Por qué las élites del pensamiento español son tan sumisas
España es un país colonizado intelectualmente que ha aceptado su posición y, a partir de ahí, no caben lamentos. Lo que resulta necesario es pensar de otra manera.
A España le ocurre lo mismo que a Europa. Las colonias han sido lugares de pensamiento fructífero una vez que asumían su condición y, por lo tanto, trataban de liberarse de ella. Mientras simplemente ejercían de correa de transmisión de su propia sumisión, recibían el pago que les era merecido, ser ignorados. Asia es un entorno pujante, no solamente por su crecimiento económico, sino porque asumió hace tiempo que tenía un lugar propio. Europa y España pensaron que estaban en la cúspide mientras el mundo socavaba insistentemente su posición.
Los entornos colonizados producen conceptos y visiones importantes no cuando impugnan al colonizador, sino a la colonización en sí misma, un mal que afecta a los dos polos de la relación. España, como Europa, es una parte esencial de la civilización occidental; no podemos escapar de nuestro pasado. Ser capaces de ejercer la crítica sobre nosotros y sobre nuestros males es también parte de la tradición occidental. Es evidente que el momento de debilidad en el que estamos inmersos es producto de errores propios. De modo que, más que demandar atención, convendría ponerse manos a la obra. Hay un mundo nuevo ahí fuera que no va a esperar y que cada vez nos tiene menos en cuenta. No bastará con hacer lo de siempre y copiar lo que venga de fuera. Porque esta vez, lo de fuera no es bueno para nosotros.