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¿Es la generación Z reaccionaria?

La imagen de los jóvenes que proyectan estudios y opinadores es culpabilizadora y sensacionalista. Proyecta los prejuicios de las generaciones anteriores y la estrechez de sus categorías más que las inquietudes declaradas de los supuestos sujetos de estudio. Menos mal que nos queda Harry Potter, ese milenial ya casi madurito, para arrojar un poco de luz sobre la Generación Z.

¿Es la generación Z reaccionaria?
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Una encuesta sesgada

Hoy se ha hecho público un estudio de la fundación Allianz sobre las posturas políticas de los jóvenes. Se realizó con 1.700 jóvenes de entre 16 y 39 años de Alemania, Francia, Italia, Polonia y España. Es decir de los países que albergan al 65 % de todos los jóvenes de la UE. Los analistas de la fundación resumen así sus hallazgos:

Las jóvenes generaciones europeas impulsan un cambio radical. El 65 % insta a los responsables políticos a tomar medidas decisivas hacia la transformación ecológica y a replantear el paradigma imperante de crecimiento económico. Al mismo tiempo, muchos están perdiendo la confianza en los sistemas políticos diseñados para impulsar este cambio, ya que el 28% afirma que el camino a seguir es, paradójicamente, un retroceso hacia una Europa con menos inmigrantes, roles de género tradicionales y menos confrontación con los capítulos más oscuros de su historia.

Spiegel anunciaba los resultados de forma aún más alarmante con unas comillas muy llamativas:

«Regreso a los modelos familiares tradicionales» y «reducción de los derechos de las minorías»: Según un estudio, un grupo significativo de jóvenes de entre 16 y 39 años mantiene actitudes retrógradas. ¿Qué tan peligroso es esto?

Cuando escuchamos roles de género tradicionales tendemos a pensar en sometimiento de las mujeres, discriminación de gays y lesbianas, etc. Lo que obviamente es regresivo. Pero ¿realmente dijeron ésto un 28% de los jóvenes encuestados en toda Europa y un 27% de los españoles? Cuando nos sumergimos en el informe descubrimos que la afirmación que suscribieron fue:

Los políticos deberían prestar más apoyo a los roles de género y las estructuras familiares tradicionales.

Dicho de otro modo: creen que la crianza por un padre y una madre y las personas que se definen como heterosexuales están siendo marginadas por el discurso oficial y/o las políticas públicas. Se puede estar de acuerdo o no, pero... dudosamente estamos ante un posicionamiento reaccionario o regresivo en sí.

Por otro lado, tampoco afirmaron que las minorías deban ser privadas de derechos. Atentos a la afirmación que se les presentaba:

Creo que las minorías sociales y culturales -como las personas transgénero, los inmigrantes o los activistas climáticos- tienen demasiada influencia e imponen sus reivindicaciones en nuestra sociedad.

De nuevo parecería que el entrevistador considera reaccionarios a las feministas del PSOE en España, a Sarah Wagenwert en Alemania o a los alcaldes del PCF y el PS que denuncian la toma de barrios por los Hermanos Musulmanes en Francia, y que busca poner marcadores que equiparen sus posiciones a las de la ultraderecha. Pero en realidad, el 28% de los encuestados que se identificaron con estas afirmaciones estaban en todos los segmentos ideológicos -en el segmento más a la izquierda eran el 14%- y desde luego no dijeron ni que quisieran forzar una vuelta a la familia autoritaria patriarcal ni que quisieran reducir los derechos de las minorías.

El problema es que para los autores del estudio, lo que no es identitario es reaccionario. Y ese sectarismo identitarista condiciona la mirada sobre los jóvenes que realiza el estudio haciendo más confusas de lo necesario las cifras que muestra.

