados, nutridos por largas ramas que llegan hasta la cabeza. Los árabes eran como un vapor llevado por el viento.
La operación lawrenciana es aumentar el territorio en disputa para convertir al otro en un...
Ejército disciplinado de ocupación demasiado pequeño para cumplir la doctrina de la extensión: muy pocos soldados como para ajustar el número al territorio, como para dominar con eficacia el área completa desde puestos fortificados.
Y es obvio que el territorio también es para él un territorio social cuando asegura en su fórmula que el ejército insurgente...
Debe contar con una población amistosa, no activamente amistosa pero simpatizante hasta el punto de no desvelar los movimientos rebeldes al enemigo. Las rebeliones pueden hacerse con un 2 por ciento de la fuerza en activo, siempre que el 98 por ciento pasivo simpatice con la causa.
La inmensidad del desierto -y del desierto la pasividad social- son la herramienta que, correctamente usada, permiten darle le vuelta a la tortilla de la superioridad de fuerzas aparente:
Los ejércitos son como plantas, inmóviles como un todo, enraizados, nutridos por largas ramas que llegan hasta la cabeza.
La doctrina Lawrence, al final, consiste en obligar al árbol a extender sus raíces más allá de lo sostenible, convirtiéndonos en un vapor llevado por el viento que golpea una y otra vez donde el enemigo no está.
El flanco turco actual se extendía desde su línea del frente hasta Medina, una distancia de unas 50 millas: pero si la fuerza árabe se moviera hacia el ferrocarril de Hejaz, detrás de del enemigo) potencialmente hasta Damasco, 800 millas más al norte. Semejante movimiento obligaría a los turcos a ponerse a la defensiva, y mientras, la fuerza árabe podría recuperar la iniciativa. En todo caso, ésta parecía ser la única posibilidad y así, en enero de 1917, los hombres de Feisal volvieron la espalda a La Meca, Rabegh y los turcos, y marcharon 200 millas al norte hasta Wejh. (...) Este excéntrico movimiento actuó como un hechizo.
Los árabes no hicieron nada en concreto, pero su marcha puso en guardia a los turcos (que se hallaban ya a las puertas de Rabegh), los cuales volvieron a movilizar sus fuerzas otra vez hasta Medina. Allí la mitad de la fuerza turca se atrincheró alrededor de la ciudad, una posición que mantendría hasta después del armisticio. La otra mitad fue distribuida a lo largo del ferrocarril con el fin de defenderlo de la amenaza árabe. Durante el resto de la guerra los turcos estuvieron a la defensiva, mientras que los grupos tribales árabes fueron ganando ventaja tras ventaja
Lawrence cuenta en Los siete pilares de la sabiduría su propia epifanía al respecto:
Calculé cuántos hombres harían falta, de disponer de toda aquella tierra, para salvarla de nuestro ataque en profundidad, mientras la sedición levantaba la cabeza sobre cada una de las cientos de miles de millas que quedaban sin custodiar. Conocía bien al ejército turco […], que habría tenido necesidad de un fortín cada cuatro millas cuadradas, y un fortín implicaba al menos veinte hombres. Si hacíamos el cálculo, harían falta seiscientos mil hombres para neutralizar la enemistad de todos los pueblos árabes, más la hostilidad activa de unos pocos combatientes armados.
Es entonces, cuando los árabes ya han forzado el enroque del ejército turco en Medina, cuando se da cuenta de que ni siquiera la imagen de la conquista final tiene sentido. Con una buena parte del ejército turco aislado y atrincherado en las ciudades, la rebelión ya había triunfado.
Una tarde me desperté de un sueño pesado, bañado en sudor y devorado por las pulgas, preguntándome de qué servía Medina a fin de cuentas. […] Nosotros ya bloqueábamos el ferrocarril y ellos lo defendían. La guarnición de Medina, reducida a proporciones insignificantes, estaba agazapada en las trincheras y destruía ella misma sus propias posibilidades de movimiento, comiéndose a los animales que ya no sabía cómo alimentar. Les habíamos privado de la posibilidad de hacernos daño y ahora queríamos además adueñarnos de su ciudad. Pero, ¿para hacer qué?
Dominar el desierto es como dominar el mar: no hace falta tomar los puertos. Sólo empujar hacia ellos al contrario por haber hecho imposible al contrario dominar su inmensidad.
Por su carácter, estas operaciones tenían algo de guerra naval, en su movilidad, en su ubicuidad, su independencia de las bases y en su ignorancia de características básicas, de áreas estratégicas, de direcciones fijas, de puntos fijos. «Aquél que domina en el mar disfruta de gran libertad, y puede tomar tanto o tan poco de la guerra como desee»: aquél que domina en el desierto es igualmente afortunado.
Las condiciones estratégicas para la victoria
Condiciones internas
Para poder sostener las tácticas y la estrategia lawrenciana el grupo insurgente de garantizarse una serie de condiciones que Lawrence define como:
- Movilidad: la capacidad para golpear donde el enemigo no está.
- Seguridad: la capacidad material de negar blancos al enemigo,
- Tiempo: la capacidad para sostener la rebelión indefinidamente por tener sus propias fuentes de avituallamiento.
- Doctrina: es decir, que la idea que define al grupo tenga la potencialidad de convertir el entorno en simpatizante -siquiera pasivo- o amigo. Los insurgentes deben hacer que esa potencialidad se materialice en que el entorno se convierta en amistoso, no activamente amistoso pero simpatizante hasta el punto de no desvelar los movimientos rebeldes al enemigo.
Condiciones técnicas
Para eso...
Los pocos rebeldes activos deben poseer las cualidades de resistencia, velocidad y ubicuidad, y contar con arterias de abastecimiento independientes. Deben contar también con el equipo técnico necesario para destruir o paralizar las comunicaciones organizadas del enemigo.
Condiciones sociales
Pero sobre todo, deben ser capaces de combatir socialmente, en la interpretación y la comunicación del conflicto, empezando por la moral de los propios...
El mando árabe debía preocuparse pocas veces por lo que hicieran sus hombres, pero muchas por lo que pensaran, siendo la diatética para él más de la mitad del mando.
Y expandiendo su propia convicción de dentro a fuera:
El mando del ejército árabe debía poner las mentes de sus hombres en orden para la batalla, cosa que hacía de forma tan meticulosa y formal como otros oficiales ordenaban sus cuerpos. Después, y en la medida de lo posible, se ponían en orden también las mentes del enemigo, la de la nación que lo apoyaba tras la línea de fuego, las de las neutrales que miraban y la mente de la nación hostil a la espera del veredicto.
De hecho Lawrence cuenta que el ejército árabe consideraba que...
Había ganado una provincia cuando los civiles en ella habían aprendido a morir por el ideal de la libertad: la presencia o ausencia del enemigo era un asunto secundario.
Contar con un sagrado territorial y moral
Un sagrado físico y un sagrado moral y social:
La rebelión ha de tener una base intocable, protegida no meramente del ataque sino del miedo al ataque: una base como la que la revuelta árabe tenía en los puertos del Mar Rojo, en el desierto o en las mentes de los hombres convertidos a su credo.