«Las dos grandes potencias están afianzando sus posiciones e intentando aumentar su área de influencia. No sin contradicciones: China afirma defender el orden internacional basado en el comercio y en las instituciones internacionales, pero dificulta enormemente que perdure, ya que absorbe buena parte de los beneficios que el comercio genera. EEUU quiere un orden internacional basado en otras reglas, las que le son favorables, pero ese deseo no puede llevarse a cabo, ya que no puede confrontar directamente con China, sin restar espacio a sus aliados. 2026 hará más profundos los cambios, pero también las contradicciones en las que se mueven».
«El pasado mes de octubre se reunieron en Miami Beach el inversor Steve Witkoff, actual enviado especial de EEUU para Oriente Medio, Kiril Dmtriev, director del fondo soberano ruso y Jared Kuhshner, inversor y yerno de Trump. Trazaron un plan para los 300.000 millones de dólares en activos del banco central ruso congelados en Europa, que se destinarían a proyectos de inversión ruso-estadounidenses y a una reconstrucción de Ucrania liderada por EEUU. Además, dibujaron acuerdos para que empresas estadounidenses y rusas se unieran para explotar los minerales del Ártico. Incluso hablaron de una reapertura del Nordstream 2, ahora gestionado por ambos países. Todo esto formaba parte de la paz que querían firmar en Ucrania. Donald Tusk sentenció: “Sabemos que no se trata de paz. Se trata de negocios”.
Los negocios son importantes porque permitirían a Washington conseguir recursos que le son precisos para su guerra con China, como las tierras raras, y tener un pie en el Ártico, pero también para ofrecer un camino de salida a Rusia. La relación entre Moscú y Pekín es estrecha en estos instantes, y continuará siéndolo. Pero son dos países que hacen frontera, que poseen intereses distintos y entre los que existe una asimetría de poder, dado la economía, la población y el tamaño de China. Como aseguraba Marco Rubio, “en cinco o diez años, existirá una situación en la que, independientemente de que Rusia quiera mejorar sus relaciones con Estados Unidos, no le será posible, ya que se habrá vuelto por completo dependiente de los chinos”. Mantener las comunicaciones abiertas a través de la explotación de los recursos energéticos podría brindar una puerta de salida a los rusos. En ambos casos, en el de los negocios y en el de la salvaguarda, los europeos son los perjudicados, pero así son las cosas en el nuevo mundo.
Si se consigue pacificar la relación con Rusia, solo quedarían dos potencias díscolas, Irán y Venezuela, con Teherán en una posición débil».