Existen datos sólidos que vinculan la religión con una mayor salud y bienestar. Sin embargo, este vínculo no es tan fuerte para quienes simplemente se identifican como creyentes. Solo cuando las personas practican su fe —asistiendo a servicios religiosos semanales, orando o meditando en casa— los beneficios de la religión se hacen más evidentes : cuanto más practican la religión, más felices y saludables tienden a ser.
En lo que respecta a la moralidad, la situación es similar. Quienes simplemente se identifican como religiosos cometen la misma cantidad de errores morales a diario que sus pares no creyentes. Sin embargo, algunas investigaciones han comenzado a identificar elementos de la práctica religiosa, como partes de rituales y ejercicios contemplativos, como factores que influyen en el comportamiento moral.