Algunos datos útiles

Al ver la segmentación en grupos, lo primero que llama la atención es que la pasividad sigue siendo la característica dominante y se concentra en el centro y la derecha. Lo segundo, que hay un corrimiento general hacia la derecha, seguramente alimentado por la década identitarista de la izquierda.

juventud, europa

Más allá de ésto, llama la atención que sólo el 20% ha ayudado de una manera u otra, por laxa que sea, a poner en marcha algún tipo de iniciativa. Pero se pueden ver las raíces de la pasividad en algunas respuestas:

  • La causa más citada para temer involucrarse social o políticamente es que genere algún conflicto con amigos y familia (bendita sectarización y crispación del discurso de los grandes partidos). En España lo declara el 30% frente sólo un 9% que teme consecuencias judiciales y el 11% que teme verse involucrado en situaciones violentas. Llama la atención el 26% al que le preocupa la frustración o salir quemado de una experiencia militante.
  • El efecto «redes sociales» también se paga. Entre los supuestamente activos se cuentan los que simplemente han expresado sus opiniones o discutido online. El resultado es que salvo en la categoría Derechos Humanos que incluye entre otras muchas cosas cuestiones como vivienda o condiciones laborales, en las otras dos que usa el estudio como referencia para izquierda y derecha -cambio climático, valores tradicionales, sea lo que sea que signifique eso- el número de los que dicen haber actuado individualmente supera a los que lo han hecho colectivamente.

Los investigadores recomiendan, según cada grupo, cosas como «crear redes seguras» para animar a los jóvenes a involucrarse venciendo sus miedos. Pero sinceramente, estas recomendaciones no parecen están basadas en declaraciones de los propios jóvenes y tienen demasiado sabor a paternalismo condescendiente como para que las podamos tomar en serio.

Harry Potter nunca miente

Más clarificador resulta un artículo aparecido ayer en el New York Times comentando un tema aparentemente menor: la dificultad de la saga de Rawling para enganchar a la nueva generación.

Antes de citar algunas líneas extractando y reordenando el texto original, una aclaración, la autora define los valores progresistas (liberal values) como:

Tolerancia política, oposición al autoritarismo y la violencia, y fe en el sistema democrático

A partir de ahí, compara los valores de fondo de los milenials con los de la generación Z en el mundo anglófono.

A los millennials les gusta Harry Potter mucho más que a las generaciones más jóvenes. La historia captura una visión del mundo que ya no resulta atractiva para los jóvenes de hoy, hastiados por las experiencias del declive económico, la polarización política y la creciente tensión identitaria. Han perdido interés por Harry Potter porque han perdido interés por la visión del mundo que representa la serie. Es decir, los jóvenes han perdido interés por las ideas progresistas.

La política milenial, al menos la de izquierdas, encajaba bien con la moral del mundo mágico. A pesar de su oscuridad ocasional, los libros de Harry Potter reflejan la visión esperanzadora distintiva de la época y el lugar de su creación. Y la generación de Harry Potter absorbió exactamente el mensaje que se suponía que debía absorber: que el progresismo siempre triunfará sobre las fuerzas del mal. Los jóvenes ya no piensan así.

Los Zoomers se forjaron en un mundo diferente. La suya es una generación que maduró tras la crisis financiera mundial de 2008 y, desde entonces, ha presenciado largos periodos de estancamiento salarial y declive de la estabilidad estatal, no solo en Estados Unidos, sino también en gran parte del mundo occidental. Son una generación que apenas ha conocido un período de optimismo político; una generación más propensa que sus predecesores a ver sus vidas controladas por fuerzas externas, en lugar de por sus propias decisiones y voluntad.

Eso podría explicar por qué el optimismo en el universo de Harry Potter ya no es tan relevante en la actualidad. Los protagonistas de Harry Potter no son personas especialmente extraordinarias; tienen talento en ciertos aspectos y, a menudo, valentía, pero Rowling enfatiza mucho su carácter corriente. Nos invita a creer que la gente común —niños, por cierto— es capaz de derrotar a las fuerzas del mal. «Es un libro sobre triunfadores», como me comentó un amigo más joven, y los Zoomers no se ven así.

El camino de salida de la pasividad y el derrotismo

Es decir, volvemos de nuevo a la cuestión central de este año: estamos ante una crisis de la esperanza. En particular la idea de que las propias acciones, individuales o colectivas, sirven para cambiar las cosas y ganar un espacio, individual o colectivo, en un futuro mejor.

La demanda implícita no es de redes de seguridad. La demanda implícita es de modelos de éxito alternativos tanto a la desesperación airada como a los pelotazos que -como las cripto- sirven de cebo y justificación al sálvese quien pueda que exhala un mundo cada vez más decadente y hostil. Modelos de éxito que pasan necesariamente por un nuevo modo de vivir.