La pérdida de fe en la capacidad de las instituciones clave, como la Reserva Federal, para gestionar el valor del dinero está forzando a los inversores a buscar refugio en activos tangibles (oro, inmobiliario), reconfigurando la lógica del mercado desde la búsqueda de rendimiento hacia la huida del sistema fiduciario.
«En este mundo, los mercados ya no confían en la política; la política ahora depende de los mercados. Esa es la esencia del comercio de la devaluación. No es especulación; es un voto colectivo de desconfianza en el propio sistema».