«Para la CGT, en estas empresas adquiridas por las cooperativas, a menudo es la cooperativa, que ha permitido salvar los puestos de trabajo, la que hay que defender. El no reconocimiento de las divisiones que atraviesan a la gente asalariada dificulta la subjetivación política del asalariado subalterno y puede generar desvinculaciones militantes. De hecho, esto devalúa ciertas prácticas sindicales que antes se valoraban en la empresa, como la confrontación con el jefe o la dirección, que proporcionaban reconocimiento social a los trabajadores y trabajadoras. Las reivindicaciones materiales también se devalúan en este contexto y se oponen diferentes relaciones salariales en función del lugar que se ocupa en el proceso de producción. La reivindicación de un aumento salarial, importante para las y los trabajadores subordinados, lo es menos para las y los cuadros y dirigentes sindicales, que dan prioridad a la defensa de la cooperativa»