Un nuevo estudio de FEDEA confirma que:
«Tras la reforma, los nuevos contratos indefinidos ordinarios pasaron a durar menos. En promedio, la duración de estos contratos se redujo en torno a 100 días, con una caída más pronunciada en las provincias que antes presentaban mayor temporalidad. Este resultado sugiere que parte de los empleos que anteriormente se habrían formalizado mediante contratos temporales pasaron a canalizarse a través de contratos indefinidos, pero sin que desapareciera por completo la rotación subyacente. La reforma modificó de forma clara la forma contractual de entrada al empleo, pero solo parcialmente la estabilidad efectiva de esas relaciones laborales».