el complejo se encuentra justo encima de cables de comunicaciones y fibra óptica de alta sensibilidad. Estos cables conectan los centros financieros de la City de Londres y Canary Wharf, que juntos forman el segundo centro financiero más grande del mundo.
Para quienes se oponen al proyecto, esto da a Pekín acceso directo a uno de los pilares de la economía global. Los métodos empleados para lograrlo incluyen el desvío físico de cables o la instalación de dispositivos de escucha.
Esta preocupación se ve alimentada por los planes presentados por las autoridades chinas, que incluyen la construcción de varias salas subterráneas. Una red de 208 salas podría facilitar el acceso a los cables, pero también permitir la instalación de equipos de vigilancia clandestinos.