Grecia marca el camino que se pretende para la UE y que está implícito en todo el discurso del «rearme» militar: La devaluación del trabajo en su expresión brutal. Aumentan la jornada diaria a 13 horas después de bajar salarios y reducir al colapso los servicios básicos. La competencia por los capitales (alemanes, británicos, etc.) todo lo justifica.
Ya es hora de que alguien diga que un país y una economía próspera no es la más atractiva para la inversión externa, sino la que mejor valora el trabajo.