La inseguridad económica y el modo de vida descomunitarizado crean la demanda de adivinadores, lectores de tarot y demás supersticiones importadas. Las superstiones locales son para los campesinos, cosas de pobres, pero las de importación son bienes de lujo.
«En las ciudades más grandes de China, muchos de los lugares de vida nocturna más de moda no son conocidos por sus cócteles artesanales o sus vistas impresionantes, sino por una característica inusual: los adivinadores».