«Los últimos años han demostrado cómo los fuertes incentivos económicos impulsan a las empresas comerciales a intentar monopolizar los recursos compartidos del espacio. Las empresas privadas tienen libertad para lanzar miles de satélites a la órbita baja terrestre (LEO) sin la coordinación adecuada ni las garantías de sostenibilidad necesarias. Asistimos a una concentración de poder en el espacio que, con el tiempo, impedirá que otros accedan a franjas orbitales y frecuencias del espectro vitales. Estas son importantes para todo, desde la monitorización meteorológica hasta las operaciones militares. »