««Algo ha salido completamente mal», declaró [el director ejecutivo de Palantir, Alex Karp] en CNBC, en una aparición tan vívida y frenética que en internet se la describió como un «colapso». Se refería a toda la estructura de la industria de la IA, construida sobre una propuesta de valor que, a su juicio, parecía un callejón sin salida. Los grandes laboratorios, como Anthropic y OpenAI, habían estado sobrevalorando sus propios modelos de código cerrado, argumentó, acaparando su valor en lugar de empoderar a sus clientes y socios con ellos. Más aún, parecía decir que los laboratorios estaban explotando a esos clientes y socios —empresas privadas, particulares, pero también fuerzas armadas y agencias de inteligencia— al utilizar su investigación y propiedad intelectual. Las alternativas de código abierto o de libre acceso, que permiten una personalización y un control internos considerablemente mayores, eran obviamente preferibles, sugirió, para casi todos los usuarios. «Se acabó el juego», anunció.
[Karp] es, quizás, el portavoz más visible del sector de la tecnología de defensa, cada vez más importante, de Silicon Valley; Anduril, el fabricante de drones de Palmer Luckey, es otro de sus pilares fundamentales. En los últimos años, un nuevo Silicon Valley ha tomado forma en torno a la tecnología de defensa, la robótica y la inteligencia artificial, con los líderes de cada sector hablando casi al unísono para describir la urgencia de un renacimiento industrial estadounidense y presentar la competencia tecnológica con China en términos de una nueva Guerra Fría. Desde esta perspectiva, que ha sido mayoritariamente adoptada por la administración Trump, nada debe interponerse en el camino del progreso tecnológico, y el avance de dicho progreso podría medirse, de forma aproximada, en términos de inversión de capital».