Las herencias cuentan en qué mundo estamos
La transferencia de patrimonio ya no espera al fallecimiento, sino que se convierte en un soporte económico continuo y planificado para hijos y nietos, motivado por la percepción de inestabilidad y el alto coste de la vida. Esta «herencia en vida» no solo altera las dinámicas familiares, invirtiendo el poder de negociación hacia los descendientes, sino que también señala una desconfianza estructural en los sistemas de pensiones y en la capacidad del mercado para proveer seguridad a largo plazo. Las implicaciones de segundo orden incluyen un ensanchamiento de la brecha de oportunidades entre quienes reciben este apoyo y quienes no.
«Según una encuesta del Insee (Institut national de la statistique et des études économiques), citada por el estudio, de las familias que han ayudado a sus hijos cuando estos se fueron de casa, cuatro de cada diez prestaron apoyo cuando eran estudiantes, y siete de cada diez cuando ya estaban instalados y contaban con empleo estable. El 53 % les ha dado dinero con ocasión de una compra (como el coche o la vivienda) o de un acontecimiento (cumpleaños, matrimonio, fiesta de Navidad, nacimiento...): y el 23 % les gira cantidades mensuales. Cuando los hijos crecen, ayudan a los nietos (pagando la ropa, los gastos de guardería, las actividades deportivas, las vacaciones, etc.). Esto ocurre en familias de todos los niveles patrimoniales.»