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La aparición de un catolicismo identitario

Está creciendo un nuevo catolicismo militante entre los jóvenes. No es mayoritario. Tampoco tiene que ver con la espiritualidad ni con las preocupaciones sociales. Parece más bien el producto de una generación violentada por el identitarismo e incapaz de encontrar causas y esperanzas comunes, que busca en un relato histórico convencional pero incierto cómo legitimar la exigencia de un trato preferente.

La aparición de un catolicismo identitario
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Cuando parecía que el identitarismo aflojaba por fin...

La izquierda europea, influida por la universidad estadounidense y el partido demócrata, ha vivido en la última década una deriva identitarista que le ha alejado del universalismo y socavado la cohesión social básica, lo que ha contribuido en gran medida a alimentar el ascenso de la extrema derecha. Y cuando parecía que la furia atomizadora empezaba a perder fuerza... renace por la derecha instrumentalizando el catolicismo.

La nueva derecha religiosa en EEUU

El último boletín sobre religiones del Washington Post, que se publica los viernes nos habla de una nueva derecha religiosa en EEUU muy diferente de la mayoría moral de Reagan y las décadas de hegemonía evangélica.

Nos habla de un mundo de influencers integristas que crece entre los jóvenes ofreciendo pertenencia y azuzando confrontación a base de antisemitismo y xenofobia antimigrante. Todo entre gestos grandilocuentes e imágenes barrocas.

Muchos de estos influencers son católicos tradicionalistas, atraídos por la misa tradicional en latín y distanciados de la jerarquía eclesiástica. Están creando una derecha religiosa distinta de la que antaño lideraban los evangélicos.

Lejos de ser un signo de fe resurgente, la política de identidad cristiana es un síntoma de decadencia religiosa. Como ha señalado un observador , el hecho de que los estadounidenses sean cada vez más seculares y menos versados ​​en materia religiosa ha hecho que la religión adquiera mayor relevancia como marcador de diferencia política, incluso cuando las invocaciones a ella se vuelven menos fundamentadas.

Inglaterra y Gales

En The Guardian, Zoe Williams denunciaba hace poco que, al menos parte, de los GenZ que se reivindican católicos o anglicanos caen atrapados por shows de influencers en los que:

Hay muy poca interacción con las escrituras bíblicas o la práctica católica, más allá de utilizar una idea vagamente definida para justificar la celebración de ideas y argumentos de derecha.

Y para bien y para mal, remarcaba el hambre de pertenencia, identidad y comunidad en una generación que ha tenido muchos menos espacios comunitarios a su alcance

Además, años de austeridad en Inglaterra y Gales han provocado una drástica disminución en el número de centros comunitarios y salones públicos, así como una caída en el gasto en bibliotecas, teatros y museos. Los jóvenes que buscan un sentido de comunidad pueden encontrar que una iglesia o catedral local es el único lugar cercano con horarios de apertura regulares y gente dispuesta a conversar y escuchar.

Precisamente, esta semana se publicaba un estudio en Francia que mostraba una correlación entre la pérdida de terceros lugares como terrazas, cafés-tabac y bares, y el ascenso de la extrema derecha, es decir, la expresión política del identitarismo cultural anti-migrante.

Francia

De hecho, la relación entre la descomposición de lo comunitario y el ascenso del identitarismo aparece claramente en el relato que Marianne hace del reciente aumento de conversiones al catolicismo al Norte de los Pirineos.

Se convierten sobre todo los hijos de familias ateas (63%) y especialmente mujeres jóvenes, que en un mundo en el que, política y socialmente se acepta el carácter definitorio de «ser musulmán» o «ser judío» pero no el de ser ciudadano sin más, aceptan el juego identitario y buscan un lugar desde el que poder «definirse» e «identificarse» frente al otro (musulmán o judío).

En todas partes, estamos viendo un resurgimiento de las convicciones religiosas. Y este fenómeno es particularmente visible entre los católicos que desean ser identificados como lo son judíos y musulmanes.

«Una búsqueda de sentido que las lleva al redescubrimiento de la religión. Algunos se refugiarán en un entorno que discrepa con su familia, su cultura o su entorno, mientras que otros redescubrirán sus raíces y se afirmarán como individuos a través de la religión» , explica el profesor Philippe Martin.

Que el periodista no ponga «raíces» entre comillas y no tenga que aclarar que por «religión» el profesor se refiere a la religión católica, dice mucho del mal estado de los valores republicanos en Francia. Que los jóvenes busquen la identidad en la religión y no en el trabajo, el modo de vivir o en el hecho de compartir una utopía social, nos habla de hasta qué punto el tramposo y esencialista discurso decolonial anglo y las campañas sobre la islamofobia han calado entre los jóvenes. Se sienten excluidos del modelo de sociedad racializada y des-secularizada que se dibuja tras el llamado indigenismo pero responden en los mismos términos identitaristas.

España

En España, nos contaba Esteban Hernández en El Confidencial, se está produciendo más que un cambio de tendencia, un cambio en la motivación y el modo de vivir la religión del joven católico

Como afirma Ricardo Calleja, profesor de ética en el IESE y director de un colegio mayor madrileño, hay una brecha «entre la evidencia anecdótica, eso que se percibe aunque no se note estadísticamente, y los números que aparecen en las estadísticas. Lo que estas dicen es que «existe una desaparición del catolicismo más inercial y un reforzamiento en número relevantes, pero no masivo, del catolicismo más vivencial, que se traduce en bautismos de adultos, como en otros países, y luego en muchas formas de vida religiosa que tienen en común un cierto identitarismo».

¿Vuelve la religión como identidad política?

Todos estos relatos tienen dos lecturas. En una primera, los jóvenes de familias no migrantes, se sienten desplazados por los nuevos vecinos que llegan con identidades religiosas fuertes -musulmanes en el mundo anglo y Francia, musulmanes y evangélicos en España- y mimetizan la lógica identitaria. Buscan en un catolicismo tradicionalista y confrontativo, algo que les de relevancia en el relato de su relación con el territorio. El discurso desubicado sobre los orígenes cristianos de Europa se habría convertido en el trampolín de la balcanización barrial y de los pueblos.

La otra lectura es que cuando se destruye lo comunitario -porque desaparecen los espacios comunes y los objetivos y esperanzas compartidas- en su lugar aparece lo identitario y la religión sale de la esfera personal/espiritual para convertirse en arma arrojadiza y argumento de legitimidad para exigir un trato preferente.

Por eso el desarrollo del identitarismo se produciría tanto entre migrantes como entre aborígenes. En esa lectura la segregación escolar de facto de las últimas décadas, la destrucción de espacios comunitarios, la precarización y la desaparición de la idea de un futuro mejor en la perspectiva vital y social serían los responsables principales.

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