La recentralización de Internet y la cultura creada por las redes sociales han destruido la confianza interpersonal y el tejido comunitario, generando aislamiento y desesperanza, especialmente entre los más jóvenes. La tecnología ha dejado de ser el campo de batalla; la solución pasa por reconstruir la comunidad en el mundo físico mediante la recuperación de espacios compartidos, el trabajo colectivo y manual, y el contacto directo con la tierra. Y luego... crear tecnología a medida de las necesidades de la comunidad rejuvenecida.