Las redes sociales no solo cambiaron cómo nos comunicamos: reconfiguraron la arquitectura de Internet, concentrando poder, datos y capital en manos de la Big Tech. Explicamos por qué desde el maximalismo hemos criticado siempre ese modelo, qué alternativas existen para una Internet distribuida y cómo herramientas como Nammu permiten recuperar soberanía digital sin depender de las plataformas centralizadas pero sin abandonar tampoco a los adictos al algoritmo y el «timeline».