«Los salarios y el coste de la vida no encajan y continuarán sin hacerlo. Por más que haya países que puedan afrontar mejor este cambio de época, la tendencia es común y todas las señales anuncian que en el futuro próximo ese desencaje se hará más evidente.
Hay unas cuantas ideas que forman parte de las verdades de uso cotidiano que están siendo negadas. Una de ellas es la correspondencia entre la macro y la microeconomía: un contexto de crecimiento de los grandes números es bueno para el país, ya que, tarde o temprano, ese bienestar por arriba acaba derramándose hacia abajo. En la España de los últimos años, ese desacople ha sido muy expreso, ya que la macro ha funcionado bien y la micro, bastante peor».
«Habrá menos empleo (en especial en los sectores que requieren formación universitaria), muchos trabajos estarán peor pagados y otros desaparecerán. Se volverá a separar el crecimiento macro del nivel de vida de los ciudadanos. Y esta vez, si se hace caso a los pronósticos sobre los efectos de la IA y de la robótica, de forma radical.
En cualquier caso, y sin necesidad de alcanzar los extremos que afirman las empresas especializadas en IA, la llegada del capitalismo tecnológico supone afianzar esa tendencia estructural que aumenta la distancia entre los trabajos que permiten sostener, incluso holgadamente, el coste de la vida y los que apenas sirven para llegar a fin de mes»
«Hoy tenemos televisiones o ropa más barata, pero la vivienda más cara. En ese contexto aparecen incentivos perversos: cuando el mercado de viviendas es escaso, el aumento de salarios supone más recursos disponibles para los compradores o los arrendatarios, lo que en una época de demanda al alza significa que pueden pagar más. Es decir, anima a subir los precios de la vivienda, de modo que el incremento de salarios siempre va por detrás del incremento de precios».