Enlil: cómo las herramientas de gestión de proyectos moldean el sentido del trabajo
Las herramientas no son neutrales: condicionan cómo trabajamos, cómo nos relacionamos y qué sentido damos a lo que hacemos. Desde la hoz hasta el software de gestión de proyectos, cada tecnología impone un ritmo, una lógica y una forma de entender la contribución individual. Hoy, muchas herramientas digitales prometen eficiencia, pero generan fragmentación, presión y pérdida de propósito. En este artículo exploramos, desde la psicología individual de Alfred Adler, cómo la obsesión por las tareas puede vaciar de sentido el trabajo y cómo Enlil, una herramienta de gestión de proyectos desarrollada desde una mirada adleriana, propone devolver visibilidad, comunidad y significado al hacer colectivo.
Las herramientas dan forma al trabajo
Alfred Adler, el padre de la Psicología Individual, situaba el sentimiento de comunidad (Gemeinschaftsgefühl) y la orientación a metas como pilares del bienestar psicológico. El trabajo, en este marco, no es solo una necesidad económica, sino un canal fundamental para contribuir al bien común, sentirnos útiles y superar ese «sentimiento de inferioridad» original a través de una «compensación socialmente útil».
Sin embargo, ¿cuántas personas experimentan su trabajo así? La alienación laboral, fruto de una mala gestión y del vaciamiento del sentido, convierte el trabajo en una fuente de frustración, desconexión y ansiedad. Nos sentimos engranajes reemplazables en una máquina cuyo propósito final desconocemos.
Esta dinámica no es nueva. A lo largo de la historia, las herramientas han condicionado profundamente la naturaleza del trabajo. El ritmo de la hoz, la precisión del torno del alfarero o el estruendo de la máquina de vapor no solo definían qué se hacía, sino cómo se hacía y a qué ritmo, al punto de que el martinete de las forjas dio nombre y ritmo al palo flamenco de los herreros. Cada herramienta imponía las destrezas requeridas al trabajador y determinaba en última instancia, la relación del trabajador con su obra. La herramienta era una extensión de la persona hacia la tarea.
…las digitales también
Hoy, muchas herramientas han mutado en bits. Con el despliegue de la informática, los software de gestión de proyectos, aparecen como las nuevas las hoces y tornos del conocimiento. Su promesa: organización, eficiencia, transparencia.
Podemos citar muchas de estas herramientas (Trello, Asana, Jira...). Todas responden a la misma lógica: la disgregación extrema en tareas (tickets, cards, items) para su asignación óptima, aliñada con notificaciones y recordatorios que invaden tu pantalla a ritmo de taquicardia. El objetivo declarado es «llegar a tiempo». Pero el resultado, a menudo, es un mosaico de micro-tareas sin contexto, donde el «para qué» y el «para quién» se diluyen. El trabajador se enfrenta a un muro de post-its digitales que debe «limpiar». El sentimiento de comunidad es reemplazado por la presión del rendimiento individual mensurable.
Enlil: La herramienta que hace visible la contribución
Aquí es donde Enlil –desarrollada por la Compañía Maximalista para la Fundación Repoblación en el marco de RuralNEXT– propone un giro radical desde una filosofía profundamente adleriana.
Enlil también descompone procesos para planificar tareas complejas. La diferencia crucial está en el diseño de la experiencia y su propósito. No se trata de una colección de ítems para tachar, sino de un mapa que hace visible para todos los miembros del equipo el aporte de cada uno y cómo se conecta con el todo.
Cada tarea se asigna con un sentido explícito que se comunica al recibirla. No es «haz X», sino «necesitamos X para poder enviar el informe a xx, lo que permitirá Y». Cada día empieza con una propuesta clara: participar en un hacer colectivo donde cada parte, por pequeña que sea, es crucial para el conjunto.
Por ejemplo, esta mañana todo el equipo de voluntarios, trabajadores y patronos de la Fundación Repoblación recibimos el siguiente mensaje en el grupo que compartimos en Telegram:

Para cada uno de los 16 proyectos que tenemos en marcha en este momento recibimos un mensaje similar. Además, los involucrados, reciben un mensaje cada mañana preguntando si quieren recibir ya sus tareas del día. Si responden afirmativamente reciben inmediatamente un checklist privado que han de marcar cuando realizan la tarea.

