Los trabajadores perciben una proporción cada vez menor de los ingresos de la economía. Su participación —denominada por los economistas como «la contribución del trabajo»— lleva décadas disminuyendo, y la situación está empeorando. En los últimos años, ha descendido vertiginosamente y actualmente se encuentra en su nivel más bajo registrado: alrededor del 53 % de los ingresos, frente al 65 % que representaba tras la Segunda Guerra Mundial.