La vida de cualquier comunidad de trabajo es aprendizaje, trabajo, comunidad y tiempos de silencio. El resultado, modulado por las distintas capas añadidas en cada periodo histórico por sus movimientos e ideologías características, es una vida bella. Algo que la visión liberal individualista y consumo-céntrica de lo liberal y mercantil nunca entenderá ni podrá emular. En este caso, si le añadimos el rezo, la regla y el abad o abadesa tenemos la vida monacal benedictina. Y sí, es hermosa.