«La diferencia con Trump es que siempre nos hemos encubierto con grandes principios universales: derechos humanos, intervención humanitaria, legítima defensa, democracia. Él no se molesta en ese tipo de circunloquios. Ni siquiera se molesta en pasar por el Consejo de Seguridad».
«Trump no condujo las relaciones internacionales a la era de la posverdad, sino a la era de la cruda verdad. Nos vemos obligados a admitir que la amistad entre países no existe, que las alianzas tienen sus límites, que prevalecen los intereses individuales y que rige la ley del más fuerte. Preferíamos contarnos historias; era más agradable».