En un estudio de la Universidad de Wharton con casi 1.400 participantes, el 78% siguieron las recomendaciones erróneas de la IA sin cuestionarse su veracidad y sin establecer ningún tipo de comprobación. Sólo un 12% detectó y corrigió los errores.
Bajo el «hazlo para que tu abuela pueda usarlo» de las start-ups y los encargos empresariales había algo más que una concepción muy errada de las abuelas. Estaba la ambición de ampliar el mercado vendiendo poder -de comunicación, de trabajo- sin exigir el esfuerzo de aprendizaje, contextualización y mantenimiento que iba asociada a cualquier herramienta del mundo industrial (desde un torno o un soplete a un programa de contabilidad). El resultado fue que la «alfabetización digital» educó consumidores obedientes en vez de trabajadores críticos y conscientes de su herramienta. Ahora les das una IA y se colocan en el papel que les enseñaron. No es la «magia de la IA» es una cultura de la pasividad fomentada al extremo por una estrategia empresarial.