La articulación de un sentimiento social generalizado de desorientación y pérdida de una realidad compartida señala una profunda corriente cultural emergente de malestar en la civilización, conectando la guerra, la crisis de salud mental y la devaluación de la verdad. Este «colapso del sentido» puede hacer que las poblaciones sean más vulnerables a movimientos que ofrezcan certezas y un propósito renovado, aunque sea a través de medios disruptivos o autoritarios.