Cuando María marca la tarea de arriba como realizada, el resto de personas involucradas reciben un mensaje que les recuerda que gracias a que otro miembro del equipo hizo su parte, ahora ellos van a poder realizar la suya. Por ejemplo, en este caso Ana recibiría:

Además de sus tareas del día, cada miembro del equipo puede pedirle al robot de Enlil en su Telegram en cualquier momento:
- Los mapas de objetivos de cada proyecto del que el equipo es parte con sus cadenas de dependencias, es decir con qué necesita cada uno de los miembros de los demás, para poder hacer qué y con qué resultados conjuntos finales.
- Su calendario diario de tareas por semanas y/o meses
- El calendario de los equipos en los que está
- Las tareas realizadas por todos los miembros de su equipo durante las últimas 24 horas
El resultado trasciende la mera eficiencia; se trata de una transformación en la experiencia del trabajo. Enlil fomenta una horizontalidad al enfatizar la interdependencia por encima de la jerarquía, y devuelve al trabajo su sentido al hacer visible el «para qué» de cada acción. Esta claridad, a su vez, nutre una mayor responsabilidad y autonomía, ya que, al comprender su rol dentro del sistema, cada persona actúa con mayor criterio propio. Finalmente, este aporte significativo y reconocido fortalece la confianza y la seguridad, cultivando la fe en las propias capacidades y la certidumbre de ser un eslabón valioso y confiable para los demás.
La clave para que Enlil sea realmente útil: realizar reuniones de proyecto en el que los objetivos se decidan entre todos y las tareas se especifiquen con claridad y con una definición de su utilidad y sentido final. Reuniones que Enlil facilita además permitiendo comparar calendarios de equipos y personas para no saturar a nadie y repartir las cargas lo más equilibradamente posible.
Es una herramienta sencilla, que se usa desde el móvil y que al final del día te despide con un informe que vuelve a destacar el hacer colectivo. El mensaje subliminal es poderoso: «Hiciste parte. Tu parte fue necesaria para los demás».
¿Qué se oculta tras la obsesión por las tareas? (la trampa adleriana)
Desde la óptica de Adler, la obsesión por acumular y completar tareas en herramientas tradicionales puede ser una compensación insana frente a un sentimiento de inferioridad. La necesidad de validación se satisface a través de la métrica pura: «soy el que más tickets cierra», «el que responde más rápido», buscando una superioridad ficticia que reporte admiración.
Es un enganche peligroso. Cuando la valía personal se equipara a la productividad medible, el precio es el desgaste, el agotamiento y, si se deja pasar mayores, en una crisis física y mental, la de los famosos quemados. En este viaje, el sentido comunitario y el significado del trabajo desaparecen. Solo queda una persona enfrentada a un muro digital, luchando por un reconocimiento que nunca llena del todo el vacío de contribución real.
La satisfacción de aportar: el éxito colectivo como meta
Enlil, en cambio, se alinea con la compensación socialmente útil que proponía Adler. Redirige el foco del éxito individual («mi lista limpia») al éxito colectivo («nuestro objetivo común»). La satisfacción no viene de superar a un compañero, sino de saber que tu pequeño aporte hoy es un escalón necesario para el éxito de todos mañana.
No es una herramienta para gestionar tareas. Es una herramienta para cultivar comunidad, para hacer tangible el Gemeinschaftsgefühl en el día a día del trabajo. Al final, nos recuerda que la mejor herramienta es aquella que, además de ayudarnos a hacer el trabajo, nos ayuda a recordar para qué y con quién hacemos ese trabajo.