«Cuando el recentramiento en la economía y en las clases trabajadoras penetra en el corazón del progresismo más moderado, parece claro qué lado de la trinchera está ganando la guerra de desgaste. El consenso, fruto de las demandas de este tiempo, pero también de la urgencia de la izquierda por recuperarse, está asomando en el progresismo estadounidense. Y una vez que se asienta allí, termina difundiéndose por todo el espectro occidental».