El cambio del modelo de vivienda y la desigualdad en España
El declive de la propiedad inmobiliaria como eje del patrimonio familiar es uno de los rasgos más destacados de los últimos veinte años. El porcentaje de hogares con vivienda en propiedad alcanzó su máximo en torno a 2011, con un 82,6%, y desde entonces ha descendido de forma sostenida hasta el 70,6% de 2024, más de diez puntos porcentuales menos. Cada vez más familias españolas quedan al margen del principal vehículo de acumulación patrimonial. Este retroceso es especialmente pronunciado entre los hogares jóvenes y los de rentas medias-bajas, que se enfrentan a precios de compra y condiciones de financiación mucho más exigentes que las generaciones precedentes. El alquiler, lejos de ser una etapa transitoria, se ha convertido para muchos en una situación permanente con efectos duraderos sobre su capacidad de acumular patrimonio.
Este cambio estructural tiene implicaciones directas sobre la desigualdad. La vivienda en propiedad ha sido históricamente el gran igualador patrimonial en España, un activo al que accedían familias de todos los niveles de renta. A medida que la tasa de propiedad retrocede, otros activos como los financieros ganan protagonismo en la composición del patrimonio. Y estos se distribuyen de forma mucho más desigual. La acumulación de activos financieros requiere, además, un nivel de ahorro inicial y de conocimiento financiero que no está al alcance de todos los hogares por igual. El resultado es un modelo de acumulación patrimonial que tiende a reforzar las posiciones de partida en lugar de corregirlas.