El estudio midió variables que incluían el apoyo a elecciones libres y competitivas para líderes nacionales, así como el respeto y la protección de los derechos individuales, junto con la importancia de la responsabilidad cívica.
La investigación indicó que la cohorte seleccionada mostró valores posmaterialistas más fuertes, definidos como un mayor énfasis en la autonomía, la autoestima y la autoexpresión, un desarrollo que se predijo en Occidente.
Según las teorías de la ciencia política occidental, ese cambio de valores debería haber conducido a un mayor apoyo a los principios democráticos y liberales. Sin embargo, los autores señalaron que este no era el caso de los chinos que ellos llamaban “la generación posterior al despegue”, cuyo respaldo a la democracia era marcadamente inferior al de la generación anterior al despegue.
El hallazgo “parece desafiar cualquier esperanza entre los líderes políticos y los observadores de China, particularmente en Occidente, de que el continuo desarrollo económico en China conducirá a un mayor apoyo a la liberalización política entre su población”, agregaron.