«Comenzamos con la evidente realidad de que algunos sectores de la economía moderna ya no generan beneficios públicos. Mencioné los monopolios tecnológicos que ahora dominan las comunicaciones y la información. Dependen de nuestros datos, nuestro trabajo, nuestra creatividad, y aun así operan fuera de cualquier control democrático significativo. Moldean la política, distorsionan los mercados y extraen rentas de la sociedad sin ofrecer un valor proporcional.
El punto de John era que este resultado no es accidental. Se deriva de la forma en que se ha estructurado el capitalismo en el último medio siglo. La sociedad anónima moderna está diseñada para maximizar la rentabilidad de los accionistas. Esta idea fue reforzada por economistas como Milton Friedman y Michael Jensen, quienes insistieron en que los directores no tienen ninguna responsabilidad más allá de las ganancias . Una vez que se acepta esta doctrina, todo lo demás viene después: la reducción de salarios, el recorte de la inversión, la creación de monopolios y la búsqueda incesante de ganancias a corto plazo.
Eso es el capitalismo tal como lo conocemos ahora. Y no funciona.
Pero lo que más me impactó de nuestra conversación fue la rapidez con la que pasamos de la crítica a la alternativa. John nos recordó que las cooperativas y las mutualidades no son una curiosidad marginal. Existen desde hace siglos, y los movimientos cooperativos modernos nacieron aquí en Gran Bretaña. Pensadores como Robert Owen y John Stuart Mill las vieron como formas prácticas de combinar eficiencia y equidad.»