El discurso liberal sobre lo rural (el famoso «aferramiento amargo» con el que Obama acusaba a la población rural de ser más pobre por no migrar o el «desagradecimiento» que Krugman veía en un mundo rural que no agradecía con votos a Kamala Harris recibir subvenciones que palian minimamente, sin arreglar, la pobreza causada por la desindustrialización) ha generado un resentimiento que va más allá del enfado por las políticas globalistas que ayudaron a desindustrializar y empobrecer el rural norteamericano.
Años de supuestos expertos repitiendo condescendientemente el mantra de los malos economistas, por otro lado, llevaron a una relativización de la verdad que unida al resentimiento ha creado una realidad paralela a partir de unas bases materiales desesperantes.
Al final, en el origen del trumpismo está el cinismo, el ombliguismo y la soberbia de los propios demócratas y de las capas universitarias urbanas que los sostienen. Es su monstruo, pero lo sufrirán todos.