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Vivienda diseminada, incendios y repoblación

Tras los recientes incendios forestales, la vivienda diseminada ha sido injustamente señalada por sectores que ignoran su valor social y ecológico. Lejos de ser el problema, este modelo tradicional de habitabilidad -vinculado históricamente a la explotación extensiva del territorio y a la prevención de catástrofes- se redefine hoy gracias a la tecnología como una solución clave, sostenible y autónoma para frenar la despoblación rural.

Vivienda diseminada, incendios y repoblación
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Culpar a la víctima, menospreciar su cultura

cambio climático, veranoEl desastre de los Gallardos es hoy noticia en todo el mundo. La rápida evolución de los veranos españoles a consecuencia del cambio climático es el tema de fondo en la mayoría de ellos. Salvo en España, claro. Aquí no han faltado medios y tertulianos que, a falta de aporte, no han tenido mejor idea que cargar contra las viviendas diseminadas.

Es algo más que el viejo vicio de culpar a la víctima para ocultar en la falsa indignación el fondo incómodo a los políticos tras los que se alinean (en este caso el cambio climático). Algo más también que el acendrado desprecio a miles de años de cultura rural y arquitectura popular. Hay, ante todo, una profunda incomprensión. La misma que impregna, por cierto, la mayor parte de las normativas urbanísticas.

El problema de los que entienden la cultura en términos identitarios y estéticos es que no comprenden que si un sistema de población dura durante siglos es porque ecológica y económicamente representa un óptimo. Y el hecho que no saben apreciar es que las formas tradicionales de población diseminada están vinculadas a la explotación extensiva de los recursos.

La función tradicional de la vivienda diseminada

ovejas, pastoreo, dehesa

Cuando hoy vemos pueblos del Sur de Extremadura que han perdido más de la mitad de la población desde 1960, es inevitable preguntarse dónde vivían los vecinos que faltan. No es difícil responder: vivían en cortijos y casas en mitad del campo. ¿Por qué? Porque trabajaban en las propias fincas y explotaciones diseminadas por el territorio.

Si conservamos entornos a medio caballo entre el ecosistema y el agrosistema como la dehesa meridional ibérica o los bosques cantábricos es gracias a ese tipo de economías, muchas veces sostenidas en comunales, que generan un equilibrio con el medio natural basado en la explotación extensiva del ganado. El ganado mantenía a raya la maleza y la yerba seca en la dehesa y el bosque y los incendios se hacían mucho más improbables.

El abandono de explotaciones ganaderas y forestales y la despoblación del rural han roto hoy ese equilibrio. Al sumar a eso con el cambio climático el resultado es tener una auténtica y terrible temporada de incendios.

Los argumentos contra la vivienda diseminada ya no aplican

vivienda diseminada El argumento tradicional de la concentración urbana es el coste de las infraestructuras públicas necesarias para hacer posible la habitabilidad de las viviendas. Sin embargo el desarrollo de tecnologías asequibles de pequeña escala tanto de producción de energía fotovoltaica como de depuración de aguas residuales hace que a día de hoy estas viviendas sean más sostenibles, aporten más a la soberanía energética y de modo más limpio que las viviendas de los cascos urbanos, por mucho autoconsumo que pongan. Y cargando con sus propios costes de inversión, instalación y mantenimiento.

¿Qué debería asegurar el propietario no ganadero de una vivienda diseminada? Que va a hacerse cargo de una finca de cierto tamaño y asegurar el mantenimiento preventivo de incendios, entrando en un sistema de pastos rotativos o cuando menos asegurando en ciertas fechas el acceso a los rebaños municipales.

La vivienda diseminada y la repoblación

La vivienda diseminada es clave para repoblar el rural. No sólo las tecnologías de producción energética o depuración son cada vez más asequibles. La conectividad a Internet y por tanto la posibilidad de teletrabajo está cubierta en todo el territorio a precios aceptables tanto por Hispasat como por Starlink.

Y lo más importante, en las grandes ciudades son muchas más las personas que desearían vivir en el campo que las que aspiran a vivir en un pueblo. Ese grupo social es la cantera más interesante para los pueblos pequeños que no tienen vivienda disponible y que son la mayoría en las comarcas en despoblación.

La cuestión es ¿actualizamos la cultura tradicional de la vivienda diseminada -y la regulacióbn- para que sirva a las necesidades y demandas de hoy o la despreciamos y condenamos a la impotencia todos los veranos?

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